Tommy Ingberg
Sí, porque en sus reportes anuales (índice de la libertad de prensa) pasa casi inavertido Estados Unidos mientras se destaca en negrillas todo lo malo que hace Cuba (siempre Cuba, como una obsesión).
Y, sin embargo, en Estados Unidos, señores de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), por si no lo saben, el gobierno censura y espía a la prensa, según informes del Comité para la Protección de los Periodistas.
Es más: en el país donde supuestamente existen “plenas libertades”, el nefasto gobierno del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, persigue a todos los funcionarios del régimen que dan informaciones a la prensa.
¿Por qué, entonces, en el reporte anual de la RSF se pone énfasis en Cuba y en decenas de países pequeños (como Ecuador, donde ahora se encuentra su representante mundial)en los cuales denuncia que se censura, se enjuicia, se amenaza, se encarcela y se asesina a periodistas, pero no se dice nada o casi nada de lo que pasa en Estados Unidos?
Este factor, sin duda, echa sombras sobre la objetividad y el equilibrio de RSF para juzgar lo que sucede con la siempre tensa y difícil relación prensa-poder político.
Si su polémico informe se basa en las respuestas obtenidas en una encuesta enviada a periodistas y especialistas de todo el planeta, ¿no es de sentido común que quienes se sienten perseguidos o a quienes les interesa victimizarse digan que los persiguen y que son víctimas?
En la encuesta se pregunta sobre ataques directos a periodistas y medios de comunicación, así como otras fuentes indirectas de presión contra “la prensa independiente”.
¿Qué es “prensa independiente” para la RSF? ¿La que está contra el gobierno? ¿Por qué es independiente? ¿No depende de ningún poder oscuro, de algún financiamiento chantajista o de algún grupo con enormes intereses económicos? ¿Cree la RSF, realmente, que es posible la existencia de una prensa independiente? ¿Y objetiva? ¿Y veraz? ¿E imparcial?
¿Y tendrá algo que ver su informe con sus fuentes de financiamiento? Según Wikipedia, que cita las propias cuentas hechas públicas por RSF en 2005, la organización se financió en un 54% mediante recursos propios, producto de la venta de álbumes fotográficos y de tres calendarios de fin de año.
“El mecenazgo (aportaciones externas públicas y privadas) constituye, según esos datos, el 27%, gracias a Sanofi Aventis, y también a la FNAC, la CFAO, Ouest-France o Baume & Mercier. También recibe subvenciones puntuales de la Unesco y de instituciones francesas e internacionales. La financiación pública fue del 10% en el presupuesto global del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, así como de la Organización Internacional de la Francofonía”. ¿Será por eso que Francia es poco o casi nada cuestionada?
“Según RSF, las subvenciones de fundaciones privadas, al menos tres de ellas financiadas por el gobierno de Estados Unidos, aumentaron ligeramente a causa del proyecto “África” y del reembolso efectuado por el Center for a Free Cuba para la reedición de la revista De Cuba, prohibida en este país”.
Algunas fuentes –continúa el documento- consideran estas cifras poco creíbles y dicen que la financiación real no corresponde con la publicada por la organización RSF, que ha sido también acusada de recibir financiación del Instituto Republicano Internacional, el brazo del Partido Republicano de EE.UU. (extrema derecha) especializado en la injerencia en elecciones de diferentes países.
Sus críticos resaltan que el Center for a Free Cuba, una de las fuentes de financiación de RSF, es una organización también de extrema derecha cuyo objetivo es derrocar al gobierno cubano.
RSF manifiesta que el dinero del Center for a Free Cuba “se utiliza para apoyar a las familias de los periodistas encarcelados en la isla, y para llevar a cabo proyectos destinados a conseguir su libertad lo antes posible”.
Con cuestionamientos como esos, RSF tiene, al menos, una frontera: la de casi no meterse con los Estados Unidos, pero sí con Ecuador, por ejemplo, a donde su representante internacional, Benoît Hervieu, quien ha venido invitado por la Universidad San Francisco de Quito (derecha), llega para decirnos con lo que la RSF no está de acuerdo y con lo que sí está de acuerdo.
Señala, por ejemplo (y para el goce de la prensa privada), que no comparte los enlaces sabatinos del Presidente y que duda de la figura del linchamiento mediático, cuando a pesar de que la ley está en vigencia, los medios persisten en sus campañas seudoinformativas contra instituciones y funcionarios del Estado.
Por eso, ¿cómo damos fe de su palabra con estas contradicciones acerca de las denuncias sobre su financiamiento y con su actitud claramente anticubana y pronorteamericana?
Antes de preocuparse demasiado de la aplicación de la Ley de Comunicación en el Ecuador, que ya cumplió cuatro meses y medio de vigencia sin un periodista encarcelado, sin un medio cerrado por cuestiones ideológicas (los cerrados son radios cuyas frecuencias tenían origen ilegal y la revista Vanguardia, autoclausurada por su dueño) y sin argumentos de la prensa privada para tratar inútilmente de echarla abajo, RSF debiera ampliar, justamente, sus fronteras en el Ecuador.
Averiguar, por ejemplo, qué pasa con los despidos en los medios, qué pasa con los temas vetados en la propia sala de redacción, qué pasa con la censura interna a ciertos temas y a ciertos periodistas, qué pasa cuando los dueños de los medios se ponen de acuerdo para no contratar a reporteros que salen de una de esas empresas, qué pasa con los precarios sueldos, con las magras utilidades…
Y atreverse con los poderosos, con los más poderosos. En el caso de EE.UU., por ejemplo, decirles que ellos que se jactan de ser la sociedad de las libertades, son un pésimo ejemplo para los gobiernos del tercer mundo, estos sí colocados por la RSF en los peores lugares del índice planetario de la libertad de prensa.
Suzzanne Nossel, directora de Pen American Center, advierte que “Estados Unidos no es cualquier país. Ella sostiene que al permitir EE.UU. que la campaña contra la filtraciones pisotee la libertad de expresión, Obama ha puesto en riesgo un eje significativo de su necesario legado en política exterior y en derechos humanos”.
No nos oponemos a que los gobiernos, los medios y los periodistas necesitemos observación y juzgamiento, pero por parte de instituciones u organizaciones realmente libres y democráticas, sin ataduras de ninguna clase. Sin fronteras de ninguna clase.
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Imagen de Tommy Ingbert, Waiting