Shichigoro
La inquietante pregunta surgió la semana pasada de uno de los jurados del concurso Miss Universo, en Rusia, y fue hecha, justamente, a la representante ecuatoriana, Constanza Báez, que en este momento es uno de nuestros mayores orgullos: su dignidad, su belleza y su carisma hicieron que llegara al puesto más alto de ese certamen en la historia del país.
Pero no quiero hablar de Constanza, a quien, como todo ecuatoriano, admiro y aplaudo. Quiero hablar de esa pregunta que, siendo inquietante, sorprende por su inteligencia y sagacidad y, al final, nos lleva a otras mucho más complejas.
¿Qué sería del mundo sin internet? Cuando planteamos el tema en Twitter, el colega Nivaldo Julio Machín (@Xanuco), respondió con profundidad y sencillez:
“Creo que podemos recordarlo: menos acelerado, más cauto, con la necesidad de mirar a la cara”.
Destaco, primero, la última parte: “con la necesidad de mirar a la cara”. Mirar a la cara desde la necesidad de conocernos y reconocernos, de hablarnos sincera y frontalmente, de compartir escenarios físicos, de recuperar la capacidad de decirnos cosas, de opinar, de comentar, de sincerarnos, de construir espacios para una vida en común más sencilla, más humana.
El internet quizás ha logrado que el mundo esté más y mejor informado (en algunos casos, según dicen algunos teóricos, “infoxicado”), gracias no solamente a los esfuerzos que hacen los medios de comunicación en sus nuevos espacios digitales, sino a lo que los ciudadanos ya pueden compartir, interactuar y participar desde la llamada “opción 2.0”.
Así lo explica el blog http://www.ciudadano2cero.com en una entrevista con el conocido bloguero José María Jiménez Show.
Aparte de ser el autor de su blog personal, Más allá de la web 2.0, entre otras cosas, es el cofundador de la plataforma de colaboración y marketplace de servicios 2.0, diez-euros.com y Director de Contenidos de los blogs de Bloguismo y Cursobloggers.
Dice Jiménez:
“El principal objetivo del blog es facilitar la transición del 1.0 al 2.0, porque creo que todos podemos hacerlo, aunque los perfiles menos tecnológicos necesiten que se les explique cómo hacerlo. Creo que lo voy consiguiendo por los comentarios positivos que recibo de personas que acaban de conocerlo o lo siguen desde hace tiempo.
De forma implícita he buscado que el blog fuera una herramienta que me diera visibilidad y me permitiera participar como ponente en eventos, ya que hablar en público es una actividad que me entusiasma”.
José María dice que su blog personal no es un fin en sí mismo, sino un medio en sí mismo para vender sus servicios, que le sirve para la promoción de su marca personal y facilita lanzar nuevos proyectos como diez-euros.com
“Para mí, el blog no es un fin en sí mismo sino un medio, por lo que me es indiferente si el blog me hace ganar dinero directamente. Es un medio para vender mis servicios o me sirve para la promoción de mi marca personal, permitiéndome acceder a nuevas oportunidades profesionales”.
“Sólo por divertirme no haría un blog, ni tampoco sólo buscando el lucro. Me gusta ser editor y ofrecer a mis lectores un contenido cada vez mejor, por eso prefiero apoyarme en colaboradores para no publicar sólo contenido propio. Creo que los mejores artículos son los que han escrito otros”.
Eso quiere decir que internet multiplicó a la enésima potencia la posibilidad de que los periodistas, los ciudadanos, los burócratas, los estudiantes, los empleados públicos y privados ya no solamente reciban información, sino que también contribuyan a buscarla, a difundirla, a ponerla en escena para que los hechos que cuentan no solamente se conozcan sino se debatan, se profundicen, sirvan como herramienta de reflexión.
En ese sentido, la posición de Nivaldo Machín podría verse como romántica, pero no es así: si bien no podemos vernos a los ojos, no podemos crear escenarios físicos donde conversar e interactuar, aquella “necesidad de mirar a la cara” podría ser la metáfora de la necesidad de intercambiar directamente contenidos, criticarnos, refutarnos, decirnos lo que creemos que no está bien o llamar la atención sobre lo que creemos que es erróneo.
Nivaldo habla, también, de un mundo “menos acelerado”. Un reciente trabajo de la agencia de noticias Europa Press demuestra que, efectivamente, hoy el mundo es más veloz, más complejo, más inundado de conocimiento, aunque eso no quiera decir, necesariamente, que mientras más conocimiento circule, mejor informados estemos los seres humanos.
Según http://es.noticias.yahoo.com un estudio realizado por alumnos del Máster Universitario en Comunicaciones de la Universidad Pública de Navarra pone de manifiesto que el número de referencias en los artículos científicos crece sin cesar y, especialmente, desde el acceso generalizado a Internet a partir del año 2000.
El trabajo ha tomado como base 70.000 artículos de ocho revistas de ingeniería publicados entre 1972 y 2013.
Las conclusiones muestran que el número medio de referencias por artículo ha pasado de 8 en 1972 a 16 en 2000 y 25 en la actualidad. Asimismo, casi un 20% de los trabajos actuales incluye más de 40 referencias.
Las referencias o citas en artículos de investigación (pequeñas anotaciones que enlazan con trabajos previos) son valoradas como el principal indicador de calidad en ciencia. Cuantas más veces es citado un artículo en trabajos posteriores, más se valora.
La propia estructura del artículo científico hace que las citas jueguen un papel importante, ya que los artículos tienen una extensión limitada y en ella se ciñen a concretar lo más relevante de la investigación, la metodología seguida y las conclusiones obtenidas.
Según explica Iñaki Úcar, coautor del trabajo, “las referencias han adquirido tal relevancia dentro de los textos científicos que puede ser que su uso se haya visto pervertido con el tiempo”.
Con esa premisa, los alumnos iniciaron el trabajo de investigación tomando como base los 70.000 artículos indexados en la base de datos Inspec, correspondientes a las ocho de las revistas científicas más relevantes en el campo de la ingeniería.
Analizaron los publicados en los últimos 40 años y verificaron un repunte a partir del año 2000, que coincide con la transición a bases de datos científicas digitales y con el acceso inmediato al conocimiento que proporciona Internet.
“Internet permite a los científicos no sólo rastrear más fácilmente los últimos avances en el tema investigado sino también distribuir sus contribuciones en todo el mundo. Un artículo científico, hoy en día, tiene más probabilidades de incluir más referencias que los de años atrás”, indica el estudio.
“La característica acumulativa del conocimiento científico genera un volumen de información creciente y, por ello, mayor número de textos citables”.
“Por poner un ejemplo extremo -explica Iñaki Úcar-, no podemos seguir citando a Aristóteles en un trabajo de física de partículas del siglo XXI. Las referencias deberían citar el contexto más actual, menos establecido, que a su vez estará asentado sobre otro anterior a través de más referencias, y así sucesivamente”.
Según el trabajo de investigación, “aunque otros estudios anteriores predecían una eventual ralentización en la tendencia creciente, todavía no hay signos de la llamada fase de saturación”.
“Al contrario, se evidencia una aceleración en el aumento de citas a partir del 2000, con una media de 25 referencias por artículo. Entre todos los factores, Internet y el potencial acceso a la información que ofrece parece ser la causa más probable de dicho aumento”.
El otro aspecto citado por Nivaldo es mucho más difícil de explicar sin caer en la subjetividad: ¿un mundo “más cauto”?
“Cauto” quiere decir, según los diccionarios, “que obra con cautela, precavido: sé cauto, no te dejes engañar. “Cauto” aparece también en las siguientes entradas: mirado o recatado”. http://www.wordreference.com
El de antes, el del siglo XX –por citar una época- ¿era un mundo más cauto, precavido, recatado?
Unos dicen que el siglo XX, es decir, antes de que entrara en boga en internet, fue el más sangriento de la historia. Hubo dos guerras mundiales, el bombardeo a Hiroshima, invasiones de unos países a otros, la guerra de Corea, la guerra de Vietnam, donde murieron más de un millón de vietnamitas y 150 mil soldados estadounidenses. Incluso Ecuador y Perú se enfrentaron tres veces.
¿Hoy somos menos cautos, precavidos y recatados? ¿Más imprudentes? ¿Más violentos? No lo sé.
Y de regreso a la pregunta ¿qué sería del mundo sin internet?, que lo muestren las páginas web, los blogs, Twitter, Facebook y muchas otras herramientas de las redes sociales.
Lo que sabemos es que, gracias al internet, el ciudadano es menos pasivo, demanda más espacios en el amplio mundo digital, crea sus propios medios, tiene enorme y rápida capacidad de convocatoria social (la llamada “primavera árabe”), por ejemplo y expresa sus rebeldías ya no para un pequeño grupo, sino para decenas de miles o millones, según el alcance que tengan sus herramientas o según el medio de comunicación donde se exprese.
La pregunta acerca de qué sería el mundo sin internet nos lleva, irremediablemente, a otras, mucho más complejas: “¿Qué sería de la democracia sin internet?, ¿qué sería de las luchas por la liberación de los pueblos?, ¿qué sería de la libertad de expresión?”.
Pero hay visiones mucho más sencillas que estas. Por ejemplo, la periodista Catalina Pazmiño dice que, simplemente, sería un mundo incomunicado.
Cita su propio ejemplo: su esposo se encuentra estos días fuera del país y para Catalina internet es vital porque esta noche se comunicará con él vía Skapy.
Hasta la manera de existir se ha transformado, afirma Catalina.
“Por ejemplo, puedes mirar películas cuando lo desees, puedes disfrutar de la música que te gusta con solo entrar a YouTube, puedes jugar ajedrez en línea con alguien que está a miles de kilómetros. Pero hay algo sorprendente: hasta puedes crear tu propio mundo virtual como el Second Life, donde tú mismo puedes recrearte, reconstruirte, existir en otro parte del mundo con una personalidad paralela, un ser humano totalmente distinto a tí, una vida totalmente distinta a la real y hasta controlar el mundo sin que nadie sepa dónde estás, cómo eres ni quién eres, como Dios”.
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Ilustración de Shichigoro

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