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¿Sabía usted que no tiene cuenta de Twitter el actor estadounidense George Clooney, aquel dandy que hace películas frívolas y con ese dinero produce implacables películas críticas contra el poder político?

Según recientes declaraciones a la edición de la revista norteamericana Esquire, que se publicarán este diciembre, Clooney, que por su militancia política demócrata tendría que ser menos frívolo en su vida particular, asegura que no quiere usar Twitter por miedo a escribir cuando está borracho.

Veamos cómo lo explica a Esquire:

Si eres famoso, no entiendo por qué un famoso tiene que estar en Twitter. ¿Por qué en la tierra de Dios te gustaría estar en Twitter?, se preguntó el actor que aparecerá en la portada de la edición de la revista.

Primero de todo, lo peor que puedes hacer es convertirte en alguien accesible, porque de esa manera vas a estar disponible para todo el mundo, agrega en sus argumentos contra la red social.

El ejemplo que utiliza Clooney es, según dice, algo que te puede pasar en una noche de borrachera:

Vuelves a casa, tienes dos tragos de más y mientras miras la TV, alguien te defenestra en Twitter o en la pantalla. Tú reaccionas: ‘¡Ehhh! y comienzas una pelea. Pero al levantarte en la mañana, tu carrera está terminada. O eres un tarado o todo lo que podrías pensar en la tranquilidad de una borrachera nocturna explotaron frente todo el mundo antes de que despertaras.

¿Tiene razón Clooney en sus argumentos?

Desde su condición de personaje público no, porque su deber es mantener una conducta prudente, sensata y ejemplar, en especial para quienes lo siguen, lo admiran o lo tienen como un modelo de ser humano.

Tampoco tiene razón cuando dice que “con dos tragos” puedes responder agresivamente a una crítica que te hagan en la televisión o en un mensaje de Twitter.

Las normas básicas del comportamiento de periodistas y personajes públicos, según http://www.fopea.org, un centro de ayuda argentino para quienes ejercen el oficio, dicen que el twittero nunca debe involucrarse en discusiones estériles, responder insultos o agravios, porque pierde su reputación y su imagen positiva.

Y añade que no quien pierde al caer en alguna forma de discriminación y provocación es quien responde a las ofensas.

Las descalificaciones, los mensajes agresivos y el lenguaje soez solo enturbian los debates, advierte http://www.fopea.org

Y pone en guardia, además, que el buen uso de la gramática, la ortografía y el buen manejo del lenguaje también deben aplicarse al escribir para las redes sociales.

¡Es a todo eso, en realidad, a lo que teme Clooney?

¿A no mantener la calma y ser sensato, pese a su fama y a su enorme prestigio como director de emblemáticas cintas políticas que atacan las formas de poder en Washington frente al mundo?

¿O lo dice así para generar un clima de provocación y debate entre quienes usan el Twitter como “arma mortal” contra sus enemigos o como solapado medio de publicidad y propaganda?

Me quedan las dudas.

Como también me quedan las dudas de las declaraciones de otra figura del cine, la hoy cuarentona y ex hermosa mujer Julia Roberts, que habló contra las redes sociales en la revista Marie Claire.

Allí criticó la obsesión que generan en el mundo (y entre sus famosos colegas) el Twitter y el Facebook.

La ex “Pretty Woman” aseguró que nunca se busca en Google (¿en serio, ELLA nunca se ha buscado en Google?)-

Aunque tiene un excelente argumento:

El anonimato hace que la gente se sienta segura de participar en peleas de odio y te diga lo que le da la gana. Y yo tengo mucho capacidad para colapsar fácilmente.

En eso, cualquier persona sensible no puede dejar de darle la razón.

Lo malo es no saber si sus expresiones son sinceras o forma parte, como Clooney, de una actitud provocadora o irónica.

O, también, forman parte de ese grupo de élite mundial que tiene tanta exposición mediática que para que el planeta les tome en cuenta solo necesitan divorciarse, emborracharse, ir a la Policía por exceso de velocidad, arrastrar la bandera de un país hermano para barrer el piso del escenario o fumarse un pito de marihuana mientras les dan un premio.

Puro marketing: mantenerse posicionados en el imaginario social. Ufff.