Danilo Martinis I
Termina el partido amistoso de Ecuador contra Honduras en Estados Unidos y las cuentas de Twitter empiezan con su letanía: ¡Lárgate, Rueda!
Quienes escriben son muchos de los cuales, hace pocas semanas, agradecían y vivaban a Reinaldo Rueda, el DT, por haber sido uno de los artífices de la clasificación de la Tri al mundial Brasil 2014.
Y se me viene la sospecha de que son los mismos que insultaban o degradaban, hasta con gritos racistas, a Christian “El Chucho” Benítez cuando fallaba goles en los partidos de la selección y luego lo lloraron, lo mitificaron, lo divinizaron, algunos rebasando límites patéticos y melodramáticos, luego de su muerte en Qatar. Ver mi post http://wp.me/6j12 (“Y Dios contrató al Chucho…”).
Y se me viene otra sospecha: quizás muchos de ellos fueron quienes tanto criticaron a Edgardo Bauza como director técnico en Liga de Quito, pese a los grandes logros históricos a los que condujo al equipo, y que ahora escriben en pancartas, como si fuera tan fácil pasar del odio al amor, “te extrañaremos, Patón”.
Son tres ejemplos que demuestran que la ingratitud es una característica idiosincrática o sociológica, una ingratitud que revela, además, preocupantes niveles de visceralidad, de inmadurez, de incapacidad para la reflexión y el análisis serenos de los hechos y de la realidad.
Y no estoy hablando solamente de fútbol: estoy hablando de la vida cotidiana.
En el periodismo, por ejemplo, pocas veces, o nunca o casi nunca, escuchamos a un colega (ni siquiera nos escuchamos a nosotros mismos) agradecer a los maestros, jefes, compañeros, colegas de otros medios que nos dieron luces para caminar, personas que nos enseñaron cuál era la ruta para seguir en el oficio.
Y al revés: ¿los empresarios, los dueños, los súper editores, agradecen a sus subalternos por lo que aprenden de ellos, por su trabajo sacrificado, por su empeño en construir un equipo de trabajo, por la pasión y el riesgo, por la lealtad al medio, por las lecciones que los empleados dan a sus superiores, por todo lo bueno que implica tener una competencia de alta calidad?
Nunca.
En la vida, igual. ¿Cuántas veces valoramos a quienes nos aman, a quienes se juegan por nosotros, a quienes nos acompañan en el día a día a pesar de las dificultades externas o las provocadas por nuestros grandes errores?
De agradecer, nada. De condenar, todo.
A Bauza, un grupo emblemático de hinchas (¿hinchas o fanáticos?) lo ha insultado en la mayoría de partidos que ha jugado Liga en este año. Y esos mismos agresivos individuos ahora le dicen que “lo aman y que nunca lo olvidarán”. Un cariño patológico.
Bauza, comprensivo y sereno, respondió a las críticas: “El hincha es pasional, no piensa y actúa de forma irracional”.
¿El director técnico argentino trató de no ahondar el problema o ignora la dimensión de sus conceptos?
Si estamos frente a gente pasional, que no piensa y actúa de forma irracional, estamos hablando de ceguera, de incapacidad de reflexionar, de entender al otro, de inmadurez para comprender que la vida no son solo victorias, placeres, goces o triunfos.
Estamos hablando de un apasionamiento obsesivo que solo se complace en sí mismo, en ver caer al piso y patear y pisotear a la persona que ha cometido un error y a la cual no se le acepta ninguna justificación, por más honesta que esta fuere.
Estamos hablando de mirarnos demasiado nuestro propio ombligo e ignorar a quienes nos hacen bien en lo individual, en lo político, en lo social.
Y eso es grave no solo en un estadio o con un entrenador o con un equipo, sino en cualquier circunstancia porque se vuelve una tara del conjunto de una sociedad que debe, urgentemente, cambiar su chip.
En http://nyelbiran.com Justo Luperón afirma que la ingratitud no tiene memoria.
Y recuerda un episodio legendario: cuando al patriota cubano José Martí sus combatientes le preguntaron: “¿Qué recibiremos a cambio de nuestro sacrificio por la libertad?”, dice el mito que Martí respondió, sin alterarse: “Solo la ingratitud de la gente”.
Solo muchos años después se reconoció, para siempre, a José Martí como un héroe nacional.
Así que tranquilos, Rueda, Patón, Chucho y otros grandes personajes que le dan alegría y esperanza a este país. Los ecuatorianos somos fanáticos pendulares y desmemoriados.
Twitter: @rd_bui
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Ilustración de Danilo Martinis

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