Yuko Shimizu I

En una sala del aeropuerto me encuentro con un colega que aún trabaja, según dice al saludarme, en “un gran periódico”. Pero hay una sonrisa extraña cuando lo dice.
En principio quiero evitarlo. Fuimos compañeros algún tiempo y la última vez que lo vi nos distanciamos porque empecé a hacerle notar los peligrosos rumbos que hacía tiempo tomaron los medios determinando quién gobernaba y quién no, quién los obedecía como “cuarto poder” y quién no.
Ahora, mientras charlamos y pese a su inteligencia, no parece muy consciente de la realidad y del entorno.
Asegura que lo que le dicen donde trabaja es que lo único que les resta a los ecuatorianos “que aún tienen dignidad” es el “periodismo combativo”, es decir el de trinchera, de provocaciones, de oposición.
Aunque sus gestos delatan su falta de fe, expresa que su periódico es el único valiente frente “al clima hostil y asfixiante para la prensa nacional”.
Lo dejo hablar. Pienso: es bueno dejarlo desfogar, dejar que arme una historia que le permita sobrevivir o autoconvencerse de que no hay ninguna crisis en el medio en el que él labora desde hace veinte años, medio que un día fue poderoso porque representaba a la gente común y porque tuvo en su nómina a buenos reporteros y columnistas.
Sin embargo, observo sus ojos y tengo la sensación de que se le humedecen.
Es un momento incómodo. ¿Por qué llevar un simple encuentro fortuito de dos colegas al pantanoso terreno de contarme la real situación que está viviendo?
“Me gusta mucho, es mi vida, amo el periodismo. Es lo único que sé hacer”, expresa con la voz entrecortada. “Pero no nos pagan bien. Muchos colegas, periodistas de calidad, abandonan el barco y los que quedamos ya no sabemos qué hacer”.
No quiero insistir, pero él parece querer decirme algo más. Le pregunto: ¿Y entonces, para qué les sirve ese discurso del “periodismo combativo”?
“Para hacernos creer que la crisis viene de afuera y para que no nos demos cuenta que, desde hace tiempo, el diario perdió su rumbo”.
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Twitter: @rd_bui
Ilustración: Yuko Shimizu