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¿Algún medio de la gran prensa será capaz de investigar las denuncias en contra del manejo de la Fundación Malecón 2000, un espacio público manejado por un grupo de personajes privados?

¿Se atreverán a hacerlo, a sabiendas de que una investigación a fondo perjudicaría a su amigo de siempre, el alcalde Jaime Nebot?

Ese es uno de los problemas de la campaña para elegir alcalde de Guayaquil el próximo 23 de febrero: la actitud de la prensa privada guayaquileña y los poderosos medios del resto del país en relación con su favoritismo hacia el candidato tradicional.
Un alto porcentaje de radios, canales de televisión y periódicos se ha mantenido en los últimos 22 años muy cercano a las estrategias de los caciques socialcristianos León Febres Cordero y Jaime Nebot, alcaldes de la ciudad.
A Febres Cordero, en primer lugar, y a Nebot, en segundo, se les atribuye la recuperación y hasta el “renacimiento” de una ciudad cuyo control político lo mantuvo durante muchos años la familia Bucaram (en especial Abdalá y Elsa).
Febres Cordero, pese a que solía acusar a la prensa (incluso perseguirla) por todos los males que le ocurrían al país, logró mantener el control mediático no solo de los medios de la ciudad, como alcalde, sino del país como expresidente de la República y como el más influyente líder de su partido.
Esa relación mediática se expresaba y expresa en el culto a la personalidad de Febres Cordero (y luego de Nebot) y en la cesión y en la concesión, por parte de la mayoría de medios, de todos los espacios posibles donde los caudillos podían decir lo que quisieran, por ejemplo cuando hubo la crisis bancaria (1999-2000) y se victimizó a Guayaquil como si el resto del país no hubiera sufrido el mismo impacto económico, o cuando, en su estrategia de mostrar a la ciudad como “mártir del centralismo”, alentaban la estigmatización contra los quiteños mientras intelectuales y voceros seguidores a los caudillos fomentaban el regionalismo, el odio a la capital y hasta el separatismo.
Pero la balanza ideológica ha ido cambiando y por primera vez en más de dos décadas se presenta la posibilidad de que un partido le arrebate la alcaldía al socialcristianismo, con la candidatura por PAIS de la exgobernadora del Guayas, Viviana Bonilla.
En cualquiera otra elección, lo usual, para esa prensa comprometida con los sectores económicamente más poderosos, sería un abierto apoyo a Nebot.
Lo nuevo, no obstante, es que en aquella balanza ideológica cada vez gana peso el movimiento oficialista, con el control de la mayoría de municipios en el Ecuador, y ahora los socialcristianos guayaquileños tienen en su contra su propia alianza con los poderes fácticos y la imposibilidad de manejar un electorado monolítico donde manejaban y manipulaban todos los espacios proselitistas.
Si aquella prensa cumpliera su deber y no se viera enfrentada a sus propios miedos, esta elección sería la oportunidad histórica para que no solo los candidatos, sino, sobre todo, los tres millones de ciudadanos tengan los más amplios espacios para debatir el modelo de ciudad que quieren, el modelo que demandan como espacio sano, vivo, funcional, digno, equitativo, democrático, incluyente.
Deliberar y encontrar las razones de fondo para que se haya dejado que Samborondón se convirtiera en el lujoso hábitat de la élite mientras el Guayaquil profundo, el del pueblo llano, lucha desde el sutil abandono al que le han sometido sus propios líderes y la prensa prosocialcristiana.
Sean cuales fueren los resultados de las elecciones, gane o pierda Nebot, lo que ocurra con el socialcristianismo, vigente e intocable durante 22 años en Guayaquil, será otro elemento para aumentar la crisis que atraviesa la prensa que se identifica con ese ideología.
¿Los medios se lo juegan todo, a riesgo de que una derrota electoral del actual alcalde los ponga en graves problemas? ¿Hacen oposición a Viviana Bonilla en su desesperación de que no caiga el último bastión de la derecha ecuatoriana y mantener ese poder fáctico? ¿Siguen mirando a Nebot como su propia tabla de salvación?
Ese es su dilema. Ser justos y equilibrados, con un manejo editorial sensato y asumiendo la campaña desde la gente, o asumiendo el riesgo de contar cada vez con menos lectores, radioescuchas o televidentes que los abandonan por la manera sesgada y muchas veces aldeana y autista de tratar periodísticamente los hechos y los personajes de la ciudad.

¿Están dispuestos a quedarse fuera de los dinámicos movimientos sociales, políticos, urbanos y comunitarios que existen ahora en Guayaquil, a desentenderse de la mayoría de la gente a cambio de mostrarse como valientes defensores del estatus quo del que disfrutan junto a sus amigos y financistas, junto a los empresarios de la banca, de la industria, de la agroexportación, de la acuacultura?

¿Hacen de las encuestas y de los posibles escenarios electorales su lavado de manos para decir que no son ellos sinos “los expertos” los que aseguran que ganará Nebot?

Los medios pro-socialcristianos han sido y son una prensa que, arrinconada en su cantón, privilegia y sacraliza, en todos los sentidos, la unidad de la antigua oligarquía con una manera añeja de hacer la política de la limosna y la prensa del silenciamiento y el sometimiento de las grandes mayorías.

Como dice Alicia Entel en “La ciudad y los miedos” (La Crujía, 2007), cuando el poder local consigue el aplanamiento de la imaginación social se vuelve imposible desarrollar no solo estrategias de supervivencia, sino formas creativas de superar colectivamente o (…) de cuestionar el orden existente por parte de los actores sociales directamente afectados.

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Twitter: @rd_bui
Fotografía de Gilber Garcin