Natalie Shau I
Estamos confundidos. O perdidos.
Hemos llegado a un punto de nuestro sentido de la vida en el que medimos el afecto y el cariño y la admiración de los otros hacia nosotros por los objetos que nos regalan, por el culto que nos rinden, por la cantidad de cabezas que se agachan cuando pasamos frente a ellas, por la farra ansiosa e interminable, por la calidad de los electrodomésticos que compramos.
Hace tiempo que la temporada navideña ya no es el momento para la reflexión colectiva, para la rendición de cuentas a nosotros mismos, para planear con la familia y con la sociedad los sueños del amor futuro http://www.ecologistasenaccion.org/article3725.html
La época decembrina ahora es el estrés, la histeria, la locura, la paranoia, el miedo a quedar mal.
Es el temor al qué dirán, la obsesión por la manera en que nos ven los demás, la búsqueda frenética de una entusiasmo impostado, una euforia a la fuerza.
Es el cumplimiento de “compromiso social”, las fiestas, el alcohol, la droga, la pérdida de la dignidad personal en el fondo de una mezcla alucinante y mortal: un seductor whisky, una dosis de marihuana y un cuarto de galón de energizante para compensar los frustrantes límites del frenesí con la inexistente frontera de lo que nunca debería terminar.
Las ciudades se vuelven locas y la iglesia (la que de alguna manera es consciente y auténtica se siente impotente). http://www.rpp.com.pe/2013-12-20-conferencia-episcopal-invoca-a-renunciar-al-consumismo-en-la-navidad
Las calles son violencia, miedo, expectativa, búsqueda, angustia, prisa, un incesante entrar y salir de los almacenes en busca de lo que no existe ni existirá jamás en los escaparates: la paz, la amistad, la fraternidad, la solidaridad, la tolerancia.
Es la celebración del nacimiento de un hombre que encarnó esas virtudes, que nunca valoró lo material, que fue condenado a morir de la manera más cruel en castigo a su irreverencia, a su rebeldía, a su inconformismo, a su capacidad de persuasión a los resignados, a sus convicciones espirituales, a su desapego a la mentira, a su rechazo al enriquecimiento fácil, a su desprecio a la hipocresía, a su trabajo silencioso pero inclaudicable por los más necesitados y los más humildes -incluida una prostituta de la cual se enamoró-, a su manera de ver la vida como un no tener nada para tenerlo todo.
“Como Cristo, todo hombre (debe sentirse) llamado, cada día, a crecer en humanidad, a ir un poco más allá de sí mismo, a trascenderse. Cristo quiso crecer en humanidad, sometiendo las cosas, la realidad y la propia vida al servicio de los demás”. http://www.reflejosdeluz.net
¿No deberíamos cada uno de nosotros recordarlo así y seguir su ejemplo en cada instancia de nuestra vida y en cada una de nuestras obligaciones personales y colectivas?
Pero, no. De él, que debería ser uno de los centros de nuestros pensamientos y nuestros análisis en una era vertiginosa en la que todo pasa demasiado rápido, en la que reina la cultura de lo superficial y la obsesión por el éxito, en que lo heroico es visto como ridículo y en que la vorágine consumista nos convierte en cómplices de la frivolidad existencial, ya no nos acordamos.
Borrado de la memoria el objeto de la celebración, lo que se haga con la festividad es una decisión individual y no histórica o espiritual (como si el Día del Guerrillero Heroico, el 8 de octubre, no supiéramos que es un homenaje al Che, símbolo de relevancia mundial, para muchos de sus partidarios representa la lucha contra las injusticias sociales o de rebeldía y espíritu incorruptible http://www.guevariando.com o si desconociéramos que un 4 de abril asesinaron al líder espiritual afro Martin Luther King http://www.nobelprize.org) o un 8 de diciembre a John Lennon quien, casualmente, poco antes de que lo asesinaran escribió que sus enemigos políticos acabarían crucificándolo (La cara oculta del rock: Lennon, un peligro para los Estados Unidos http://www.efeeme.com).
¿Recuerdan eso los desesperados por comprar objetos para satisfacer o satisfacerse en esta época?
No. En lugar de seguir el ejemplo espiritual de un líder y mártir, hemos transformado la navidad en un apocalipsis y nos hemos condenado a vivir en los infiernos de los centros comerciales.
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Twitter: @rd_bui
Ilustración de Natalia Shau