Alexander Jansson
El primer día del nuevo año, los editoriales de la prensa tradicional ecuatoriana lucen especialmente inspirados en los valores de la sociedad contemporánea.
Los periódicos, enfrentados al abismo de cambiar o morir, dicen seguir las pautas de sus pioneros, pero afirman no olvidar la premura de modernizarse mediante el uso de la más moderna tecnología -que si se tiene capital financiero es relativamente fácil-.
¿Qué pasa, sin embargo, con el urgente giro –también necesariamente contemporáneo- de abrir sus agendas, páginas y, sobre todo, actitudes hacia los nuevos lectores, nuevos grupos sociales y nuevas tendencias, parte esencial de esta sociedad en construcción?
Ahí está el quid de lo que deben cambiar: el sentido autocrítico de lo que se ha hecho hasta ahora, la no victimización del oficio y la práctica rigurosa de defender el interés común y no intereses particulares.
En el caso de uno de los editoriales, dice que la tradición de su periódico se basa “en su persistente sentido de llevar al público lo que él requiere cada jornada”.
Pero, ¿cómo? Lo más complejo para la prensa es justamente eso, “llevar al público lo que requiere cada jornada”.
El editorial olvida decirnos desde cuándo el periódico lo hace y cómo lo hace, qué tipo de mecanismo democrático usa para tener la certeza de que esas noticias, y no otras, son las que demanda el lector, cómo sabe lo que el público necesita conocer.
Luego dice que el diario “observa y propone” (observar y proponer no es conocer a cabalidad o tener la seguridad de lo que se informa) “sobre la base del debate fecundo de las ideas, del pensamiento, de la visión diversa y plural de la política”.
¿Promueve ese debate externo o su concepto de lo plural se limita a la mesa de redacción? ¿Ampliará el hoy escaso número de voces deliberantes o seguirá en la reiteración de una veintena de personajes, la mayoría alineados con la política editorial del Diario?
Otro periódico sorprende al reconocer (¿por primera vez?) el derecho a la información de los ciudadanos, un derecho cívico (así debería entenderse) que este diario promete respetar mostrando al lector la más amplia versión democrática de los hechos y de las opiniones.
¿Será eso lo que plantea al hablar de la información como “un derecho humano fundamental e indispensable”?
¿Lo cumplirá en el día a día o se olvidará rápidamente de su promesa y seguirá manejando equívocamente el concepto de contrapoder mediático desde la oposición política?
En el vértigo del cada vez más profundo y socialmente más amplio debate sobre el rol de la prensa en una colectividad ecuatoriana en proceso de cambio, los lectores deberán comprobar si se concretan, precisan y pulen esos discursos mediáticos del uno de enero del 2014.
Los ciudadanos deben ejercer el derecho a exigir de la prensa, como la Constitución demanda del sector público, una permanente rendición de cuentas.
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Ilustración de Alexander Jansson
Twitt de Rubén Darío Buitrón: @rd_bui