El Comercio de Lima

Como suele ocurrir cuando a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) no le conviene tratar un tema que toca sus intereses, este organismo con sede en Miami, sus directivos y sus centenares de periódicos afiliados en todo el continente mantienen en “bajo perfil” un tema muy grave para el Perú y América Latina.

La gran mayoría de diarios que integran la SIP, autodefinida como “una organización sin fines de lucro dedicada a defender la libertad de expresión y de prensa en todas las Américas”, permanece semicallada frente a un tema que podría afectar la libertad de expresión de 30 millones de ciudadanos que viven en el Perú.

Se trata de la compra por parte del grupo El Comercio de Lima de las acciones del grupo mediático Epensa, con lo cual aquel conglomerado controla hoy alrededor del 80 por ciento de medios impresos en su país.

Así, El Comercio peruano se vuelve un mega-grupo mediático (con periódicos, revistas, tabloides y estaciones de televisión) cuya línea editorial podría influir ideológicamente en el destino de aquellos 30 millones de ciudadanos.

Se trata de una empresa que mantiene una línea editorial conservadora en un país donde los políticos y la política son tan frágiles que tienen profundo temor a la prensa privada (por eso Fujimori y Montesinos, desde el lado contrario, desarrollaron la “prensa chicha” hasta el extremo y mostraron el daño que también puede hacer la contrarreacción de medios destinados a defender proyectos tenebrosos, dictatoriales y con tintes fascistoides).

Los medios en América Latina no le han dado el espacio que merece el tema. La concentración de medios en Perú tiene directa relación con el control de la agenda informativa y de opinión y con la influencia decisiva que podrían ejercer en las decisiones políticas de los ciudadanos y en las del poder (Perú elegirá el 2016 a su nuevo presidente y urge recordar que en la campaña electoral, el actual mandatario, Ollanta Humala, acusó a El Comercio de favorecer a su rival, Keiko Fujimori).

La respuesta del grupo El Comercio ha sido victimizarse, declararse perseguido por el gobierno (Humala expresó su preocupación acerca del peligro en que podría caer la libertad de expresión en su país con una línea editorial monolítica) y plantear que “la libertad de crecimiento de los medios no es más que la otra cara del derecho de las personas a elegir sus fuentes de información”.

Pero, ¿cómo se puede elegir entre productos distintos si casi no existe esa diversidad? ¿Cómo hacerlo si el 80 por ciento de ellos (con contenidos periodísticos de la misma intencionalidad) pertenecen al mismo dueño?

¿Cómo se puede elegir entre productos distintos si el monopolio incluye no solo la producción editorial sino la distribución, la circulación, la logística para llegar a todos los lugares del país, el posicionamiento en el imaginario social de todos los diarios que fabrica el mismo propietario mediante la autopublicidad entre sus productos y el apoyo de sus propios canales de televisión?

¿Y el respeto al emblemático diario La República, uno de los artífices de la investigación en contra de Fujumori?

¿Y el respeto a la legendaria revista Caretas?

¿Para El Comercio ahí no existe el respeto a la libertad de competencia, es decir, “la esencia del neoliberalismo” que tanto ha defendido a lo largo de más de un siglo y medio?

La responsabilidad social de quienes manejan la prensa continental debería ser abrir espacios para un gran debate regional sobre los efectos que tiene en la población la alta concentración de medios.

Pero eso, ya se ve, no ocurrirá.

Les corresponderá a los ciudadanos peruanos crear y/o apoyar otros proyectos informativos, exigir cambios en la legislación pertinente, buscar espacios alternativos para la deliberación nacional no solo de este tema sino de otros también fundamentales, no dejarse imponer la agenda noticiosa por el gran monopolio mediático y mostrar que por sobre cualquier intento de subyugar a las mayorías, siempre estas podrán imponer su dignidad, su razón de ser y su obligación cívica de ejercer el pensamiento libre.

La posición de dominio de una empresa cuyos productos son la información y la opinión para el conocimiento de los hechos que acontecen en el país no es solamente una medida de acumulación de capital, sino de poder”, según Teresa Quiroz, profesora e investigadora de la Universidad de Lima, miembro del Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana e investigadora de medios desde hace más de 20 años.

Quiroz precisó al diario español El País que el caso “expresa una injerencia de los intereses económicos sobre la información, con los riesgos que significa arribar a visiones monocordes que atentarían contra la necesaria diversidad en el espacio público de los medios, tan saludable para cualquier democracia. Se afectarán tanto el público -necesitado de miradas que le permitan ejercer (el derecho) a una ciudadanía informada- como los propios periodistas, cuyos espacios de ejercicio de opinión podrían restringirse”.

¿Recuerdan al grupo El Mercurio de Chile y el rol que ejercieron hace 40 años sus periódicos y periodistas en la campaña y el golpe de Estado contra el presidente socialista Salvador Allende?

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Fotografía de la antigua fachada de Diario El Comercio de Lima

Twitter del autor: @rd_bui