Mónica Spear

Tras el asesinato de la exmiss Venezuela y actriz, junto a su esposo,  ¿cuál es la noticia nueva sobre la violencia en un país en el que cada año mueren un promedio de 20 mil personas por obra de ladrones, asaltantes, secuestradores, drogadictos y expresidiarios?

¿El asalto y balacera a Mónica Spear en una carretera venezolana es una información distinta a la de los 20 mil crímenes restantes ocurridos en el 2013, solo porque, gracias a sus telenovelas hechas en Miami, ella era mediocremente famosa?

¿Por qué los medios, la prensa mundial, regional y local se estremecen tanto con el crimen a Spear, que en este caso tiene nombre, apellido, pasado e historia personal, y no con lo que ocurre todos los días en el país bolivariano, donde hace tiempo a las autoridades se les fue de las manos el control de la delincuencia y la violencia armada en las calles?

¿Por qué esta vez se unen Farándula, Sucesos y Mundo (secciones clásicas de los periódicos) quizás para intentar que la audiencia local condene implícitamente al gobierno por un hecho que “conmueve al planeta”, como dijo en la televisión criolla un antiguo presentador de noticias?

¿Qué pretendió decirnos con eso, cuando casi nunca o nunca su noticiario o él mismo han hablado o han presentado informaciones, una por una, de los 20 mil asesinados?

¿Pretende la prensa aprovechar la circunstancia para echarle todo el peso de la responsabilidad al régimen de ese país y demostrar su presunta ineficiencia no solo en lo económico y en lo político, sino también en lo social y en la seguridad ciudadana?

¿Por qué antes del caso Spear no se dio el mismo espacio y se personalizaron las historias de tanto muerto anónimo que para la prensa son “solo una víctima más?”?

¿Por qué esta vez se construye todo un escenario de miedo, repugnancia, terror y rechazo a quienes presuntamente permiten que eso suceda?

¿En qué se diferencia el crimen a Spear de los otros asesinatos por robo o secuestro, que jamás han tenido la cobertura mediática que tiene el caso de la mediocremente famosa actriz de Telemundo, una cadena mediocremente famosa también, experta en telenovelas de argumento previsible y de caras bonitas no necesariamente talentosas?

Con razón, el maestro mexicano Carlos Monsiváis escribió:

Con la masificación de los muertos y los crímenes y su despersonalización, desaparece la singularidad de los asesinos y los asesinatos, y la masificación del delito es, también, la deshumanización masiva.” (Los mil y un velorios, Monsiváis, 2010).

Con razón, el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió:

Los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos, que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que nos profesan religiones sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que nos son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuras en la historia universal sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata”. (El libro de los abrazos, Galeano, 2010).

Con razón, la catedrática argentina Alicia Entel escribió:

La prensa crea un vínculo fuerte entre miedo y estigmatización. El miedo obliga a buscar el objeto del temor, y de este modo –a veces perversamente- se logra un alivio, se deposita en otro lado el sentimiento agobiante y paralizante del miedo”. (La ciudad y los medios, Entel, 2007).

Con la muerte de Spear, que es otra muerte más ocurrida en solo un año, queda claro que unos merecen homenajes, cartas, marchas, “preocupación internacional”, mientras otros, el 99 por ciento restante, no son nadie, son los nadies, son las víctimas de la deshumanización masiva y la estigmatización.

El Estado, entonces, no tiene compromiso con la sociedad para resolver el problema macro, sino para apurarse a resolver el crimen de un personaje de la farándula que, claro, atrae tanta atención de los temerosos ciudadanos que por lo menos ven que el presidente Maduro y el líder opositor Capriles se dan la mano “para resolver juntos el problema de la alta mortalidad en Venezuela por la acción de la delincuencia”.

Mónica Spear se convierte, por obra de la prensa sensacionalista e intencionada, y por acción de los propios líderes políticos, en una “inmolación por la paz de la nación”, mientras el resto de víctimas son solo una estadística que no merece ni siquiera que sepamos quiénes fueron y cuáles fueron sus historias.

“¿Qué hubiera pasado con esa banda de asesinos si no hubiese sido la señora Spear sino cualquier otro ciudadano?”, se pregunta el sociólogo Roberto Briceño, coordinador del Observatorio Venezolano de Violencia: “Casi nunca van a buscar a los delincuentes y ante eso el acto violento es muy fácil, porque no tiene consecuencias penales ni jurídicas”, dice a la agencia AFP.

Esos “nada”, esos “nadie”, esos 20 mil seres humanos tan víctimas de la delincuencia como Spear, no tienen derecho, según los medios, ni siquiera a una semana de amplia, cursi y patética cobertura.

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Fotografía artística de Kyle Thompson

Twitter de Rubén Darío Buitrón: @rd_bui