Ensso Barrena

El próximo 23 de febrero, 11 millones y medio de ecuatorianos elegirán 221 alcaldes, 46 prefectos, más de mil concejales y unos cuatro mil vocales de juntas parroquiales.

Con tanto poder en disputa, ¿tienen conciencia los candidatos de todo lo que se juega en estos comicios?

Lo que está claro, al menos por lo que han mostrado hasta ahora en las intervenciones públicas, recorridos, caravanas y en sus spots publicitarios, es que muchos aspirantes no tienen qué proponer.

Su función básica, e incluso su obligación cívica, es presentar propuestas, proyectos, programas de trabajo, pero parece que la gran mayoría de los candidatos no lo entiende así: todos, o casi todos, han lanzado estrategias de ataque, en especial a los funcionarios que pretenden la reelección.

Y con más encono si estos pertenecen a las filas del movimiento gobernante. Golpear al régimen y a su proyecto parece ser lo único que se les ocurre.

Pero las estrategias electorales solo funcionan cuando están claras las líneas políticas y las líneas de acción.

¿De qué vale, según publican los medios, que en los primeros días de campaña se hayan invertido más de cinco millones de dólares en los medios durante los primeros diez de campaña?

Es dinero que pertenece a todos los ecuatorianos. Y ya que la obligación constitucional obliga a que el Consejo Nacional Electoral financie las campañas, estas, al menos, deberían expresar y reflejar lo que sienten los ciudadanos en cuanto a lo que se ha hecho, a lo no se ha hecho, a lo se ha hecho mal, a lo que falta y a lo que se exige a las futuras autoridades.

El rol de la prensa es fundamental, pero sin creatividad ni propuestas distintas, no cumplirá ningún papel.

¿Investigó previamente la prensa los grandes temas que interesan a los ciudadanos para confrontarlos con los candidatos o se limitará, en un acto de democracia infantil o de puro miedo frente a las reglas vigentes, a dar los mismos espacios a todos los aspirantes, digan lo que digan aunque no digan nada, sin tomar en cuenta a los electores?

Hasta hoy, y ojalá la historia cambie en los días siguientes (aunque lo dudo), queda claro que los que postulan a la reelección tratan de convencernos de que el proceso administrativo que iniciaron hace cuatro años –muy bueno, bueno, mediocre o malo- no debe ni puede interrumpirse porque ellos son los destinados a transformar las ciudades y las provincias.

Y queda claro, también, que los que pretenden llegar por primera vez o recuperar el poder perdido en elecciones pasadas intentan desacreditar todo lo realizado por las autoridades vigentes porque ellos son la solución a los problemas que vive la población.

Pero tanto lo uno como lo otro es demasiado poco, es casi nada para lo que demanda la sociedad: profundizar la construcción de una democracia real.

Para eso hay que adentrarse más en la realidad. Saberla leer en todos sus entrelíneas e interpretarla. Entenderla. Y solo a partir de esa lectura y ese entendimiento armar y presentar proyectos de gobierno local a partir de percepciones lo más precisas del entorno humano y social.

Pero, ¿cuántos de las decenas de movimientos y partidos y de los miles de candidatos seccionales han hecho esa adecuada lectura y esa necesaria construcción de un programa alternativo, en el caso de los que quieren recuperar el poder, o más democrático y participativo, en el caso de quienes quieren mantenerlo?

Si ni la prensa ni los políticos son capaces de expresar las demandas, las necesidades, los reclamos, los proyectos y las quejas de la gente en torno a la gestión seccional, los propios ciudadanos pueden y deben organizarse para imponer la agenda de debate y deliberación y reflexión.

Y para eso no requieren que los medios les “concedan” el espacio o que los políticos digan lo que ellos creen que la gente quiere escuchar.

Si ni los medios ni los candidatos alcanzan a hacer un verdadero “click” con la gente, que ni los unos ni los otros pretendan hacernos creer que entienden el proceso que vive el país y el proceso interno que las organizaciones están viviendo.

En crisis los medios, en especial los escritos, y en crisis la capacidad de una confrontación ideológica horizontal y de ideas, no de rechazos, ya es hora de que los ciudadanos tengan espacios de decisión reales en la prensa y ya es hora de que esta evolucione. 

Con el manido “dar voz a los que no tienen voz”, que ni siquiera es cierto, y elementales repartos de espacios a los candidatos, yo veo y leo, en los medios, discursos repetititivos de los aspirantes, no veo en ninguna página a los ciudadanos de a pie. ¿Por qué no preguntan los ciudadanos? ¿Por qué no sugiere y propone la gente, en lugar de los candidatos?

Aunque incomode a los directivos y signifique más trabajo y reflexión para los periodistas, debe hablar la gente y es la gente la que debe imponer la agenda.

Porque lo esencial es consolidar la edificación de una democracia de abajo hacia arriba, más amplia, más plural, más incluyente, como una pirámide invertida, con mayor participación y con más protagonismo de los ciudadanos en los proyectos electorales y, sobre todo, con directo control social, con activa participación en los medios y con exigencias concretas de su cumplimiento por parte de quienes triunfen el 23 de febrero.

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@rd_bui

Ilustración de Enzzo Barrena

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