GG y RDB

Era noviembre de 1990, bajo el gobierno de Rodrigo Borja. Aunque ya no estaba León Febres Cordero como presidente, permanecía intacta la estructura policial de inteligencia, tortura, desapariciones y crímenes que nació en el régimen de Osvaldo Hurtado y se perfeccionó y reforzó con Febres Cordero para su “guerra contra el terrorismo”.

Ese grupo de oficiales estuvo a cargo de matar, torturar, perseguir o acosar a decenas de ciudadanos vinculados o acusados de subversivos y de integrar los grupos Alfaro Vive Carajo (AVC) y Montoneros Patria Libre (MPL).

Cuando desapareció Gustavo Garzón Guzmán, no habían pasado sino pocas semanas de que saliera de la cárcel, en el penal García Moreno, donde pasó un año acusado de delitos que los jueces nunca pudieron probar.

Él pertenecía a la organización MPL, grupo que, paralelamente al AVC, luchó contra el nefasto gobierno de León Febres Cordero.

La detención se produjo el 7 de agosto de 1989, en Quito, por miembros de Inteligencia Militar. que aseguraron haber encontrado armas en el vehículo en el que circulaba con Marcos Lenin Checa Artos. En el Servicio de Investigación Criminal Pichincha, conocido como SIC 10, durante cinco días fue sometido a crueles torturas y persistentes interrogatorios (http://comunidadreal.wordpress.com/2011/04/14/relatos-caso-gustavo-garzon).

Era un joven escritor de brillante futuro literario. Cuando lo detuvieron ya tenía un manuscrito con un libro de cuentos (“Brutal como el rasgar de un fósforo”) que sus excompañeros del taller de literatura de Miguel Donoso Pareja logramos publicar años después.

El libro se imprimió gracias al Municipio de Quito, pero no circuló por extrañas políticas del Cabildo de entonces, que auspiciaba la edición de textos y luego los embodegaba.

Sus compañeros deberíamos comprometernos a recuperar el libro de esas bodegas y ponerlo a circular para que empiece a conocerse sus obras completas.

Tras su desaparición, con todas las características del “crimen perfecto”, pudimos recopilar decenas de cuadernos con testimonios suyos, con poemas, con nuevos cuentos, que hace tiempo debieron haberse convertido en libros.

Él desapareció en noviembre de 1990. Cerca de la medianoche se encontraba con un grupo de amigos en la discoteca Son Candela, celebrando su libertad. Una versión asegura que les dijo que se iba al baño, pero nunca más regresó a la mesa. Alguien lo vio salir del local. Y se esfumó.

Lo buscamos, durante muchos días, semanas, meses y años en todo lugar posible: hospitales, clínicas, morgues, cárceles, cuarteles, casas de amigos, ciudades, pueblos, contactos en países fronterizos.

Se hicieron llamados públicos para que si alguien supiera algo de él por favor informara a la familia o a los amigos. Nada.

Su madre, Clorinda, se unió durante muchos años cada miércoles al mediodía a las protestas de los Restrepo en la Plaza de la Independencia, en Quito.

Exigía lo mismo que la familia colombiana: que al menos se dijera dónde estaban los cadáveres de sus hijos y le entregaran a la familia para sepultarlo y sepultar, ya con certidumbre, ese inmenso dolor.

Pero ninguna gestión, nada de lo que intentamos hacer, sirvió para que Gustavo Garzón apareciera o, al menos, para conocer su destino.

Nunca más ninguno de nosotros lo volvió a ver.

Gustavo, mecánico de aviación que trabajó en la FAE, fue uno de los más talentosos narradores durante los tres años que pasamos juntos en el taller de literatura de la Casa de la Cultura.

Sus textos siempre eran sorprendentes. Cada uno muy distinto al otro.

Escribió algunos cuentos sobre su experiencia en el MPL, nunca en primera persona sino, siempre, desde la perspectiva de tragedias que ocurrieron con algunos de sus compañeros.

Cuando salió de la cárcel, pese al shock que vivía por las torturas sistemáticas que sufrió y aguantó en silencio, sin delatar a ninguno de sus compañeros, tenía entre sus planes terminar su doctorado en Literatura en la Pontificia Universidad Católica (PUCE) de Quito. Y luego, según nos decía, quería viajar y escribir.

Sé que hay cientos de desaparecidos en el Ecuador. Trato de entender el dolor de todos los familiares y amigos.

Pero siento el profundo pesar de que casi nadie ya recuerda a Gustavo. De que, aparte de algunos talleres literarios que se hicieron en su nombre, nos dejamos vencer por la perversidad del tiempo y del silencio.

Durante los primeros años de su desaparición, yo solía soñarlo con mucha frecuencia.

El sueño era recurrente y simple: aparecía, nos abrazábamos, llorábamos por la emoción de sabernos juntos de nuevo, hacíamos planes para reunir a los jóvenes escritores y seguir con nuestro proyecto de la revista La Mosca Zumba, de la cual apenas alcanzamos a publicar cuatro números.

Durante esos días, a ratos me parecía alucinar. Lo veía en la calle, en el bus, caminando por el centro entre la gente, deambulando en alguna calle nocturna. Pero no, la visión se difuminaba y volvía a la realidad: simplemente, Gustavo ya no estaba entre nosotros.

Hoy lo recordé, mientras leía en los diarios sobre la detención en Washington, EE.UU., del presunto torturador y criminal Edgar Vaca, general de Policía que comandó un tenebroso grupo antisubversivo ilegal en la época de León Febres Cordero.

Según http://comunidadreal.wordpress.com, en abril de 2003, una publicación de prensa afirmaba: “Un ex oficial de inteligencia del ejército asegura que el general Edgar Vaca conoce dónde están los restos del escritor Gustavo Garzón” y en otra noticia de junio del 2003, se indicó: “Un miembro de inteligencia reveló que el general Edgar Vaca conocía exactamente donde se encuentran los restos del escritor Gustavo Garzón”, y al día siguiente se publicó “Un oficial de inteligencia militar dio una pista que detrás de la desaparición del escritor estuvieron las fuerzas de seguridad del Estado”.

Ahora que la Fiscalía General ha retomado el caso de los delitos de lesa humanidad en contra de los guerrilleros detenidos en aquella época, quienes acusan al grupo policial por tortura, violencia sexual, detenciones ilegales y desaparición forzada, como ciudadano le exijo al fiscal Chiriboga que recuerde el caso de Gustavo Garzón, extradite a Vaca y le pregunte sobre este crimen.

Las nuevas generaciones deberán conocer la historia de Gustavo Garzón y de todas las desapariciones forzadas durante los años 80 y 90.

Nosotros queremos tener la certeza sobre quiénes lo mataron y que los asesinos intelectuales y materiales paguen su infamia.

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Fotografía de 1986, en las afueras de la Casa de la Cultura, durante el taller de literatura del maestro Miguel Donoso Pareja. A la derecha, con camisa blanca de mangas cortas, está Gustavo Garzón. A la izquierda, el autor de este blog. La monstruosa maquinaria represiva del gobierno de León Febres Cordero empezaba a cobrar decenas de vidas y a seleccionar a sus próximas víctimas.

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