Peña Nieto

“La imposición de Enrique Peña Nieto en el poder fue el final casi perfecto de un guión que, mezcla de telenovela y de reality show político, se había escrito seis años y medio antes”.

Lo dice el periodista mexicano Carlos Fazio, quien en su libro Terrorismo mediático (editorial Debate, México, 2013), revela todo el entramado que se estructuró para evitar y boicotear, por segunda vez consecutiva, la victoria electoral del candidato izquierdista Manuel López Obrador.

La “victoria” de Peña Nieto fue, según Fazio, “otra elección de Estado que exhibió, una vez más, las miserias de un sistema político mexicano controlado por los poderes fácticos, incluidos los medios electrónicos, en especial el duopolio de la televisión” (Azteca y Televisa).

Peña Nieto es una pieza del ajedrez geopolítico de los Estados Unidos.

“Con el guiño aprobatorio de Barack Obama, Peña Nieto se asumió presidente electo y dijo que prepararía un paquete de iniciativas de ley en materia fiscal, laboral y energética. Se trata de la tercera generación de contrarreformas neoliberales que responden al Consenso de Washington, con la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) como la joya de la corona”, explica el autor de Terrorismo mediático.

Manuel López Obrador era el gobernador de México D.F., una especie de alcalde con atribuciones presidenciales en su entorno, y su derrota no se debió solo a errores estratégicos que cometió (entre ellos, contar en su gobierno con personas de altísima confianza que cayeron en la trampa del narcotráfico) sino, sobre todo, “a la lógica del gran capital, ajena a todo tipo de democracia”.

Para evitar el triunfo de López Obrador y lograr que vuelva al poder el Partido Revolucionario Institucionalista (PRI), que gobernó México durante 70 años seguidos y que dejó un país con decenas de millones de pobres, un pequeñísimo grupo de multimillonarios y una élite de capos del narcotráfico internacional, “TV Azteca y Televisa actuaron como si sus concesiones fueran un púlpito para desinformar y exitar a la población en función de sus intereses económicos particulares y para arengar al público a un linchamiento fascista al gobierno de la ciudad…”.

“Así mismo, la intención de provocar psicosis buscaba que la población viera, en las posiciones de derecha, que alentaban la represión y la tolerancia cero, la solución a sus problemas de (in) seguridad”.

“En la era de la cultura global y de la tiranía de la comunicación -afirma Fazio-, la estandarización y la repetición de la mentira que se hace verdad busca que el receptor interiorice de manera subconsciente el glosario del poder. El telespectador no se cuenta y acepta de manera pasiva esas categorías. Como dice Noam Chomsky, la propaganda, a través de la manipulación del lenguaje, desarma a la gente y la inhibe en su capacidad crítica. Así, nada parece importante y eso desarrolla el conformismo y la indiferencia, y estimula el escepticismo”.

Fazio añade: “La dictadura de la televisión no deja que nadie se forme una opinión propia; para que todos asuman como opinión propia y reproduzcan con convicción el producto doctrinario de los medios, que se convierte, así, en la opinión pública homosintonizada, única y omniexcluyente. Se trata de evitar que se reflexione sobre la esencial a partir de la información. Por eso, los “comunicadores” abundan en estereotipos y esgrimen un simplismo supino, pero demoledor”.

A propósito de la visita que hace al Ecuador el presidente Enrique Peña Nieto, esposo de la famosa actriz de telenovelas Angélica Rivera, debemos tener claro quién es nuestro huésped: un producto fabricado por Televisa y Televisión Azteca, ambos de propiedad de dos grandes magnates, miembros del empresariado más derechista, pronorteamericano y retrógrado de ese país.

Un convencido, también, de los tratados de libre comercio (TLC), que tanto daño han hecho a los países pobres o pequeños. Y un entusiasta del Acuerdo del Pacífico, creado para neutralizar al Alba y a la unidad de los países latinoamericanos.

Por algo será que la revista Time lo puso, hace cuatro semanas, en la portada de la revista con un titular idílico y esperanzador (para los Estados Unidos). Es una pieza del ajedrez norteamericano en la región. Hay que tener cuidado.