Alexander Jansson

Siglos debieron pasar para que los medios de comunicación en el Ecuador rindieran cuentas a su público y a la sociedad sobre lo que han publicado, sobre lo que no han publicado y sobre lo que deberían publicar.
Tanto tiempo de impunidad, de manejos sesgados, de silencios caprichosos o convenientes, de manipulaciones en favor de los sectores vinculados a la prensa, de presiones, de distorsiones de la realidad, por ejemplo en la crónica roja, para vender más ejemplares.
Tanto tiempo de nunca haber explicado sus actitudes y decisiones a sus audiencias, de omitir versiones de quienes no estaban de acuerdo con ellos, de informar de manera parcializada, de censurar a sus críticos, de bloquear políticamente a quienes no seguían sus “líneas editoriales”, de despedir a los periodistas que no seguían sus órdenes, de silenciarlos, de estigmatizarlos, de impedirlos participar en concursos porque el tema “no le conviene al diario”, de ponerse de acuerdo para no volver a contratar en ningún otro medio a los periodistas despedidos.
Ya no podrán ponerse bajo el paraguas de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) para que los defienda ni tampoco podrán esconderse en el espíritu de cuerpo de los gremios de dueños de medios, agrupados en eso que pomposamente se llama la Asociación Ecuatoriana de Editores (¿editores o dueños?) de Periódicos, AEDEP.
Ahora, en este mes de abril, deberán cumplir el mandato constitucional y su informe tendrá que enviarse al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCSS), pero lo mejor para el crecimiento de la sociedad y la transparencia del ex cuarto poder es que cada uno de los informes los revisará un grupo de ciudadanos en presencia de los propietarios y de los jerarcas de cada medio.
La rendición de cuentas de la prensa se basa en el numeral 15 de la Ley de Comunicación y en el artículo 10 de la Ley del CPCSS e incluye a más de 1.100 medios de comunicación, privados y públicos.
Periódicos, radiodifusoras, canales de televisión y revistas deberán cumplir con ese deber, que incluye las obligaciones tributarias (¿declaran y cancelan todos sus impuestos?), la equidad laboral (¿pagan sueldos justos a los periodistas y trabajadores?, ¿por qué los abismos salariales entre un editor general y un reportero o un fotógrafo o un diseñador o un camarógrafo?, ¿por qué los despidos masivos al personal?), ¿cómo canalizan el derecho ciudadano a la rectificación y a la réplica?, ¿cumplen el requisito de producir y publicar temas interculturales?, ¿han dado acceso laboral a las personas con discapacidad?
La rendición de cuentas de los medios es fundamental para la transparencia del trabajo de la prensa frente a sus públicos.
Si el proceso se cumple como manda la ley, es decir, que los medios presenten sus rendiciones de cuentas frente a su público y admitan la urgente necesidad de entender mejor a la sociedad, empezará a consolidarse la construcción de ciudadanos mediáticos y la formación de audiencias críticas. Y el cuarto poder empezará a extinguirse mientras el poder real, el de la gente, surgirá con más fuerza.
La tarea del CPCCS es histórica porque a partir de ahora cambian profundamente las relaciones entre prensa y sociedad: durante siglos la prensa dijo lo que quiso y calló lo que quiso. Fue cómplice de sus amigos y se sesgó contra sus adversarios. Inculpó a personas inocentes. Escandalizó cuanto quiso. Usó el morbo para vender más periódicos o elevar el rating. Actuó como un poder político y económico capaz de derrocar gobiernos, poner ministros y embajadores, censurar contenidos, invisibilizar a ciudadanos, organizaciones y movimientos.
El resto del trabajo de rendición de cuentas corresponderá a la gente y a los propios trabajadores de esos medios.
La gente y los mismos periodistas deben fiscalizar y exigir autocrítica, pluralismo, equilibrio, inclusión social, espacios para todos los sectores sociales y jerarquización de temas de acuerdo con el bien común, no según el capricho y la subjetividad de los súper dueños o de los híper-jefes.
Si durante tantos años no ha querido o no ha entendido lo que significa ser democrática, ahora la prensa tendrá que empezar a serlo o perderá audiencias.
Los ciudadanos, más enterados de lo que hacen los medios, discernirán mejor entre quienes se esfuerzan por hacer periodismo de la gente común y quienes hacen periodismo al servicio de quienes se han llevado en peso el país y pretenden volver al poder para hacer lo mismo.

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Ilustración de  Alexander Janssen

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