Populismo digital

Hay personas que escriben blogs o que tienen cuentas en Twitter y en Facebook y que sufren mucho cuando miran las cifras y se dan cuenta de que a veces no tienen un alto número de respuestas o visitas.

Así llegan a la conclusión de que “no son populares”. Y se deprimen. Pero, ¿quién dijo que los espacios digitales deben convertirnos en famosos?

Conozco muchos colegas que por esa razón abandonaron sus blogs. ¿Se imaginan cuántos blogs sin dueño estarán deambulando extraviados en la atmósfera cibernética?

También he visto gente que dejó su cuenta de Twitter porque no alcanzó miles de seguidores o se despecharon porque no les dieron cientos de “likes” en su Facebook.

Nunca, sin embargo, se preguntaron si sus “posts” tenían relevancia para los demás y no solo para ellos mismos.

O si sus twitts eran intrascendentes, sin seducción ni audacia, sin genialidad ni pasión.

O si en su Facebook se contaban a sí mismos las trivialidades y las situaciones frívolas que les sucedían pero que a nadie más importaba, ni siquiera a los estolqueadores o voyeristas?

Obsesionarse con tristeza por asuntos como esos me parece que cabría en un  concepto que podemos formular ahora: la inmadurez digital.

Encapricharse porque los demás escuchemos lo que no nos interesa.

Se entiende que un medio de comunicación grande como un canal de televisión o un diario impreso, con su avidez por el dinero, se preocupe por las cifras de rating o de ventas en la calle o de visitas en la red a la página web. Porque todo esto “vende”.

Esos grandes medios viven de aquellas cifras, pues son las que les permiten ofrecer a los anunciantes un espacio donde su producto se exhibirá.

En la prioridad de esos medios está, primero, ofrecer audiencia a los anunciantes. La calidad de los contenidos, al final, no les importa demasiado. Lo que les importa es ganar muchísimo dinero con lo que consideran su mercancía más preciada: la noticia.

Pero un bloguero, un twittero o un “feisbuquero” se equivoca cuando se desmoraliza si desde el otro lado de “la nube digital” no tiene decenas, cientos o miles de respuestas.

En lo digital, cuando el producto que hacemos no tiene afanes comerciales, lo que importa primero es la calidad del contenido y, en consecuencia, la calidad de la audiencia, no la cantidad.

Si ha escrito un “post” que el autor considera tan certero que a su blog debieran entrar miles de personas a leerlo, pero eso no sucede, hay factores que pueden explicarlo. Lo mismo sucede con el Twitter o con el Facebook.

Algunos ya lo hemos dicho, otros podemos reflexionarlos ahora. En primer lugar, uno puede estar equivocado.

¿En verdad es tan interesante, tan conmovedor, tan trascendente el “post”? Habría que analizarlo. Habría que volverlo a leer. Habría que ser drástico con la autocrítica. Lo que no sirve, no sirve. Y punto.

Y si resultara que sí es bueno, algo pasó: no se lo difundió en la coyuntura apropiada, el día que se lo publicó no era oportuno, el titular del texto no es atractivo, las imágenes no empatan con el texto, el tema quizás hiera la sensibilidad de ciertos sectores, el tono en el que está escrito no es respetuoso o su estilo es poco enganchador, no seduce ni atrapa.

Ya lo sabemos: escribir -para cualquier medio, tradicional o digital- es un arte. Y una obra de arte requiere y demanda mucho esfuerzo, rigor, precisión, originalidad, elaboración minuciosa, presentación impecable, capacidad de autocrítica y corrección implacables.

¿No nos estará haciendo falta algo o mucho de eso?

Lo esencial es ser absolutamente claro, preciso, valiente, sincero, profundo e inteligente con lo que escribes y con lo que dices.

Ser coherente con lo que sientes y con lo que piensas. No escribir para los anunciantes ni para los accionistas, como se hace en la llamada “prensa libre e independiente”.

Lo esencial, además de la calidad y la  búsqueda de la excelencia, es la paz de tu conciencia. Es tu manera de ver los hechos y vivir la vida. Y, muchas veces, de tener el valor de compartir los momentos memorables.

Porque el lector percibe, asume, siente cuando lo que publicas está hecho con absoluta honestidad. ¿Hay algo que sea más importante que eso? No. El resto es populismo digital.

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Ilustración de Malus Starlin