Fabio Listrani

El 7 de enero de 2014 se recordará en el Ecuador como el día en que algunos ciudadanos fueron conscientes de que el hecho de ser diferentes no implica discriminarlos.

Ese día, Alfredo Pinoargote, presentador y entrevistador de Ecuavisa y uno de los columnistas que cada quince días escribe en la revista Vistazo acerca del “deber ser”, dijo en su programa Contacto Directo, que en el Ecuador de ahora “hay un ambiente o un sistema de restricción a esa libertad (de expresión), por ejemplo ya no se le puede decir a los gays maricas, a los afros no se les puede decir negros, a los ladrones no se les puede decir ladrones…”.

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Durante los pocos segundos que duraron esas palabras, Pinoargote ejerció la libertad de expresión como hasta entonces lo habían entendido siempre quienes han tenido el control y el poder de los medios de comunicación: dijo “maricas”, dijo “negros”, lamentando ya no poder decirlo.

Ese día, el conductor del programa matutino de noticias en Ecuavisa no solo condenó a los gays o a los afroecuatorianos, sino que reveló cierta molestia contenida porque ahora, en los espacios informativos, no puede decir cualquier adjetivo quien tiene un micrófono o un espacio en la prensa.

Según Kapuscinski, el periodista toma como principio a los otros, es decir, la gente que esta involucrada en el acontecimiento que estamos describiendo y analizando. La gente con la que tenemos contacto resulta fundamental en la expresión final de nuestra tarea, ya que son ellos los que van a formar la sustancia del relato. Y lo harán dejándonos conocer sus historias y sus distintos puntos de vista.

Pero, ¿cómo hacer que estas personas nos ayuden si en algunos casos solo contamos con pocos minutos para hablar con ellos? Mediante la empatía, que es ponerse en el lugar del otro para intentar comprender lo que está viviendo. Ciertamente, es una cualidad que no todos poseen. Y es parte solo de aquellos con buenas intenciones, “si se es buena persona se puede intentar comprender a los demás, (…). Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”.

Como decenas de personajes en la misma situación, ese privilegio ya no se lo puede usar a discreción para decir lo que se quiera decir, para atacar o para denostar, para hacer daño a quienes no son del gusto político, económico o social del comunicador o para alabar a quienes sí lo son.

Es una línea fácil de interpretar si se analiza el pasado político de Pinoargote, exembajador en Europa durante una década como representante de los últimos presidentes de la partidocracia, que empezó a morir en el 2006 con la Asamblea Constituyente de Montecristi.

Aquella asamblea, en la que participaron representantes de grupos sociales invisibilizados, ofendidos, segregados o productos de burla o ironía por los medios de comunicación, estableció garantías y derechos no consagrados antes en las constituciones ni leyes que se habían promulgado en el país.

Y entre esas garantías, quizás como eje filosófico que atraviesa la nueva Constitución vigente, están los derechos del otro, en especial de quienes histórica y popularmente han sido discriminados, violentados y marginados: las mujeres, los niños, los pueblos indígenas, montubios y afros, las empleadas domésticas, los policías civiles y municipales, los vendedores ambulantes, los homosexuales, las prostitutas…

Todos esos sectores han empezado a reivindicarse, a pesar de la oposición del “cuarto poder”.

“El cuarto poder es una expresión con la que intenta plasmarse la gran importancia que tiene la prensa hoy en la sociedad de todo el mundo. Y es que se considera que a través de los distintos medios que la integran se puede conseguir influir en la ciudadanía así como ofrecer una fuerte presión sobre los distintos dirigentes políticos”.

Y aunque todavía parece que hay quienes estiman que la impunidad es sinónimo de hacer periodismo, eso ya no puede suceder desde que se expidiera, estemos de acuerdo o no, la Ley de Comunicación en mayo de 2013.

A base de a esa normativa, la Superintendencia de la Información y Comunicación (Supercom) determinó la responsabilidad de Ecuavisa y del presentador del programa Contacto Directo, y lo sancionó.

La decisión legal establece que “el director del medio de comunicación difunda una disculpa pública al pueblo afroecuatoriano y a la colectividad de diversa orientación sexual, por los comentarios discriminatorios por razones de etnia y orientación sexual, emitidos el 7 de enero de 2014 en el canal televisivo”.

Según el artículo 56 de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC), se determina la responsabilidad de la Corporación Ecuatoriana de Televisión S.A., canal Ecuavisa, y del presentador del programa Contacto Directo, Alfredo Pinoargote Cevallos, por haber incurrido en la prohibición establecida en el artículo 62 de la misma ley.

Este artículo dice que “está prohibida la difusión a través de todo medio de comunicación social de contenidos discriminatorios que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos reconocidos en la Constitución y en los instrumentos internacionales. Se prohíbe también la difusión de mensajes a través de los medios de comunicación que constituyan apología de la discriminación e incitación a la realización de prácticas o actos violentos basados en algún tipo de mensaje discriminatorio”.

Inmediatamente se produjo la reacción del presentador: “La resolución que obliga a pedir disculpas es infundada porque no se ha producido ninguna discriminación contra algún ser humano, como se dispone en la Ley de Comunicación”, increpó Pinoargote, en un comunicado divulgado en la red social Twitter.

Pero al pronunciar aquellas expresiones, Pinoargote no solamente ofendió al pueblo afroecuatoriano y a los gays, sino que desconoció (consciente o inconscientemente) la difícil y legendaria lucha de los grupos marginados que durante más de un siglo han luchado por ser tratados con respeto, igualdad y dignidad.

Finalmente, tres días después, Pinoargote ofreció disculpas al pueblo afroecuatoriano por los comentarios discriminatorios que hizo aquel 7 de enero:

“Según resolución de la Superintendencia de Información y Comunicación de acuerdo con lo solicitado por la asambleísta de Alianza País, Alexandra Ocles, pido disculpas al pueblo afroecuatoriano y a la colectividad de diversa orientación sexual por haber dicho en este espacio, del 7 de enero de 2014, (…) lo que la asambleísta Ocles de AP en su denuncia dice que no se puede decir, de esta manera cumplo con la resolución que me obliga a pedir disculpas. Adicionalmente quiero ofrecer un homenaje del excelso escritor y humanista esmeraldeño Nelson Estupiñán Bass, a la negritud, al orgullo de ser negro con el poema del niño negro y del incendio de su libro Canto Negro por la Luz (…) Ese es el orgullo que exalta Nelson Estupiñán Bass en los esmeraldeños de raza negra, tierra esmeraldeña donde nací y crecí sin ningún prejuicio racial”, agregó.

En respuesta a la disculpa de Ponoargote, José Chalá, secretario de la Corporación de Desarrollo Afroecuatoriano (CODAE), mencionó que las disculpas del periodista sobre su comentario discriminatorio al pueblo afroecuatoriano, que realizó meses atrás, es una señal de la construcción del respeto a la Ley de Comunicación. Expresó que se ha naturalizado la violencia verbal en un sector de la sociedad y en los medios de comunicación: “La mentalidad colonial hay que comenzar a desaprender”, sostuvo. Para él, usar términos ofensivos contra alguien muestra una cultura colonialista de personas que aún se creen superiores en el país.

La asambleísta Ocles apunta también a la televisión, incluso la de los canales incautados. Manifestó que hay programas de televisión que venden estereotipos ofensivos. Mencionó que en la educación tenemos preconceptos que alimentan la perversidad y se maneja un lenguaje discriminatorio hacia un determinado grupo social. “Queremos dejar de ser una sociedad que excluya y categoriza a las mujeres casi al nivel de prostitutas. porque así nos muestras los programas de tv (…). Hace falta revolucionar la mentalidad de la gente”. Aseguró que presentará una denuncia por programas como El Nalgómetro y Mi Recinto, que se emiten en TC. Mencionó que pese al alto rating de dichos segmentos, tienen que ser sancionados por su contenido.

Aunque aún no es un gran debate nacional el de los contenidos que producen y publican los medios de comunicación, la reflexión debe empezar a instalarse entre la gente. Y será positiva para todos, sin banderías partidistas ni ideológicas, si la hacemos con honestidad y sin defender intereses de ningún tipo.

Ese debate, que deberá ir multiplicándose en beneficio de los ciudadanos, los medios y el país, empieza a generar ciudadanos críticos de lo que dice la prensa. Empezará a generar lectores suspicaces, televidentes reflexivos, radioescuchas inconformes, cibernautas exigentes.

Por eso, la única alternativa es repensar el periodismo.

Democratizarlo. Pluralizarlo. Horizontarizarlo.

Ampliar al máximo el abanico de temas, voces y fuentes. Informar más y opinar menos.

He ahí la alternativa para los medios: abrir las ventanas y dejar que, por fin, entre aire fresco.

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Ilustración de Fabio Listrani

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