La pareja feliz. Benjamin Kanarek.

¿Es educativo, entretenido o informativo el programa “La pareja feliz”, protagonizado por David Reinoso y Flor María Palomeque y calificado como “cómico” por Teleamazonas, el canal donde se pasa esta serie local?
A nuestro parecer, la respuesta es no, y para ello nos basamos en un factor muy sencillo: el incumplimiento de los tres requisitos tradicionales para hacer comunicación social.
De ninguna manera puede ser ni educativo ni entretenido mostrar los momentos más agresivos, ridículos y monótonos de un matrimonio devenido en un espacio que degrada el amor y el compañerismo, que distorsiona la relación de pareja y no la muestra como el espacio donde priman el respeto y la consideración a quien aporta, como nadie, al crecimiento del otro como ser humano.
“Nuestra sociedad debe ubicar a la televisión como un lugar estratégico para la memoria y el encuentro, para la paz y la movilización, para la identidad y el futuro (… para) reconocer el valor del otro y dejar de lado el autoritarismo de mi propia y única verdad como criterio”, dice el colombiano Omar Rincón (1).
Si se habla de autoritarismo cuando el Defensor del Pueblo en el Ecuador dice que todos los programas de televisión de carácter degradante deberían desaparecer, incluso dos productos discriminatorios y burdos de los canales incautados por el Gobierno, como “El Nalgómetro” o “Mi recinto”, igual de “autoritario” es creer que la libertad de expresión y de prensa es poner al aire cualquier producto con contenidos de relativo éxito.
Flor María Palomeque, la protagonista de “La pareja feliz”, ha salido al paso del Defensor del Pueblo y ha propuesto una “consulta popular” para medir el rating, el interés de la gente, la cantidad de espectadores e incluso la legitimidad del espacio.
¿Una consulta popular? El país tiene asuntos muchísimo más trascendentes que debatir y resolver como para llevar a la urnas a la gente para que decida si le gusta o no le gusta ver degradados sus sentimientos, sus afectos, sus compromisos de pareja, su crecimiento como familia, su formación cotidiana como esposo y esposa, como padre y madre.
El cineasta colombiano Felipe Aljure, citado en el mismo libro, afirma que “necesitamos televisión con criterio si queremos hacer de este medio un espejo que nos diga por qué debemos dejar de matarnos y por qué debemos soñar con un mejor país”. (2)
Otros sectores, quizás los mismos que hace cuatro años venían sosteniendo que la mejor ley de comunicación “es la que no existe” porque los medios sí son capaces de autorregularse (¿Teleamazonas se autorregula al difundir ese programa?), optan por sugerir la opción más simple: cada televidente ve lo que quiere ver.
Pero no se trata de eso. Los medios, al ser un bien público y la calidad de los contenidos un derecho ciudadano, tienen la obligación de elevar su nivel y presentar programas, incluso cómicos, capaces de hacer reír sin hacer de la relación de pareja una deplorable caricatura.
“La relevancia de la información como derecho fundamental (…) la une con el desarrollo de otros derechos y la abre a la participación cada vez más protagónica de la ciudadanía (…), un derecho que respeta las libertades de los medios pero también los derechos de las audiencias al confrontarlo y articularlo con derecho como la intimidad, la honra, el desarrollo de la personalidad. (Así…,) el manejo de la información cobra otros matices y responsabilidades que no aparecían en el funcionamiento anterior de los medios (…), en donde esos medios tenían una especie de libertad absoluta que permitió, entre otras razones, la consolidación de su poder. De su poder y de su extralimitación”. (3)
David Reinoso -que incluso ha hecho publicidad para el Gobierno- y Flor María Palomeque, cuya calidad humorística en otros espacios ha sido indiscutible, tienen la oportunidad de mostrar su más alto nivel artístico y su talento, pero no apelando a la fácil salida de que “si no te gusta, cambia de canal”.
Yo los creo capaces de cambiar el eje argumental y filosófico de un programa que hoy solo alcanza a mostrar contenidos grotescos. ¿Por qué, más bien, no empiezan por ahí?
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Las citas 1, 2 y 3 pertenecen al libro “Televisión pública: del consumidor al ciudadano”, compilado por Omar Rincón (ediciones La Crujía).
Ilustración de Benjamin Kanarek

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