Segundo
No me sorprendió la actitud de miles de hinchas ecuatorianos, algunos de ellos conocidos tuiteros-futboleros y otros expertos periodistas deportivos, que se desvelaron el fin de semana pasado luego del partido amistoso –aunque ni tanto- entre las selecciones de Ecuador y México jugado el sábado 24 de mayo.
Los periodistas deportivos, ávidos de llevarse la primicia, repitieron hasta el cansancio el primer diagnóstico de los médicos de la selección luego del fatal choque entre los jugadores Segundo Castillo (Ecuador) y Luis Montes (México).
Montes sufrió una terrible fractura en su pierna derecha y quedó fuera del Mundial. Segundo Castillo, no.
Lesionado, pero no de manera tan grave, logró superar su dolor gracias a la fortaleza de su musculatura y el estado de ánimo positivo al que contribuyeron sus compañeros, en especial el capitán del equipo, Luis Antonio Valencia.
A lo largo del fin de semana y el lunes, los periodistas deportivos reiteraron decenas de veces aquel diagnóstico. Era lo único que tenían durante el sábado y el domingo y, sin embargo, lo ponían una y otra vez sin siquiera traducirlo al lenguaje común para que los que no somos médicos ni traumatólogos pudiéramos entender qué pasaba con la rodilla de Castillo.
No hicieron periodismo. Especularon a la espera de que la primicia viniera del cielo. Hicieron cálculos: ¿y si Segundo Castillo no puede ir al Mundial, qué pasará? ¿El equipo perderá a uno de sus bastiones? ¿Influirá su ausencia en el desempeño de la selección durante los partidos en Brasil? Y si no va él, ¿quién lo reemplazará?
Entre tanto, había que seguir diciendo lo único que podían decir:
“El jugador presenta una lesión incompleta de ligamento cruzado anterior, más una distensión con ligero desgarro del ligamento colateral externo y gracias a la excelente musculatura, estabilidad de la rodilla tendrá un tratamiento de tres semanas de rehabilitación, más la terapéutica indicada”. Atentamente, Dr. Héctor Bohórquez.
No había pedagogía en la publicación de un informe médico escrito en metalenguaje. De nuevbo se puso en evidencia, como dice nuestro lector Marco Núñez Cárdenas (@edmundoelpeque), “sin ánimo de ofender, la información deportiva es casi siempre incompleta y limitada” por falta de referentes, contextos, información documental…
“El mortero”, nació en San Lorenzo, un paupérrimo puerto fronterizo con Colombia, como lo llaman por su corpulencia (mide 1.80 m, pesa 75 kilos, tiene 32 años, está casado con Brenda y tiene un hijo llamado Alessandro).
De ahí surgió para jugar en grandes equipos internacionales como volante defensivo. Hoy juega en el Al-Hilal, de Arabia Saudita.
La patética telenovela que armaron los periodistas deportivos continuó el lunes. El director técnico, el colombiano Reynaldo Rueda, eligió a la selección definitiva y en ella incluyó a Castillo, de quien se espera su recuperación en dos o tres semanas.
Y entonces ocurrió lo absurdo: hubo periodistas e hinchas –los mismos que sufrieron insomnio por el estado de Segundo durante el fin de semana- empezaron a reclamar por qué llevar a Castillo si estaba lesionado y por qué no llevar a otro jugador de calidad que se mantiene en buenas condiciones.
¿No era que extrañaban a Segundo? ¿No estaban preocupados, dolidos? No, lo que les preocupaba era que tuvieron que pasar tres días, sí, tres días, para que se supiera el final del dramón armado por ellos mismos.
¿Y la primicia? Ni siquiera la tuvieron, porque el informe médico se entregó a todos al mismo tiempo.
Ahora informan todos la misma noticia: Castillo no irá al Mundial y será reemplazado por Oswaldo Minda. Punto.
Me recuerda el “amor”, con comillas, que también decían sentir por el “Chucho” Benítez cuando murió de forma trágica. El mismo Chucho al que tanto criticaban, denigraban, minimizaban porque no hacía diez goles en cada partido.
¿Amor, cariño, angustia por lo que pudiera pasar con Segundo Castillo? No, amor por la primicia, por la exclusiva, por ser los primeros en querer dar la trágica información al país futbolero.
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Fotografía: http://www.jugadoresecuatorianos.com