Joseph_Blatter_-_World_Cup_2014
Prometí no escribir más sobre Brasil 2014 para dejar en paz a todos los fanáticos e hinchas que quieren disfrutar el Mundial sin que nada les perturbara ni nadie les recordara que más allá de la cancha y los graderíos hay realidades sociales que duelen.
Pero no puedo evitar volver al tema luego de observar, con indignación, el primer partido de la Copa.
Si alguien creyó en algún momento que Croacia ganaría el partido no sabe de fútbol (igual que yo, que tampoco sé nada).
¿Invertir miles de millones de dólares y jugarse el riesgo de que Brasil no clasifique a la siguiente fase si hubiera perdido con Croacia?
Imposible.
Por eso el árbitro quiso creérselo todo. Y conspiró para pitar un penal que nunca fue penal y que se convirtió en el segundo gol brasileño.
Cómo habrán respirado de tranquilidad los grandes inversionistas, la mafia de la FIFA y los apostadores.
Pero había que redondear el sabotaje a cualquier costo. Croacia logró empatar a dos goles y el juez (¿) del cotejo de nuevo perjudicó al equipo menor. Simplemente, dijo, no fue gol.
El resto ya lo sabemos. Crocia derrumbó su ánimo y Brasil hizo otro gol, este sí legítimo, como para disimular.
Brasil, por supuesto, como dirán muchos periodistas y medios, “ratificó su favoritismo”.
Pero solamente un ingenuo o un fanático, que al final vienen a ser lo mismo, pueden pensar que es inocente un Mundial donde se juega no solo en la cancha sino donde se juega tanto poder, tanto dinero, tanta fama, tanta apuesta, tanta farándula, tanta mentira y tanta distracción como para que no pensemos en nada más, al menos un mes, cada cuatro años.
Vean, sin embargo, las calles de varias ciudades brasileñas, aún repletas de indignados ciudadanos que no perdonarán a Dilma, por más socialista que sea, que haya gastado tanto en un Mundial que quizás, como se vio hoy, le deje el campeonato, le deje la Copa, le deje ganancias para la industria, el turismo, la juerga y la prostitución, le deje una amistad eterna con la mafia de la FIFA que sabe cómo hacer para que los equipos taquilleros nunca pierdan, al menos hasta cuartos de final.
La infamia que hoy se hizo a Croacia es, seguro, la primera de las cosas oscuras que pasarán en este Mundial donde no tendrán ningún chance los equipos de países chicos o las selecciones poco marketeadas.
El aguafiestas del Mundial regresó. Y aunque me insulten, me bloqueen o dejen de seguirme en mi cuenta de Twitter, no me callaré.
Nada más humillante para quienes amamos el fútbol que, como decía el técnico croata al finalizar el partido, el Mundial se vuelva un circo donde ya sabemos quiénes son los títeres, quiénes los titiriteros y quiénes somos los incautos espectadores de esta farsa.