Enner
“Perdimos en el último minuto y eso duele más”.
“Nos sacaron del bolsillo un punto y eso será fatal para intentar la clasificación”.
“El segundo tiempo fue de muy bajo nivel, incluido Antonio Valencia que estuvo desconocido”.
“Joao Rojas, en el único buen pase que hizo Antonio, se comió el gol”.
“Suiza dominó el medio campo todo el partido y tuvimos suerte de que no hicieron goles de larga distancia…”.
Y así, al menos hasta nuestro próximo partido contra Honduras, se dirán muchas cosas del partido Ecuador contra Suiza en el debut de nuestro equipo en el Mundial Brasil 2014.
Cierto es que pasamos de la alegría a la tristeza en 70 minutos. Y por eso se justificaban los dramáticos rostros de amargura y frustración de las pocas personas que circulaban por las desoladas calles de Quito al finalizar el partido.
Mirando el paisaje humano lleno de rostros y almas grises, puse un único tuit sobre el partido:
¡Arriba, ecuatorianos. Somos un país maravilloso y creativo. Somos mucho más que un partido de fútbol y valemos mucho más que un Mundial!
La reacción de los tuiteros tardó unos segundos, pero tuve decenas de RT que apoyaron mi reflexión, porque a mí también me gusta el fútbol, me apasiona la Selección y me dolió que perdiéramos así, pero eso sucedió y había que aceptarlo.
Sin embargo, encontré también gente que amparada en el anonimato de la red social o en su amargura de famosos periodistas centrados en su extraño concepto del realismo, llegaron a burlarse del tuit.
Yo sí creo en un país de ciudadanos, no de futboleros ni fanáticos.
Un país donde estamos construyendo, con las dificultades y desencuentros que conlleva cambiar una republiqueta dominada por sus viejos dueños, una sociedad más democrática, más incluyente, más ordenada, más igualitaria, restando espacios a los obsoletos poderes y a sus armas letales (las mentiras de los grandes medios, la influencia de una banca poco santa que juega con nuestro dinero, el discurso retardatario de una iglesia conservadora en la que predomina el tenebroso Opus Dei, la posición ególatra y ambiciosa de los gremios empresariales, la visión miope de la izquierda extrema, es decir, la fusión de todos aquellos que apoyaban presidentes y que luego los botaban si no les eran serviles).
Yo sí creo en un país con grandes aspiraciones que no se quedan en su aspiración de “al menos llegar un día -como algún conformista decía en otra respuesta agresiva- a clasificar a cuartos de final en un mundial de fútbol”.
Un mundial que, de paso, está dominado por los voraces intereses de una mafia llamada FIFA, que se llevará de Brasil 4.000 millones de dólares y dejará al anfitrión con un hueco fiscal de 9.000 millones de dólares que implicará, en forma directa, más pobreza y más miseria.
Aunque algunos no lo entiendan o su odio o su ceguera no les permitan ver los contextos de una realidad nacional y regional decisiva, en otro tuit -criticado por futboleros entontecidos y por uribistas paramilitares fascistoides-, escribí que apuesto (y en eso ganamos todos, ecuatorianos, colombianos y latinoamericanos) porque perdiera la extrema derecha guerrerista de Uribe en Colombia y continuara el proceso de paz iniciado por Santos con las guerrillas de las FARC y el ELN. Ese sí es un resultado que tendrá mucho que ver con el futuro de la región. Y ahí sí, hemos ganado todos.
Me juego por contribuir, desde donde me toca, a seguir construyendo un Ecuador y una América Latina que, con todas sus contradicciones, están caminando hacia derrotar a la pobreza y hacia una dignidad que no tiene nada que ver con los dos goles con los que nos venció Suiza, sino con una dignidad relacionada con algo más de fondo: con un ciudadano más consciente de sus deberes y derechos, con una mejor educación, con una mejor atención en salud, con una mayor seguridad en las calles, con una hermosa nación y un pueblo creativo donde el orgullo vaya mucho, muchísimo más allá de una cancha de fútbol.
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Fotografía tomada de planetaamarillo.com

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