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Ofenderlo en las cuentas de twitter hasta mentarle la madre al gran futbolista ecuatoriano Michael Arroyo, integrante de la selección nacional que juega en el Mundial Brasil 2014, solamente puede ser producto de la infamia, la frustración y el odio de seres amargos y amargados.

De los mismos que insultaban con gritos racistas y discriminatorios al Chucho Benítez cuando fallaba goles y luego fingieron llorarlo (¿para limpiarse la conciencia?) como si siempre hubiera sido su ídolo y como si siempre hubieran creído en él.

De los mismos que no alcanzan a entender que el fútbol es un juego y como todo juego tiene avatares, sorpresas, inspiraciones, errores tácticos, aciertos estratégicos.

De los mismos que si fueran futbolistas y jugaran un partido en el mundial quizás no serían capaces ni siquiera de tocar la pelota por el miedo escénico de saber que existen miles de millones de personas que los están mirando.

Michael Arroyo, que estuvo a punto de convertir un golazo de tiro libre en el partido contra Suiza y que luego cometió el pecado de perder un balón, acaba de anunciar su retiro de la red social Twitter, “tras recibir críticas subidas de tono por su actuación frente a Suiza”, según explica a los medios.

La prensa refiere que “el atacante ha sido duramente criticado en la red social debido a la jugada en la que perdió el balón en el área suiza y originó el contragolpe que terminó en el gol de la victoria para los europeos”.

¿Por qué los fánaticos enfermizos, paranoicos y neuróticos, no analizan con serenidad toda la secuencia de la jugada?

¿Por qué tienen que buscar culpables a su incapacidad de entender lo que es un ser humano, con sus fortalezas y sus debilidades?

Arroyo, que juega en grandes equipos profesionales del país y de América Latina, se ha quejado de las críticas tanto a él como a Carlos Gruezo, el joven debutante de la Tri que juega en un club alemán, y recuerda, con algo de pena y rabia, que España siendo campeón del mundo perdió en su debut justamente frente a Suiza.

Añade que hay que superar las críticas y anunció “hasta hoy tengo este medio, me di cuenta que hay (que sirve) para gente mediocre”.

Y claro que hay millones de mediocres que usan sus cuentas de Twitter para ofender, para hacer daño, para calumniar, para burlarse, para ofender, para bajar al pantano de los lenguajes burdos, groseros y hasta patanes, pornográficos y morbosos, en especial los que se parapetan en nombres falsos o anónimos.

Las redes sociales (ojo, “sociales”) no deben servir para antisociales. Eso no es libertad de expresión. Eso es abuso al proyectar los peores sentimientos personales.

Yo apoyo con todo el cariño de ecuatoriano a Michael Arroyo, de quien admiro su creatividad, y respaldo a todos los que ahora nos representan en el torneo internacional futbolero, aunque sea escéptico de creer que no hay nada más importante en el planeta que este torneo.

En este blog he sido y soy crítico de los mundiales organizados por la mafia de la FIFA y he denunciado de forma reiterada la insensatez de organizar en Brasil un torneo en el que esa mafia se llevará 4.000 millones de dólares mientras el país organizador perderá 9.000 millones de dólares que pudieron invertirse en salud, educación, transporte público y servicios básicos para atender a los millones de pobres que habitan las barriadas miserables.

Pero nunca, jamás, permitiré que los cobardes y los viscerales hagan daño a un ser humano.

Hace 20 años, en el Mundial Estados Unidos 94, no existía twitter, pero las críticas de la prensa sabelotodo y de los fanáticos al autogol del defensor colombiano Andrés Escobar que devino en la eliminación de Colombia fueron tan violentas que terminó con el asesinato de Andrés cuando la selección volvió a su tierra. Esa es la pasión enfermiza y hasta criminal que combato.

Así que Michael, no importa si haces un gol o fallas un pase. Tienes mi respaldo porque ni tú ni nadie merecen que los desadaptados te traten así. Que esos desadaptados dejen el Twitter mientras no sean capaces de callar sus bajas pasiones.

Yo estoy contigo.
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Fotografía tomada de la agencia EFE