RACISMO III
¿Dida fue un arquerazo hoy gracias a mi “energía positiva”?
¿Y por qué no lo fue cuando dejó entrar el segundo gol de Suiza cuando este equipo ganó a la Tri en el último minuto del partido?
¿Por qué a Christian Noboa no le sirvió esa “energía positiva” para hacer el gol cuando estaba solo frente al arquero y por qué nadie lo ha insultado por eso?
¿Por qué no le sirvió nuestra energía positiva al extraño y desconocido (y hasta agresivo) Antonio Valencia que vimos en los tres partidos del Mundial?
Marcelo Medrano (@mmedranoh), sociólogo, analista y multipensador me decía, antes del partido de la selección de Ecuador contra la de Francia en el Mundial Brasil 2014, que si algo le parece ridículo –entre las muchas ridiculeces que hicieron este día los medios con sus programas deportivos y faranduleros, que a veces son casi lo mismo- es que nos digan que “juntemos los corazones todos los compatriotas y enviemos a los jugadores nuestras energías positivas”, en que adivinemos el resultado del partido y hasta que narremos un gol imaginario.
Yo suscribo aquello y me ratifico en que nuestra actitud, no nuestra “energía positiva” (?), tuvo mucho que ver con la eliminación.
Por nuestra inmadurez. Por nuestro fanatismo. Por nuestra irracionalidad de creer en cuentos de hadas. Por nuestra incapacidad de separar un torneo internacional de fútbol-espectáculo organizado por la mafia de la FIFA (y la Federación Ecuatoriana de Fútbol) con lo que, realmente, es el amor al país, la identidad, el orgullo, la tolerancia y el ponerse en los zapatos de los otros.
Después de todo lo que se le dijo tras el primer partido, con todo el veneno del racismo, ¿qué sentiría al salir a la cancha Michael Arroyo cuando salió a la cancha?
¿Habrá temido que si no hacía bien las cosas volverían a agredirlo por Twitter como le agredieron tras su error contra Suiza y eso no le permitió jugar mejor contra Francia?
¿Y el evidente bajón de Antonio Valencia no se debería al dolor que como afro y como capitán del equipo le causaban los mensajes racistas enviados en contra de los futbolistas por los fanáticos enceguecidos?
Racistas, sí. Porque, por ejemplo, Christian Noboa erró un gol absolutamente fácil y no he visto un solo tuit en su contra. Si era afro, ¿le hubieran perdonado? Seguramente, no. Noboa pidió en un tuit perdón por no haber clasificado. Le respondieron que no importaba, que los jugadores lo dejaron todo en la cancha. ¿Por qué no lo insultaron?
Con el mismo Alexander Domínguez (Dida) fue absurda la posición de los fanáticos twitteros.
En el partido contra Suiza le acusaron de ser un pésimo arquero por dejar libre el espacio para que entrara el delantero y nos hiciera el gol que, según la absurda lógica de quienes se hacen llamar “las voces de oro del Ecuador”, fue el que nos dejó fuera del mundial.
Pero hoy veo que los fanáticos locales se enorgullecen de que a Dida la FIFA lo declarara “el jugador del partido”. Menos mal que no cometió un error, porque de “negrito lindo” pasaba, fácilmente, a calificativos hirientes. Lo he visto en otras ocasiones, como en las que he citado en este mismo blog (ver artículos anteriores).
Quizás nunca sabremos por qué la Tri jugó mal estos tres partidos. No me sumo al fácil #lárgateRueda, porque lo ciego también es es buscar culpables fuera de nuestro ámbito. Habría que analizar con serenidad lo que hizo y no hizo el director técnico. Y lo que hicimos nosotros.
Aceptemos que fuimos ingenuos al creer que era posible ganar a Francia, excampeón mundial.
Aceptemos que ganarle a Honduras con diferencia de un gol también fue una tremenda limitación.
Aceptemos que Suiza, más allá de ese gol de último minuto, fue un equipo más compacto y sólido, con grandes goleadores que pudieron hacer más tantos.
Pero, sobre todo, aceptemos que no terminamos de entender a dónde puede llevarnos el fanatismo y la ceguera y la ingenuidad con la que creemos todo lo que nos dicen los interesados (ciertos periodistas allegados al jerarca de la FEF, a quien nunca le han criticado que pretenda quedarse en el poder para siempre, porque no les conviene, porque ellos también perderían sus privilegios).
Mi tesis es que dos factores dejaron eliminada a la Tri: el fanatismo ciego con el que creemos “amar al país” y nos hace creer que podemos ser campeones del mundo y el racismo con el que tratamos a los futbolistas afroecuatorianos, como si fueran nuestros esclavos o sirvientes.
Lo bueno es que, desde la racionalidad y la reflexión, quienes amamos el fútbol sin perder la perspectiva nos damos cuenta de que el Ecuador es mucho, muchísimo más que tres partidos de fútbol.
Y que el verdadero campeonato mundial no es el que cada cuatro años organiza la FIFA y sus sucursales locales, sino el de ser grandes seres humanos, un ejemplo de país en lo esencial: en la educación, en la salud, en las necesidades básicas de millones de pobres, en las obligaciones cotidianas, en lograr una vida digna para todos.
Aunque si nos comportamos tan irracionalmente cuando nos ponemos la camiseta de la selección en un ritual oportunista digno de mejores causas, todavía nos queda mucho para ser los mejores del mundo en lo que realmente hay que ser lo mejor del mundo.
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Fotografía tomada del diario granma.cu

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