Tin definitivo
Mienten los millones de ciudadanos ecuatorianos que se califican como tolerantes, multiculturales, anti-racistas e inclusivos.
Cualquier evento que les llame la atención sobre alguien que no es como ellos o no está a su “estatura intelectual”, hace que destapen toda su mojigatería y su discriminación y ataquen sin piedad a la persona que cometió un error.
Siempre diré que hubo mucha hipocresía en el llanto, el dolor y la conmoción que produjo hace un año la muerte de Christian Benítez, el goleador de la selección ecuatoriana de fútbol.
¿Cuántas veces en el estadio Atahualpa esos mismos que dijeron llorarlo al morir en Qatar le gritaron “negro vago” o “negro hijo de puta” y pidieron a los técnicos que lo sacaran de la cancha porque, como todo goleador, buscaba una y otra vez las anotaciones que dieran la victoria y acumularan puntos para la clasificación de la Tri al Mundial Brasil 2014. Pero, como todo goleador también, de las diez que se busca se logra una o dos.
Ahora ha vuelto a florecer el solapado racismo y discriminación de quienes decían adorar a Agustín Delgado, “El Tin”, uno de los futbolistas más extraordinarios que ha tenido Ecuador, con 31 goles en las 72 ocasiones que vistió la camiseta tricolor.
Desde el año pasado, gracias a que el pueblo de su provincia lo eligió, El Tin (39 años) es legislador por el movimiento en el Gobierno, Alianza País, en representación de Imbabura.
Me consta cómo se ha preocupado por la gente afrodescendiente. Cómo lucha porque salgan adelante los proyectos en favor de los sectores históricamente marginados. Cómo estuvo junto a Michael Arce, el joven afro que fue separado del Colegio Militar por “ser negro”, según la denuncia que reposa en la Fiscalía General y en la Comisión de Derechos Humanos.
El pasado 6 de mayo, en la sesión 227, el Tin estaba feliz. Justamente se aprobó uno de los proyectos que buscaban él y sus otros compañeros de bancada y ex futbolistas como Ulises de la Cruz: la aprobación de la Ley Orgánica para los Consejos Nacionales de Igualdad.
El Tin leyó el documento que sustentaba la aprobación, pero lo hizo mal. Su lectura fue deficiente y atropellada, a veces incomprensible, quizás mezclada con su tradicional timidez para hablar en público.
Los que se dicen tolerantes, en parte porque proclaman amar la libertad de expresión (su libertad de expresión) no lo dudaron: inmediatamente subieron a sus cuentas en la red social y convirtieron al tema en Trending Topic.
Las mofas y sátiras se viralizaron al punto de que algún desocupado se preocupó de ensamblar el discurso del Tin con una escena de ‘El Chavo del Ocho’ donde La Chilindrina’ enseña a leer al ‘Chavo.
¿Tienen derecho los miles de seudoecuatorianos de haberse burlado así del Tin Delgado? ¿No conocen sus orígenes, sus humildes raíces?
¿No saben que en los tiempos que él fue niño era usual que los pequeños crecieran en medio de un semianalfabetismo producto de la desigualdad social y el abandono en que sumieron a la educación los gobiernos nacionales y seccionales?
¿Pretenden ser mejores que el Tin porque ellos sí saben leer claro y de corrido lo único que leen, a veces el periódico y a veces cualquier porquería que llega a sus manos? ¿Creen que eso es leer?
El Tin Delgado es legislador porque así lo dispuso una votación mayoritaria de gente pobre y humilde que siempre vio en él a su referente, a un hombre que volvió a su humilde tierra para crear fuentes de trabajo y fundar una escuela de fútbol, Valle del Chota, donde puedan jugar y sobresalir los mejores talentos deportivos de su región.
Es un líder en su pueblo y para muchos ecuatorianos por su trayectoria deportiva: participó en los mundiales Corea-Japón 2002 y Alemania 2006.
Fue campeón en Ecuador con los clubes Barcelona de Ecuador, El Nacional y Liga de Quito. Consiguió un título con los Pumas en México.
Jugó en Inglaterra y logró llegar al torneo máximo de clubes del mundo como titular en el Nexaca mexicano.
En Ecuador es considerado una gloria del balompié porque es el máximo anotador de la ‘Tricolor’ con 31 goles en las 72 veces que vistió la camiseta. En Perú se le recuerda por el gol que hizo en el estadio Monumental durante las eliminatorias Corea-Japón 2002 y que llevó a la ‘Tricolor’ a su primer Mundial, donde el Tin se convirtió en héroe nacional por convertir la primera anotación de Ecuador en una justa mundialista.
No voy a poner los nombres de quienes sustentaron esta infamia decimonónica, cuando los esclavos afros no solo eran objeto de burla sino de maltratos, abusos, actos denigrantes, apelativos y apodos como si fueran animales.
Ahora, los que lo criticaron, se cuidaron de decir que “nadie desdice de su calidad como futbolista, pero…”.
Ya quisiera ver yo lo que leen estos críticos. Y eso si leen algo, porque seguro que su hobby será ver la mala televisión, esa sí denigrante, machista y racista, que tanto les gustará.
Eso es peor, mucho peor, que las condiciones en que nació y creció el Tin no le hayan dado oportunidad de formarse intelectualmente. Un colega imbabureño me escribió:
“Soy imbabureño y conocí el valle del Chota cuando la pobreza era indigna y galopante. Cuando miseria era sinónimo de sobrevivencia. El Tin, en su deprimido Valle del Chota, no conoció una escuela con varias aulas ni profesores, sino la clásica e indigna escuela donde se mezclaban todos los niños. Es el colmo que los intelectuales de hoy, los que dicen entender a la sociedad, no entiendan que el Tin es la víctima de un sociedad profundamente injusta que dejó graves secuelas”.
Pero, a pesar de eso, es un mérito que el Tin tenga la conciencia de que está en la Asamblea no para defender los intereses de los de siempre ni para leer como intelectual o como político de la vieja corruptela (¿recuerdan al letrado León Febres Cordero decir “yo hablo con documentos en mano?”.
El Tin habla, lee, se expresa como el pueblo. Véanlo en el video que grabó esta semana. Eso es dignidad. https://www.youtube.com/watch?v=rg9Wplp-xMk
Y aunque los “intelectuales”, la derecha y los caricaturistas que perdieron la sensibilidad social pretendan burlarse del Tin, él está en la Asamblea no para lucirse ante las cámaras, sino para luchar por sus hermanos afros, los más marginados a lo largo de esta vil historia ecuatoriana.