EL ESTADOUNIDENSE JOHN STANMAYER GANA EL WORLD PRESS PHOTO
Este martes 23 de septiembre, diario La Hora tituló así un episodio del caso del emblemático fotógrafo Raúl Lluno: “La Hora explica a 7 ‘manifestantes’ salida de un colaborador”.
Las comillas, de forma consciente o inconsciente, ironizaban a los colegas de Raúl, hoy aquejado del mal de Alzheimer y quien entregó al periódico 27 años de su vida.
Esos siete colegas, la mayoría fotógrafos independientes, acudieron a las instalaciones de La Hora para pedir explicaciones sobre una denuncia que hicieran los familiares de Raúl Lluno en la voz de su sobrina Natalia.
Según Natalia, primero le dijeron que a Raúl le harían una despedida “porque aparte de ser un buen compañero es un maestro en el arte de la fotografía”.
Pero, luego, Natalia aseguró que con el pretexto de que su tío se tomara 15 días más de vacaciones por su enfermedad, le dejaron fuera del periódico bajo la figura de “despido intempestivo”.
El ministro de Trabajo, Carlos Marx Carrasco, demandó que se le devolviera a Lluno el puesto de trabajo, ordenó investigar el caso y rechazó la supuesta renuncia firmada por Raúl, pues se la habría hecho en ausencia.
Entre los manifestantes (sin comillas), estuvieron algunos prestigiosos fotógrafos como Dolores Ochoa, Cecilia Puebla y Álvaro Ávila y dos dirigentes de la Sociedad de Cronistas Gráficos.
Días antes, La Hora había emitido un comunicado sobre la situación de Lluno, en el que señalaba que salió de vacaciones a mediados de agosto.
El periódico argumentó que el 28 de ese mes, la empresa recibió un documento del Ministerio de Relaciones Laborales, con el trámite # 178835-2014-GASM, notificando una renuncia presentada por Lluno ante la cartera de Estado.
Señaló, además, que el medio “jamás ha negado ningún beneficio al que como trabajador, el señor Lluno, tiene derecho” y explicó que la liquidación correspondiente se la haría en la fecha que indique el Ministerio de Relaciones Laborales.
Los 27 años que entregó Raúl Lluno al medio invitan a reflexionar acerca de cómo muchos periodistas se aferran y entregan su existencia a un medio.
Una suerte de síndrome de Estocolmo: se sienten secuestrados, pero viven en una presunta zona de confort con salario mensual y estabilidad laboral, sometiéndose -en algunos casos- a maltratos y a situaciones humanas y logísticas precarias a cambio de estar seguros con su sueldo y sus paupérrimos beneficios de ley.
He visto colegas que cuando salen del medio donde trabajan pierden el sentido de la realidad. He conocido, incluso, algunos que meses después se han dejado morir (morir de verdad) porque creen que su vida ya no tiene razón de ser sin su segundo apellido: Juan Pigüave Diario X.
Claro que estos pensamientos nada tienen que ver con la respuesta que diera el director de La Hora a los manifestantes. Según reportes periodísticos, el presidente del diario “arremetió contra los fotógrafos que realizaron una protesta pacífica en las afueras del edificio en Quito. En menos de cinco minutos se ve al directivo Francisco Vivanco tratarlos de “ignorantes”, “analfabetos” y “jetones” en un video difundido en redes sociales.
Más allá de la prepotencia que muestran esos epítetos, la reflexión nos conduce a buscar cuáles son los límites de la estabilidad laboral, de la lealtad a una compañía, de agachar la cabeza y obedecer, algunas veces en contra de la propia conciencia, a cambio de mantener el puesto o no perder el empleo.
Pero la vida y el tiempo se encargan de mostrar que no tiene sentido permanecer 20 o 30 o 40 años en empresas (cualquiera de las miles que hay en el país) cuyos fines de lucro convierten a los empleados y trabajadores en simples piezas de recambio.
En el caso del periodista, cuando empieza a envejecer o ha perdido algo de la chispa, del talento o del empuje que lo caracterizaba, un puntapié y una pobre liquidación económica terminan con una carrera que parecía eterna. Como dice la colega Marcia Barzola (@Mbarcas), “lo más criticable son las decisiones hepáticas, siempre injustas”.
Por el contrario, hay ejemplos como Natchwey (el “Kapucinski de la fotografía”), Winter, Murphi, Testino, Capa, Korda, Stanmayer, entre otros, que pueden parecer lejanos pero no son imposibles. Ellos dejan o dejaron la vida por el oficio, por el periodismo, pero no por ninguna empresa que lucra con la información.
Talvez es mejor arriesgarlo todo por intentar hacer imágenes periodísticas de excelencia recorriendo el mundo, con todo el sacrificio personal y económico que aquello implica pero con verdadera independencia, trabajando en lo que uno ama y sin depender de ningún otro interés ni poder.
Sin duda que eso siempre será mejor a esperar que una enfermedad cruel como el Alzheimer de Raulito Lluno (que no será culpa de la empresa, por supuesto) acabe para siempre con su destreza, su alegría y su vocación, sin que al medio le importe demasiado cuál será su final y hasta ironice, entre comillas, el espontáneo gesto de cariño y solidaridad de sus colegas.
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CHARLA POSTERIOR CON UN EDITOR DE LA HORA
Después de publicado este post, anoche (miércoles 24) recibí un mensaje de un editor del Diario. Según él, estoy plenamente equivocado en mis apreciaciones.
Él prefiere que no lo identifique ya que dice que las cosas están tensas fuera de La Hora y por hoy no es conveniente hacerlo.
Yo, como corresponde éticamente, doy paso a nuestra conversación.
-Estimado Rubén Darío, he leído tu post sobre nuestro querido Raulito. Por la confianza que te tengo, por el respeto que te tengo, debo decir que en cuanto al caso puntual, estás plenamente equivocado. Conoces al (periodista) Roque Rivas? Seguro lo conoces. Cuando sufrió el derrame, el doctor Vivanco pidió que se lo dejara el tiempo que fuera necesario en casa, con sueldo pagado y que cuando quisiera volver, volviera a hacer lo que pudiera. Y cuando volvió se le encargó la página Judicial, a pesar de condición, con el mismo sueldo y las mismas condiciones.
¿Sabes cuándo decidimos que Raulito ya no debía hacer fotografía? cuando le robaron en pleno centro histórico haciendo una cobertura.
-Gracias. Yo también creo y confío en tí. ¿Y entonces, por qué la sobrina de Raulito dice eso?
-¿Sabes hace cuanto tiempo tiene problemas de salud? hace cuatro años… Y sabes por qué el diario nunca intentó mandarlo??? por cariño. Está mintiendo.
Personalmente, tuve una cercana amistad con Raulito y toda su familia estaba acostumbrada a que él los mantuviera. Y cuando digo toda la familia, me refiero a esposa, hermano, cuñada, sobrinos, hija y nietos. Ni siquiera lo están haciendo atender… Veo en televisión al señor Carrasco diciendo que se le devuelva el puesto. El diario, feliz. Todos lo queremos mucho, más el doctor.
-Pero, ¿por qué el Dr. Vivanco trató así a los fotógrafos colegas? ¿Era necesario decirles todo eso en lugar de explicarles serenamente?
¿No ves en el video amarillista que arma El Telégrafo? Ya está fuera de él.
Yo estuve ahí. Estábamos reunidos la licenciada Juana López, el doctor y tres editores. Los estábamos esperando y quedamos en recibirlos de la mejor manera, invitarlos a sentarse a tomarse un café, enseñarles los documentos y explicarles todo.
-¿Y era necesario ironizar a los colegas fotógrafos con ese titular?
-Cuando vimos que llegaron, obviamente nos llamaron la atención el fotógrafo de El Telégrafo y el camarógrafo de ECTV… Pero el doctor nos dijo: vamos a recibirlos aquí y les brindamos un café. Voy a bajar y los voy a hacer subir.
Lo quisimos acompañar y nos dijo: no, nadie viene conmigo, yo bajo solo. Bajo en el mejor de los planes, los saludó y los invito. La mayoría de ellos, tranquilos. Pero Paúl Navarrete llegó desde el inicio a buscar bronca. Apuntaba con el flash a los ojos del doctor.
-Si fue así, podía el doctor mantenerse tranquilo y darles una lección. Pero más bien les hizo el juego.
-Le dijo: “No queremos entrar, tú periódico no sirve ni para madurar aguacates. Solo dinos, le vas a pagar o no?”… Y él comenzó a insultar. Hasta ahí el doctor tranquilo, pero este pana, porque era pana mío, le instigó tanto que el doctor respondió. Claro, el inicio lo borraron. En todo caso, cuando el doctor subió, le dijimos que no debía caer en el juego. Él nos dijo que es humano, y pues sí, somos humanos. Sobre Raulito, la empresa estaba organizando, como empresa, tres cosas: le iban a pagar su jubilación, su jubilación patronal… ¿Pero qué quedó para los lectores y para quiénes vimos las fotos y los videos? Además, estaban armando un fondo (la empresa) para darle a Raulito para su tratamiento. No sé de cuánto, pero se lo iban a dar. Y tercero, abrieron la posibilidad de que los compañeros que queramos aportemos a un fondo adicional con lo que podamos. Y nos iban a descontar en roles durante unos tres meses.
Todo el drama es porque la chica esta dice que aparte de la jubilación y la patronal debían seguirle pagando el sueldo sin trabajar porque él es el sustento del hogar. Luego de eso, no sabemos cómo, viene ese golpe bajísimo de El Telégrafo, que nos ha afectado a todos. A todos.
Sobre el titular. Como debes saber esa es la sección que yo edito, así que debes saber que es mi titular. No del doctor, no de la licenciada López. Mi titular.
-¿Y por qué las comillas? tú sabes bien que en ese caso, son irónicas, burlonas..
-Puse las comillas porque a pesar de que el doctor explicó desde el principio las cosas y ya había un comunicado, la mitad de ellos vino a atacar, a provocar, a agredir, con un criterio preconcebido, y no a dialogar.
-Pero son irónicas en contra de los colegas.
-No son irónicas. Es solo que no todos quienes estuvieron ahí estuvieron en solidaridad con Raulito sino para atacar al doctor buscando el video que a la final consiguieron. Y eso, mi querido Rubén Darío, según yo, es parte de la verdad que había que contarle al lector.
– Pero si es así, como me cuentas, tanto la actitud del doctor como el titular les perjudicaron a ustedes.
-Sabes por qué he rechazado entrevistas en otros medios?
-¿Por qué?
-Por el trato que tengo ahí. Por el trato que tenemos todos ahí. Y el de Raulito fue siempre el mejor ejemplo. Como tú, yo soy un amante de la verdad. Y en honor a la verdad, todo lo que se ha dicho desde la prensa oficial es una vil mentira.
Hace cuatro años, el Seguro debía darle la jubilación por incapacidad al Raulito. Pero el doctor ordenó que se lo dejará ahí, se pudiera jubilar y obtenga también la jubilación patronal. Yo no tengo problema en que pongas esta versión. Te agradezco por escuchar. Me gustaría que fuera mi nombre, pero creo que por el momento difícil que pasa el Diario no es conveniente.
Si me he atrevido a escribirte es porque me duele que se diga tanta cosa que no es. Yo, como tú, amo este oficio. Y como tú hablo desde el oficio, pero al César lo que es del César y al doctor lo han difamado en grados superlativos con este caso. Qué ha habido de bueno en todo esto? Pues en el diario todos estamos más unidos, creo que esto nos ha juntado como periodistas y como empresa.
– Te agradezco por escribirme y expresar libremente tus puntos de vista. Te mando un abrazo a ti y a los otros dos colegas a quienes respeto y considero.
-Si puedes, cuando escribas esta versión, pon que el Diario va a pagar absolutamente todo. Que siempre fue así.
-Ok, así lo haré.
-Gracias, Rubén Darío. Un abrazo también. Suerte en lo que estás haciendo.
-Gracias. Buenas noches.
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Fotografía titulada “Señal”, realizada por el estadounidense John Stanmayer, que ha ganado el World Press Photo 2014

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