Rabascall
En política, en periodismo, en comunicación y en propaganda ideológica, no todo es lo que parece, no toda víctima es tal ni cualquier prejuicio es certero.
Y en una sociedad tan polarizada como la ecuatoriana, es mucho más difícil creer que se pueda hacer un periodismo -en este caso, uno en televisión- no contagiado de esa polarización apasionada y hasta visceral que se vive en el país.
Sin embargo, Ecuador TV, canal público (es decir, no gubernamental) empieza a demostrar que sí es posible entender el aparente galimatías del título de este post: ¿hacer periodismo público en un canal público? ¿No es lo lógico? ¿No es lo que se debió hacer desde hace siete años, cuando se inauguró el canal? ¿No es obvio?
Un experto internacional en el estudio de las televisiones públicas, el catedrático colombiano Omar Rincón, asegura que la mayor dificultad de un canal público es competir con la televisión comercial (y sus chips de lo que debe ser la vida cotidiana, añado yo), a la cual los públicos están domesticados desde el inicio de la TV en Estados Unidos, Europa y luego América Latina.
La televisión pública -dice Rincón- debe tener políticas y misión claramente definidas, que busquen hacer de este medio de comunicación un dispositivo al servicio de los individuos y las comunidades en su proyecto de convertirse en ciudadanos y colectivo social (…). Se deben establecer las intencionalidades y los objetivos que indiquen adónde se quiere llevar a la sociedad a través de la TV pública…”.
Para sorpresa de muchos, en especial de quienes creen imposible que eso suceda en el Ecuador de hoy, el periodista guayaquileño residente en Quito, Carlos Rabascall, en su programa Pulso Político, viene demostrando que sí es posible hacer periodismo justo, equilibrado, sereno y, sobre todo, democrático y pluralista, en un medio público.
Lo hace en sus espacios televisivos de Ecuador TV, un canal que por su condición pertenece al Estado y, por tanto, tiene el deber democrático de mostrar el país en todos sus ámbitos y en toda la diversidad de sus pensamientos.
Rabascall, un ingeniero comercial que se inició por casualidad como comunicador en Caravana TV (un pequeño canal guayaquileño), se ajusta con ética profesional e ideológica a un principio básico del periodismo ético: no tomar partido, dejar que sus invitados se expresen con entera libertad, evidenciar sus pensamientos distintos y, al final, lograr que sea su público el que tome la decisión u opte por la posición que le parezca más ajustada a la realidad.
Así consigue lo que debe lograr todo medio público: pasar del simple y pasivo consumidor de contenidos a la construcción del ciudadano mediático, es decir, el ciudadano crítico, pensante, que toma decisiones por sí mismo. (El subrayado es mío).
Inteligente, sereno y reflexivo, el conductor se esfuerza por tomar distancia de todos sus entrevistados y no mostrar sus aficiones políticas personales, que obviamente las tiene y que las practica no en el periodismo sino en la vida diaria, de frente, con su trabajo social a favor de los más pobres, por ejemplo manejando un pequeño banco que hace préstamos a gente muy pobre, en especial del sector marginal del Guasmo, en Guayaquil.
En una entrevista realizada por diario El Universo hace casi una década, cuando inició su trabajo de comunicador, Rabascall se sorprende de la acogida que tuvo su primer programa, llamado Tertulias, y perfila lo que hasta ahora es y seguro lo seguirá siendo: aprovechar su facilidad y su carisma para llegar al público, para que la gente le crea.
Jamás ha creído en las entrevistas confrontativas en las que entrevistador y entrevistado prácticamente mantienen un debate áspero y luchan por brillar el uno más que el otro. En los shows mediáticos donde las estrellas son los entrevistadores.
Porque el periodismo no se trata de eso. El periodismo es servicio a la comunidad, a la sociedad. El periodismo es, como dicen los clásicos de la prensa anglosajona, “contar al mundo lo que es el mundo”. No influir. No empujar hacia una tendencia u otra. Solo contar. Dejar que sus invitados se expresen. Ser un auténtico mediador democrático.
Según se vio en la reacción en las redes sociales, muchas personas se sorprendieron en la noche de ayer, martes 11 de noviembre de 2014, de que en el mal y a veces perversamente llamado “canal gobiernista”, Rabascall tuviera como invitados a una legisladora del oficialismo y al secretario jurídico de la Presidencia, a un asambleísta de la tradicional oposición y a la dura dirigente de otro movimiento opositor, ex asambleísta y decana de Derecho de una universidad privada.
Los cuatro tuvieron las mismas oportunidades, con el tiempo medido, de argumentar, replicar, debatir, exponer, refutar…
El periodismo público bien hecho es un paso esencial en la construcción de una verdadera democracia, en la que todos podamos expresar con plena libertad nuestras ideas.
Y aunque a muchos sorprenda la actitud de Rabascall, quienes lo conocemos desde hace muchos años (tuve la suerte de compartir los “viernes culturales” que organizaba en La Librería, un romántico lugar de libros guayaquileño, el amigo y abogado Ramiro Cepeda).
Escuchábamos sus reflexiones y éramos escuchados por él, bromeábamos, sabíamos desde entonces el respeto profundo que tiene no solo por quienes piensan igual sino, sobre todo, por aprender de quienes no piensan como él.
Una década después de aquella entrevista en la que aún era un principiante con principios (vale la redundancia), Rabascall sigue considerándose y siendo un facilitador.
En aquella nota periodística lo dice: “Ayudo a que abra su corazón y revele los pasos que el personaje dio para llegar a donde está. Son gente de carne y hueso que enfrenta alegrías, tristezas, obstáculos y conflictos y mi propósito es dejar un mensaje motivador”.
Carlos Rabascall, antes en CN3 y ahora en el medio público Ecuador TV, se va convirtiendo en el soplo de aire fresco en medio de tanta nube gris, un soplo de aire fresco para contribuir a la construcción de una democracia más profunda, respetuosa y tolerante.
Incluso cuando ha entrevistado al presidente de la República no ha sido concesivo. Ha preguntado lo que muchos quisieran preguntar, con valentía, y ha insistido en que el mandatario le dé respuestas claras en función de su público.
Quizás con él los ecuatorianos estemos descubriendo la relevancia y la trascendencia de que un país cuente con medios públicos abiertos y plurales. Y con medios privados que hagan lo mismo y no se vuelvan cajas de resonancia de la oposición más burda.
Hay que caminar como nación hacia la madurez política e ideológica y hacia la posibilidad de que todos los actores de una sociedad cuenten con espacios para expresarse, a diferencia de que lo que muchos medios privados, llenos de revanchas y resentimientos, no lo hacen.
Carlos, sin duda, aporta a ese camino de futuro.