FOTO ERRORES DE EL PAÍS
Tomado de Red Ética Segura, de la FNPI

Treinta periodistas del diario español El País participan en un nuevo libro editado por Álex Grijelmo.
El texto, que busca convertirse en un manual de estudio para periodistas en ejercicio y en formación, explica los fallos que más lamentan estos profesionales en sus últimos años de ejercicio.
El objetivo del libro titulado ‘¡En qué estaría yo pensando! Treinta periodistas de El País explican sus peores fallos’ es pedir disculpas a los lectores del diario, y contribuir a mejorar el aprendizaje en las facultades de periodismo.
“Somos humanos y, por tanto, imperfectos. Pero al menos nosotros lo reconocemos”, afirma Álex Grijelmo, coordinador del proyecto editorial, en entrevista concedida a Hernán Restrepo, gestor de contenidos de la Red Ética Segura.
¿Cómo surgió la idea de recopilar en un libro los peores errores periodísticos de periodistas de El País?
Una de mis funciones actuales consiste en promover y editar libros bajo la marca EL PAÍS (concretamente, EL PAÍS LIBROS), relacionados por lo general con el periodismo y los temas que se suelen publicar en el diario. En ese marco, pensé que un libro sobre los errores que hemos cometido sería muy útil para los estudiantes de Periodismo (que pueden aprender de nuestros fallos) y para el público en general (que puede darse cuenta de que todos nos equivocamos y entender los procesos que conducen a un error).
¿Pretende éste ser un libro que ayude a mejorar los estándares éticos de los periodistas que lo lean?
Pretendemos mostrar que nosotros nos consideramos falibles. Si eso sirve como ejemplo a otros y los inclina a reconocer también sus equivocaciones, bienvenido sea. Desde luego, no es una conducta muy habitual en nuestra profesión.
¿Incluye el libro el error de la falsa fotografía de Hugo Chávez en una cama de hospital, que resultó ser sacada de un video de YouTube?
Se hace referencia a ello en el prólogo, y se facilitan los enlaces con las páginas donde se incluyó el error y con las publicadas después para explicar lo sucedido y pedir disculpas. No nos olvidaremos nunca de eso, pero se trata de un asunto muy conocido, muy trillado, y que se detalló en el propio periódico en su día con mucha extensión y todo tipo de datos. Usted mismo lo recuerda sin necesidad de haber leído el libro. En este caso buscábamos nuevos errores (o menos conocidos) en los que hubieran incurrido periodistas individuales, con nombre y apellidos.
¿Cómo se seleccionaron a los 30 periodistas que relatan sus desventuras en el libro?
Se explica en el prólogo. Se invitó a varias decenas de periodistas del diario, y fueron 30 los que desearon participar. Otros no encontraron errores dignos de desarrollar en un libro, otros prefirieron no difundir sus fallos y otros simplemente no entregaron el original a tiempo.
En la FNPI somos muy cercanos al maestro Miguel Ángel Bastenier, ¿podría contarnos de qué se trata el error que el confiesa en el libro?
Se refiere a un artículo de opinión titulado “El Pato que quería ser Espartaco”. Dice que abomina del periodista que fue en aquel momento.
¿Para quiénes fue escrito el libro? ¿Para profesores y estudiantes de periodismo, o pensaron en un público más amplio?
Pensamos en estudiantes de periodismo, pero también en los lectores del diario.
¿Planean hacer nuevas ediciones del libro en el futuro, añadiendo nuevos errores?
Me temo que siempre habrá material para eso…
¿Son errores individuales de los periodistas, o aparecen también errores que todo el periódico admita como colectivos?
Buscábamos errores con nombre y apellidos, y las explicaciones de cada autor.
Usted es autor de “Defensa apasionada del idioma español” y otros títulos sobre gramática y ortografía. ¿Qué tanto espacio ocupan en este libro los errores relacionados con el mal uso del idioma?
Las aportaciones se refieren más bien a excesos en los juicios, errores en los enfoques y falta de ética. Pero también hay algún texto sobre penosos errores de palabras…
¿Deja el libro algún tipo de moraleja a sus lectores?
La única posible: somos humanos y, por tanto, imperfectos. Pero nosotros lo reconocemos.
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Participan en el libro los periodistas Carlos Arribas, Francisco Javier Barroso, Miguel Ángel Bastenier, Emilio de Benito, Ramón Besa, Gabriela Cañas, Javier Casqueiro, Mónica Ceberio, Tereixa Constenla, Álvaro de Cózar, Juan Cruz, Juan G. Bedoya, Rosario G. Gómez, Vicente G. Olaya, Naiara Galarraga, Mábel Galaz, Luis Gómez, Álex Grijelmo, Vera Gutiérrez Calvo, Borja Hermoso, Antonio Jiménez Barca, Winston Manrique, Javier Martín, Walter Oppenheimer, Patricia Ortega Dolz, Francisco Peregil, Jesús Ruiz Mantilla, Javier Sampedro, Óscar Sanz y Mauricio Vicent.
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EL CASO DE LA SUPUESTA “ENTREVISTA INVENTADA”
El 18 de marzo de 2013, una suerte de acuerdo secreto en mi contra en el periódico donde trabajaba como Editor General (primer error: haber aceptado ese cargo en un diario tan inestable como una tarabita), hizo aparecer como “entrevista” un texto analítico que yo escribiera sobre el pensamiento del escritor argentino Martín Caparrós respecto del flamante papa Francisco y la presidenta Cristina Kirchner. La coyuntura era apropiada.
Como no fue posible conseguir directamente las opiniones de Caparrós -a quien lo había entrevistado en agosto anterior en una página de El Comercio-, porque al día siguiente se iba de viaje a España y la India, opté por un género que el domingo anterior había hecho con otro periodista, el venezolano Nelson Bocaranda, quien jamás se quejó del formato: un análisis con tesis mías y textos tomados de un relato de Bocaranda en un reportaje de una revista que fue citada, como corresponde.
La diferencia entre una y otra fue que en el diseño de la nota sobre Bocaranda quedaba muy claro cuándo hablaba yo y cuándo tomaba el texto de Bocaranda, con su respectivo crédito. Eso falló en el caso Caparrós y mi error fue no haber supervisado esos detalles de forma (cursivas, negrillas y blancas).
En mi vida profesional debo haber realizado unas 400 entrevistas a personajes de la política y la cultura, entre ellos la más difícil de mi carrera: la que hice para Diario El Universo a León Febres Cordero, el 2 de enero de 2004. Por nuestra antipatía ideológica mutua, la entrevista con LFC fue conflictiva y muy dura -duró cuatro horas y salió en dos páginas-, y sin embargo al día siguiente él me llamó personalmente a agradecer por la fidelidad de la entrevista, lo cual me sorprendió.
Pero eso quiere decir mucho. Jamás he tenido un solo reclamo de quienes he entrevistado y ni siquiera he cometido falta ortográfica ni tipográfica alguna. Mi trabajo suele ser impecable.
Así que lo que ocurrió con la página dedicada al pensamiento de Caparrós sobre el Papa y Kirchner fue que la Community Manager la anunció en twitter como “entrevista” y en el departamento de diseño la pusieron en escena como si fueran preguntas y respuestas, pero eran textos tomados de escritos de Caparrós en El País y The New York Times, un artículo del portal Aporrea y una reflexiones finales mías, que aparecieron como si fueran respuesta de Caparrós.
Todo eso estaba en la página, pero debo reconocer que estaba confusa por la forma en que se la diseñó, lo cual no me percaté.
Incluso, por aquella razón, se llegó a creer que la última parte, que estaba en letra cursiva y era mi reflexión final, era una respuesta de Caparrós inventada por mí.
De eso me acusaron y algunos siguen haciéndolo: de haberme “inventado una entrevista”. Me hicieron “bullying” y se lanzaron en mi contra con todas las armas, tanto del un lado como del otro. No tenía cómo defenderme. Estaba solo. Ni siquiera había Ley de Comunicación para exigir que el medio me dé espacio para aclarar.
Mi otro error fue no controlar el formato y no advertir a la periodista de redes que no pusiera “entrevista” en el twitter promocional, porque no la era. Hasta ahora, cada vez que me atacan por cualquier cosa, esta señorita hace retuit. ¿No es extraño su odio?
Tanto fue su error que en el encabezado y en la portada del periódico yo puse “el personaje”, no “entrevista”, como solía hacerlo para diferenciar entre un perfil y el otro género.
El día que salió, el directivo del Diario me felicitó por la estructura de la nota, pero al día siguiente, por presiones que nunca entenderé, fui impedido por él mismo de aclarar. Y nunca me dejó hacerlo, como correspondía por respeto a los lectores, algunos de los cuales lo exigían en las redes sociales. Semanas después lo hice, detalladamente, en este blog (mayo de 2013), reconociendo mis errores.
El ataque de tuiteros y trolls fue implacable. Más de 200 tuits ofensivos e insultantes.
Pero ningún medio ni periodista me llamó para que diera mi versión. Dos diarios me atacaron: el uno con editoriales obsesivos -creo que tres- y el otro en su presunta página de humor (presunta porque es más agria que chistosa). Ese es el periodismo mediocre que se hace en el Ecuador: nadie me preguntó qué pasó y los directivos del diario donde apareció la nota sobre Caparrós me prohibieron hablar.
Sentí que había una especie de complot para acabar con mi intachable carrera.
¿Por qué los directivos no me dejaron aclarar, pese a mis ruegos y a mi angustia por tanto ataque injusto?
¿Por qué se difundió en twitter que era una “entrevista”, lo cual nunca me preguntó la encargada de redes sociales del Diario ni tuvo mi autorización para hacerlo?
¿Por qué se la diseñó así, sin criterio para separar lo que era mío y lo que era tomado de El País, The New York Times y el portal Aporrea?
¿Por qué, mientras tanto, uno de los directivos que estaba en España ya tenía mi reemplazo como editor general, días antes de que ocurriera lo de Caparrós? (La fuente de este dato es, justamente, uno de los periodistas españoles que aparece en el libro de El País).
El diario donde lamentablemente trabajé -al cual no nombraré por decencia mía- y donde se publicó esa confusa página tiene la obsesión de que los periodistas colombianos y españoles son mucho mejores que nosotros, los subdesarrollados. Por eso no me sorprendió aquella noticia del reemplazo.
Ahora, casi dos años después, con la misma madurez y la capacidad de reírse de sí mismos con que los periodistas españoles hacen su libro, me parece ridículo y también me da risa que quienes pretenden atacarme ideológicamente no lo hagan de frente y se agarren de lo único que han hallado en mi contra, esa dizque “entrevista inventada” que yo jamás puse que era entrevista.
Y puedo decir que aunque el sabotaje para sacarme del diario les dio resultado meses más tarde, cuando renuncié (porque nunca me botaron, como dijeron algunos medios, nuevamente sin preguntar a la fuente primaria, que era yo) tengo el espíritu en paz y solo me reprocho no haberme dado cuenta de que trabajar en ese medio era (¿es?) nadar en un gris océano lleno de víboras y tiburones.
Como dice Alex Grijelmo, la diferencia entre el periodismo mediocre que hasta se jacta de serlo, es callar. Yo, en voz alta, vuelvo a escribir y publicar lo que tengo que decir, de frente. Y mucho más ahora que tengo mi propio medio, este blog digno y claro, con 20 mil lectores semanales, y no necesito de patrones.

Rubén Darío Buitrón