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Islam
Aunque los pensadores del siglo pasado, como Clausewitz, decían que “la guerra es una continuación de la política, pero por otros medios”, el gran Kapuscinski –que además de intelectual y periodista vivió de cerca muchos conflictos armados- sostuvo que cualquier hecho violento de “los Unos contra los Otros” es un fracaso no solo de la política, sino del ser humano.
El señor K., como lo llamaban sus discípulos, decía que “una guerra la pierden todos porque pone de manifiesto la incapacidad de los Unos de entenderse con los Otros, de meterse en la piel del distinto, y porque pone en tela de juicio la bondad y la inteligencia de las partes en conflicto.
En el atentado en París contra el semanario satírico Charlie Hebdo, ocurrido este primer miércoles de enero de 2015, donde murieron 12 personas, parecería que las palabras de Kapucinski se ajustan a la realidad, a esa realidad trágica donde murieron abaleados cuatro célebres caricaturistas: Bernard Verlhac ‘Tignous’; el director del medio, Stéphane Charbonnier, ‘Charb’; Georges Wolinski y Jean Cabut.
Los expertos consideran que se trata de “el atentado más mortífero cometido en Francia desde hace al menos 40 años”. Una fuente contó a AFP que “sobre las 11:30, dos hombres armados con fusiles-ametralladoras Kalashnikov y un lanzacohetes irrumpieron en la sede del semanario, en el distrito XI de París”.
El dolor y el asombro han sido grandes, pero más espeluznante es la manera en que el llamado “mundo occidental”, al enterarse que los agresores habrían gritado (nadie tiene la certeza, al menos hasta el momento en que escribo este texto) consignas como “¡Hemos vengado al profeta!” y “¡Hemos matado a Charlie Hebdo!” antes de emprender la huida.
La prensa internacional, que se supone representa a “nuestro” lado del mundo, publicó que en un video del ataque, filmado por una persona desde un tejado y publicado en la web de la televisión pública francesa, se oye a un hombre gritar “ ¡Alá Akbar! ” (Dios es el más grande) mientras disparaba.
Inmediatamente se desató en las redes sociales “occidentales” (perdón por repetir este término tan grotesco) una suerte de “islamfobia”, tendencia que las agencias internacionales lograron posicionar cuando se produjo el atentado a las torres gemelas de Nueva York, en septiembre de 2001 y que sirvió para que George W. Bush se inventara un enemigo (Irak) y lo masacrara en una invasión que dejó un millón de muertos.
La revista Charlie Hebdo había recibido amenazas en varias ocasiones desde que publicó caricaturas de Mahoma en 2006, desatando la ira de extremistas musulmanes.
En noviembre de 2011, la sede del semanario fue destruida por un incendio, calificado de atentado por las autoridades. En 2013, un hombre de 24 años fue condenado a prisión por haber instigado en internet a decapitar al director del periódico después de la publicación de las caricaturas de Mahoma.
La preocupación mayor, sin embargo, radica en que, comparativamente, nosotros somos los aparentemente civilizados (nosotros los cristianos, los católicos, los que arrasaron América con la cruz y la espada, los que exterminaron a miles de personas en Europa y América con las cruzadas y la inquisición, los pedófilos que destrozaron la psicología de tantos niños en todo el mundo, los homofóbicos, los extremistas de derecha del Opus Dei..).
Y los grandes medios internacionales nos hacen creer que nosotros, los occidentales, somos los civilizados, mientras, según ellos, el mundo árabe está lleno de terroristas y milicianos dispuestos a ofrendar su vida por defender sus creencias religiosas, en una actitud -para el “mundo occidental”- fanática.
Según ese reduccionismo, estamos focalizando el conflicto a dimensiones ínfimas en las que no somos capaces de entender que si para nosotros una caricatura puede generar polémica y enfrentamientos políticos y hasta legales, en apariencia nadie llegaría al extremo de amenazar de muerte y, finalmente, masacrar y exterminar al caricaturista.
Por eso, la mayor tragedia del caso ocurrido este miércoles no reside solo en el dolor de los familiares de las víctimas, de sus colegas y de los ciudadanos que amamos la paz, sino en que desde acá no somos capaces de entender qué lleva a dos o tres o el número que sea de individuos a tomar la determinación de actuar con tanta agresividad y violencia. Individuos que, para sumar paradojas, ahora se sabe pertenecen al Ejército Islámico, un grupo terrorista entrenado y armado por Estados Unidos como elemento desestabilizador en Siria.
LAS VÍCTIMAS
¿Qué es Charlie Hebdo? Un semanario de izquierda francés que reivindica su lado provocador y es blanco constante de amenazas desde que en 2006 publicó caricaturas de Mahoma que indignaron al islamismo.
Tras la publicación de las controvertidas caricaturas del profeta inicialmente difundidas por la revista danesa Jyllands-Posten, la redacción de la revista ha vivido asediada.
Es un semanario que no ha hecho más que defender la libertad de expresión, o simplemente la libertad“, han dicho sus defensores. Pero la última edición de la revista que salió este mismo miércoles incluyó en la portada una caricatura del famoso escritor francés Michel Houellebecq, autor de la polémica novela “Sumisión”, estrenada el mismo día, con la historia de una Francia islamizada (¿invadida?).
En 2015 pierdo mis dientes y en 2022 hago el Ramadán“, dice el escritor en la caricatura de la portada de Charlie Hebdo, cuyos números se agotaron en los quioscos inmediatamente después del atentado que dejó a Francia en shock. Otra caricatura hace decir al novelista: “En 2036, el Estado islámico entrará en Europa“. O sea, ¿ellos son los expansionistas?
En realidad, y es justo precisarlo, la revista satirizaba y criticaba a todos. Por ejemplo, una caricatura de la Virgen María dando a luz a Jesús también molestó a los católicos, pero no hasta la ira o la amenaza.
Pero, ¿la libertad de prensa es ilimitada? ¿Se puede abusar de ella? ¿Puedes decir lo que quieras y de la forma que quieras amparado en ese derecho universal? Por supuesto que no. El boomerang fue trágico para la revista.
Charlie Hebdo se mantuvo siempre fiel a su línea de conducta y aseguraba no ser un enemigo del Islam. “Hay provocación semana tras semana, pero no solo contra el Islam sino contra muchos otros temas“, decía en 2012 su director Charb, que murió en el ataque de hoy.
Según las agencias de prensa, la línea editorial es anticlerical y denuncia el orden burgués, pero busca ante todo hacer reír a sus lectores con un humor corrosivo implacable desde una óptica de izquierda radical, forjada en la presidencia del gobiernos derechista de Valéry Giscard d’Estaing (1974-81).
A lo largo de su historia, a la revista le llovieron juicios por difamación. Demandas de la Iglesia, empresarios, ministros o famosos de la farándula que eran el objetivo de sus sátiras terminaron por golpear de muerte a un semanario que en 1981, año de la elección del socialista François Mitterrand, había perdido muchos lectores.
Si bien el número de 2006 que había reproducido las caricaturas de la prensa danesa alcanzó un récord de ventas de 400.000 ejemplares, el semanario padecía dificultades financieras y en los últimos años solo publicaba unos 30.000 ejemplares.
La intolerancia de un grupo y la temeraria irreverencia de otro terminaron en una tragedia cruel que debería llamarnos a la reflexión y a la meditación.
Insistiendo con las experiencias reales de Ryszard Kapuscinski, toda posición extrema lleva a resultados nefastos.
Cuando la intolerancia es radical deviene en odio. Y el odio es la antesala del deseo irrefrenable de aniquilar a quien se le ha designado enemigo. ¿Cómo contribuye (o no) el periodismo a ese acercamiento de mundos? ¿Fomentando prejuicios, estigmas y generalizaciones como esta de la islamofobia? ¿Haciéndonos conocer esa cotidianidad? ¿Logrando que respetemos sus valores y principios? No.
El Señor K. lo dice con precisión en su obra Encuentro con el Otro:
“¿Cómo acercarse al Otro cuando no se trata de un ser hipotético, teórico, sino de una persona de carne y hueso que pertenece a una raza, que tiene una fe y un sistema de valores diferentes, que tiene sus propias tradiciones, costumbres y cultura?”.
Y concluye Kapuscinski:
“Es cierto que el Otro a mí se me antoja diferente, pero igual de diferente me ve él y para él yo soy el Otro”.
Hacer lo contrario es lanzar un boomerang con mucha fuerza. Y ya sabemos lo que ocurre después.
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Mire una entrevista a Rubén Darío Buitrón sobre el tema.

http://ec.prensadehoy.com/videos/Entrevista_a_Rubn_Daro_Buitrn__Noticiero-vidNdeqTsl6dco.html

Mire lo que dice la viuda de uno de los caricaturistas asesinados

http://www.bbc.co.uk/mundo/video_fotos/2015/01/150109_video_pareja_editor_charlie_hebdo_co?ocid=socialflow_twitter

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