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Portada LA RAZON Grecia
Atemorizados ante el incontenible avance del movimiento Podemos, una agrupación de izquierda liderada por el joven Pablo Iglesias, los periódicos de la derecha española, al igual que cientos de medios de toda Europa “occidental” (siempre entre comillas), que se jactan de su independencia, su capacidad de análisis y reflexión y su apego a los hechos, se han desnudado hoy con sus principales titulares frente al tsunami político en Grecia.
Allí, otro joven líder, Alexis Tsipras, del movimiento Syriza, triunfó ayer, domingo 26 de enero, arrasó en las elecciones parlamentarias y quedó a dos escaños de ganar la mayoría absoluta, pero tiene la suficiente fuerza moral y política para negociar la formación de un gobierno que deje de ser uno de los parientes pobres de la Unión Europea (UE) y que ya no deba acatar, con la cabeza agachada y los bolsillos vacíos, las duras condiciones que le impuso la UE para ayudar su país a salir de sus graves problemas económicos.
Los titulares con los que abren su edición tres periódicos en España muestran la manera en que la derecha y el poder tradicional europeos desprecian y temen el cambio que se viene en Grecia con un líder de izquierda radical y lo asocian, inconscientemente, a lo que podría suceder en su país con el movimiento Podemos, de la misma tendencia ideológica.
La derecha griega y los gobiernos líderes de la UE, entre los más poderosos el de Angela Merkel en Alemania, no lograron frenar a Tsipras ni a su pueblo, pese a que aquellos tienen el control de la “gran prensa”, que desató una implacable campaña de miedo frente al “avance del comunismo” (como la hace esa misma “gran prensa” en América Latina con los países de línea socialista).
No será fácil para Alexis Tsipras lo que se le viene, pero si tiene el coraje de liderar un país de 11 millones de habitantes cuya mayoría está dispuesta a jugarse el futuro de su nación, lo más probable es que transforme el destino paupérrimo al que la UE y la derecha han sometido a Grecia. Y que hasta sea el principio del fin de un modelo europeo arrogante que mira al resto del mundo (excepto a su aliado Estados Unidos) por encima del hombro.
Como dice el analista español Carlos Carnicero Urabayen: “¿Podrá el líder de un país híper endeudado cambiar el curso de una Unión de 28 países? ¿Podrá dar una patada en la puerta, en el salón de los acreedores y no bajar la mirada? ¿Será transitable la distancia entre la potente luz que irradia Tsipras y lo que esta Europa de mercaderes le deparará? Nos esperan meses emocionantes. ¿Quién dijo que la UE era aburrida?”.
Por eso los temores de la “gran prensa” que de ninguna manera tiene motivos de autoproclamarse “independiente” o “equilibrada”, una prensa que con titulares infames como el de La Razón (“Desgrecia”, en grandes caracteres) pretende confundir a sus lectores.
Según ese mismo diario, “los griegos se lanzan al abismo populista”. ¿Y dónde estaban antes? ¿En el paraíso neoliberal? ¿Con qué autoridad ética califican como “populismo” al socialismo profundo o a la izquierda radical?
Portada EL PAÍS  Grecia
Diario El País, identificado con el socialdemócrata PSOE, un partido que junto al derechista PP de José María Aznar ha llevado a España a una crisis económica y social cada vez más severa y angustiosa, es menos sensacionalista pero se convierte en futurólogo: “La victoria de Tsipras anticipa un periodo de agitación en Europa” (es decir, ¿era mejor que ganara la derecha para que nada se moviera?) y destaca, pese a su supuesta posición anticonservadora, una advertencia del presidente Rajoy (PP): “Rajoy advierte a España de no jugar a la ruleta rusa con Podemos”.
Portada de ABC
ABC, el tradicional diario conservador aliado del PP y de origen franquista, ratifica aquella intencionalidad de confundir a los ciudadanos al decir que “El populismo se apropia de Grecia”.
La UE, está visto, no solamente tiene que cambiar ciertas estructuras políticas y ciertas visiones macroeconómicas neoliberales.
También tendrá que empezar a cambiar a fondo el sentido y la razón de la “gran prensa”, a riesgo de que, si no lo hace, la gente que votó por Tsipras y que votará por Podemos empezará a exigir un periodismo que deje a un lado su temerosa y obsoleta defensa de un status-quo que empieza a hacer agua.