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Lo que diario El País hizo en su portada de hoy domingo 1 de febrero de 2015 es memorable porque es la expresión de su caída y obsolescencia: convertirse en un periódico que defiende un modelo y un sistema que ya no dan respuestas a una España que ha caído en una de sus peores crisis históricas.
La obsolescencia de los llamados grandes partidos está a la vista. Ambos fueron incapaces de enfrentar y sacar a su nación de los graves problemas económicos en que ellos mismos la sumieron: la extrema derecha de José María Aznar, representada por el Partido Popular (PP) y hoy en el gobierno con Mariano Rajoy, y el neoliberalismo-socialdemócrata del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que fracasó estrepitosamente con Zapatero y dejó que el PP volviera a gobernar.
Tanta es la incapacidad que el alguna vez icónico líder del PSOE, Felipe González, llegó a proponer a finales de 2014 un aparente absurdo que despertó a todos y desnudó la realidad: la “alianza progamática” de los dos movimientos que alternaron en el poder durante casi 30 años y que, en apariencia, eran dos propuestas totalmente distantes y distintas en su ideología y concepción de Estado.
Diario El País era la expresión mediática y conceptual del PSOE y diario El Mundo lo era del PP.
Además de los dos estaba, entre los tres más influyentes, el periódico ABC, escenario impreso de la nostalgia de las cuatro décadas, oscuras y tenebrosas, durante las que el “generalísimo” Francisco Franco convirtió a España en un Estado fascista, criminal e hitleriano.
Pero llegó una nueva generación y produjo una eclosión política que puso a temblar a los poderosos grupos económicos representados en esos partidos y en esos medios de información. Ahí están la banca, las empresas petroleras, las telefónicas y la monarquía corrupta involucrada en grandes negociados, con un rey dedicado a cazar animales en extinción en el África y a dedicar sus momentos de ocio (que deben ser muchos) en su palacio de Madrid a buscar encuentros sexuales clandestinos.
Cambiar toda esa estructura envilecida por los dineros mal habidos y terminar con la existencia de una monarquía que solo significa enormes gastos para los bolsillos del empobrecido ciudadano es lo que propone el movimiento PODEMOS, surgido desde la espontaneidad de los jóvenes que tomaron conciencia de la situación de su país y que apenas hace cuatro años protagonizaron el levantamiento pacífico callejero llamado de Los indignados.
Podemos, con líderes también jóvenes como Pablo Iglesias, logra sistematizar aquel discurso, capta el interés de los millones de españoles hartos del bipartidismo político y mediático (PSOE y PP en el gobierno y El País, El Mundo y ABC en su apresurada y ya casi inútil tarea de mantener el estatus quo).
El movimiento crece con tanta rapidez y con tanta capacidad de adhesión popular que los viejos poderes empiezan a temer lo peor: el fin de las viejas fórmulas y el renacimiento de una España cuyo sistema se adapte a los nuevos tiempos, como acaba de ocurrir en las recientes elecciones en Grecia, donde arrasó una izquierda radical decidida a dejar atrás la esclavitud económica impuesta por la Unión Europea y, en especial, Alemania.
El miedo a que los españoles repitan esa épica votación griega en los próximos comicios es revelador.
Diario El País, admirado hace décadas en el mundo de habla castellana por la calidad de su periodismo, su actitud ideológica y sus grandes plumas, ahora es poder y no quiere perderlo, aunque vive una crisis económica tan grave que ha sacado a cientos de periodistas y los ha dejado sin trabajo.
Y así se va convirtiendo en la punta de lanza de una derecha y un neofascismo desesperados, mucho más cuando los líderes de Podemos expresan su admiración por los cambios políticos y sociales que están ocurriendo en decenas de países de América Latina.
Esa decadencia de El País, esa incapacidad de leer el contexto y entender que la España con la que el periódico nació ya no es tal, se expresa en la portada de hoy, donde sus directores y editores parecerían pensar que los lectores aún somos pasivos y no reflexivos ni deliberantes. Que los lectores somos bobos.
La decadencia de El País se expresa en una portada en la que, supuestamente con sutileza, pero en realidad de forma burda, minimiza la multitudinaria concentración de ayer, sábado (unas 300 mil personas) a favor de Podemos (fue la noticia más importante del día para el mundo político, menos para El País).
Con una actitud periodística torpe la pone como segunda nota, con solo una imagen y un pie de foto, pero sobre ella coloca una nota en la que publica una investigación sobre cómo actúan y se financian los terroristas del Yihad en España.
La puesta en escena es grosera al intentar que, de forma subliminal, los lectores relacionemos terrorismo con Podemos. Y llenar de miedo a los españoles. Y evitar el voto por Podemos.
Pero más grosero aún es ponerse a pensar hasta dónde puede llegar una prensa que rompe todos sus esquemas éticos, que deja atrás su brillante historia en defensa de los intereses de una “casta” económica, política y monárquica que ya casi no respira.
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Portada de diario El País del domingo 1 de febrero de 2015

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