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Gottfried Helnwein I
Yo no soportaría que “mi” comandante me felicitara porque llevo en mi cuenta 255 asesinados por la precisión de mis balas.
No pondría en la mira de mi fusil de alta precisión a un niño ni a una madre embarazada.
No aplastaría el gatillo para sentir que limpio el mundo o mi patria, Estados Unidos, de supuestos terroristas de un país invadido por la decisión de un presidente bobo y fanático azuzado por los obesos fabricantes de armas y gigantescas empresas de sistemas informáticos y tecnológicos satelitales que permiten tener una inmensa ventaja cualitativa sobre el “enemigo”.
No aceptaría medallas del Pentágono ni de la Casa Blanca.
No sentiría haber merecido que me llamaran “Chris Kyle, el francotirador, la leyenda de Irak”.
O que llegaran a apodarme “Satán de Ramadi”, el francotirador con mayor número de víctimas mortales de la historia militar norteamericana.
Y poco después, a mi regreso a Estados Unidos, admirado por muchos, mientras mi cadáver fuera paseado con vítores y enterrado con honores en Washington, recién entendería, aunque ya será muy tarde para mi diabólica conciencia, la justa paradoja de que sin motivo aparente me disparara y matara un desquiciado y enloquecido veterano de guerra el día que fui al hospital militar de mi ciudad para que me aplaudieran él y sus compañeros.

LA PELÍCULA
El francotirador o American Sniper está basada en la novela homónima American Sniper: The Autobiography of the Most Lethal Sniper in U.S. Military History, escrita por su propio protagonista, Chris Kyle, considerado el francotirador más letal de Estados Unidos que llegó a causar la muerte de cientos de civiles iraquíes.
Desde muy pequeño, Chris Kyle se ha sentido atraído por la armas y en 1999, en un segundo intento, consiguió ingresar en la Marina de los Estados Unidos para formarse como SEAL (la principal fuerza de operaciones especiales del país).
En ese mismo año, Kyle es destinado a Ramadi, Anwar y Bagdad para combatir en la invasión estadounidense a Irak, donde sufrirá momentos aterradores que en su psiquis no será capaz de olvidar.
Según el crítico español Alejandro G. Calvo, “mientras el SEAL en el campo de batalla se descubre como un ajedrecista del rifle, además de un líder nato y futuro icono para toda la armada estadounidense, en sus regresos a casa –se alistó cuatro veces consecutivas- la película le muestra deslocalizado, como si fuera un mutilado emocional, incapaz de dejar de pensar en sus compañeros en Irak”.
Y añade: El francotirador es una loa al soldado americano medio, aquel que da la vida por su país sin preguntarse realmente si su país lo merece”.
Si bien Kyle fue un tipo polémico y psicótico, que según una investigación era mitómano, inventaba historias de su presunta valentía, escribió una autobiografía donde se regocijaba de haber matado a tanta gente en Irak y se hacía pasar por solidario con los veteranos de guerra, el director Clint Eastwood, quizás sin proponérselo, con El Francotirador hace una película sobre el olvido criminal, la invasión (que ellos llaman guerra) salvaje, la escondida ambición norteamericana por el petróleo y el genocidio infame.

APORTES:

http://www.salon.com/2015/01/23/7_enormous_lies_american_sniper_is_telling_america_partner/

http://pijamasurf.com/2011/10/la-oscura-relacion-entre-hollywood-y-el-ejercito-de-eua-el-cine-militariza-tu-mente/
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Fotoilustración de Gottfried Helnwein