Etiquetas

, , , , , ,

Peter Gric

Si en algún tema de profundo interés social aún que caminar mucho en el Ecuador, pese a los avances minúsculos que se han realizado, es en el del respeto a la diversidad sexual.

Judith Salgado, en su tesis “Derechos humanos y diversidad sexual” para la Universidad Andina, toma una cita de la ensayista estadounidense Judith Butler para sustentar la idea de que la afirmación pública de identidades lesbianas, gay y trans ha puesto en el debate la disputa por ser considerados como personas:

“La afirmación de los derechos sexuales toma un significado especial. Por ejemplo, indica que cuando luchamos por nuestros derechos no estamos sencillamente luchando por derechos sujetos a mi persona, sino que estamos luchando para ser concebidos como personas. Y hay una gran diferencia entre lo primero y lo último. Si estamos luchando por derechos que están sujetos, o deberían estar sujetos a mi persona, asumimos que la idea de persona ya está constituida. Pero si luchamos no solo para ser concebidos como personas, sino para crear una transformación social del significado mismo de persona, entonces la afirmación de los derechos se convierte en una manera de intervenir en el proceso político y social por el cual se articula lo humano”.

Este pensamiento nos lleva a preguntas que la misma autora se hace, como por ejemplo qué es lo humano y a quién se considera humano.

Señala que son preguntas y respuestas ineludibles, “pues definirán los límites de quiénes son considerados sujetos de derechos humanos en lo concreto y no en lo abstracto”.

Para aterrizar el tema en el Ecuador, Judith Salgado explora el caso de las personas LGBT donde, según ella, “existe un primer y enorme escollo para alcanzar la titularidad de derechos humanos en general y de derechos sexuales en particular”.

Esta población –indica Salgado- aún está peleando el reconocimiento de su plena humanidad, puerta de entrada a su vez para su reconocimiento como sujetos de derechos humanos en general. Su humanidad en el discurso hegemónico está aún en entredicho. El énfasis en la anormalidad, la enfermedad, la antinaturalidad, la patología, la depravación, colocan a LGBT en el ámbito de los excluidos de la noción de lo humano, con consecuencias nefastas”.

¿Por qué nefastas? Porque “las ideas predominantes sobre lo normal, lo natural, lo permitido, lo correcto, definen en la práctica las fronteras entre sujetos y no sujetos en la normativa, en su aplicación o en las relaciones cotidianas”.

Nefastas también porque los LGBT son víctimas del convencionalismo social, los prejuicios, los supuestos valores morales, la presunta “ética” conservadora reafirmada en la educación familiar, escolar y religiosa, consolidada en el torcido y morboso mensaje cotidiano de los medios de información, que narran los hechos de manera burda, irrespetuosa, estigmatizadora, escandalosa y sensacionalista cuando ha sido protagonista un LGBT, aunque no esté comprobada la relación de este con el hecho.

En ese tema coincide la visión de Judith Salgado, para quien “las transgresiones respecto a las prácticas aceptadas socialmente de con quién, donde, cómo y cuándo se desatan las sexualidades arrojan al ámbito de la anormalidad a un sinnúmero de personas y esto se ve atravesado por el género, la clase, la edad, la orientación sexual, la etnia, etc.”.

Si el dispositivo de la sexualidad –añade- crea sujetos y “no sujetos”, la lucha por los derechos humanos de los “no sujetos” se convierte en un espacio de disputa y negociación para quienes se encuentran de lado de la  heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad.

Los prejuicios que rodean a la diversidad sexual en el Ecuador se expresan, según aximox.blogspot.com, en que “en nuestro país el respeto a la pluralidad, en todas sus formas, aún no es una realidad” (y cabe precisar que este texto fue escrito en julio de 2009, hace seis años).

Leamos lo que explica aximox.blogspot.com: “Las creencias sociales que troquelan la organización de la vida colectiva estigmatizan lo distinto, lo que se aleja de la norma. Y como la norma es la relación heterosexual, las personas con un deseo distinto lo suelen reprimir, esconder o incluso, negar, hasta el punto de casarse y trata de vivir como heterosexuales”.

Son pocas las personas –añade el post- que asumen abiertamente su deseo distinto. Defender la diversidad sexual implica defender la vida democrática de nuestras sociedades. Y como el proyecto democrático, por sí solo, no genera condiciones para que exista libertad sexual, es necesario impulsar ciertos acuerdos sociales que eduquen contra la homofobia, impidan la discriminación y fomenten el respeto a la diversidad sexual humana.

La realidad contemporánea en el Ecuador es, por tanto, muy diferente a “la letra de la ley”, como diría un abogado. Uno es el discurso de las libertades sexuales y otra es la vivencia en el día a día.

El propio gobierno, que fundamenta su razón de ser en un proyecto de Revolución Ciudadana en el que todos tenemos los mismos derechos y, según la Constitución de Montecristi, nadie puede ser discriminado, no tiene una posición clara sobre el matrimonio gay y ha sido ambiguo en temas de tanta trascendencia como la despenalización del aborto, el control de la natalidad y la planificación familiar.

Al ser ambiguo, es el mismo Régimen el que deja abiertas las puertas para la homofobia (el odio o el rechazo a los homosexuales), para la discriminación a quienes optan por diversidades sexuales no convencionales, para reposicionar tesis fanáticas y extremistas como las del fanatismo esquemático del movimiento Opus Dei que, entre otras cosas, plantea que las relaciones sexuales solo deben tener carácter reproductivo, negando la posibilidad humana y natural del ejercicio del sexo como placer y como expresión de atracción, afecto o amor entre las parejas.

Esta es una asignatura pendiente para la Revolución Ciudadana. Una asignatura pendiente para la sociedad ecuatoriana.

Porque no se puede hacer una revolución verdadera si está atravesada de prejuicios contra lo diverso, que atentan justamente a la esencia de esa revolución: el sentido de la igualdad, de la equidad, del entendimiento al Otro -con mayúsculas-, aunque cueste dar ese paso histórico del curuchupismo moral intolerante a la libertad plena del ciudadano y de la persona para elegir su opción sexual.

El filósofo austríaco-británico Karl Popper, que intentó romper muchos tabúes alrededor de la convivencia y el respeto colectivos en relación con los derechos y las libertades, ya nos advirtió hace más de dos décadas de lo que podría pasar al encerrarnos en una casa de cristal para supuestamente preservarnos del “peligro” de convivir con lo que podríamos pensar que es distinto y diferente:

“Si somos absolutamente tolerantes, incluso con los intolerantes, y no defendemos a la sociedad tolerante contra sus asaltos, los tolerantes serán aniquilados y, con ellos, la tolerancia”.

Y eso nos atañe a todos.

________________________

Fotoilustración móvil: Peter Gric