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DDiArte

Con el permiso de los intelectuales y los ideólogos, tan altos en sus lecturas, y de los patriarcas de la autoayuda, tan simples en sus consejos, a veces reviso los subrayados en amarillo de mis antiguos libros y siento que mi piel de adentro y de afuera es una mezcla extraña de tantas palabras y pensamientos profundos, de tantas palabras y pensamientos automatizados o frívolos.
Los intelectuales y los ideólogos suelen (¿solemos?) mirar con desdén a quienes leen o citan (¿citamos?) a autores como Osho o Chopra o Riso o Coelho o Jodorovski.
Yo mismo lo he hecho. Pero a veces, como hoy, me encierro en mi pequeña bibloteca personal, abro un libro de Osho, tomo al azar algún párrafo con añejo tono descolorido de resaltador y alguna ingenua esperanza o sonrisa me hacen sentir mejor.
Sé que a los intelectuales y a los ideólogos les gustaría que solo hablara de Chomsky o Foucault o Baudrillard o Sartori o Eco, que son maravillosos en su teorización de los entornos del ser humano y que también aplacan mis ansiedades de explorar los entretelones de los fenómenos históricos, políticos y mediáticos.
Asumo o critico sus tesis, pero hay días tan oscuros en mi interior que un lugar común de autores casi insustanciales me tocan una media neurona, me traen del todo global y hacen que al menos por un ratito mire mi espejo más profundo.
¿Chomski leerà a Coelho? ¿Osho sabrá quién era Foucault?
No lo creo.
Pero, aún así, quiero construir una metáfora de la soledad del mundo.
No sé si tiene sentido hacerlo, mas lo intento porque veo que cada día construimos muros de desprecio y subestimación para ignorar a quienes no piensan como nosotros. O a quienes no leen lo que nosotros leemos. O a quienes no tienen nuestro “nivel” filosófico.
Unos despreciamos lo que quizás sea bueno para otros y otros subestimamos lo que parece bueno para unos.                                                                                      Quizás a ciertos lectores les parezca absurdo lo que planteo, quizás les parezca tonta o fuera de foco la comparación entre autores y contenidos, pero quiero y necesito hacerlo, porque todos los días 
me pregunto si no somos nosotros mismos, los unos y los otros, los culpables del diálogo de sordos en que se asienta (o se desploma) la era que vivimos.

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Ilustración: DDiArte

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