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Jeff Barck

Capítulo Uno.
Librimundi se retira del mercado. Diario El Comercio era uno de los accionistas.
Capítulo Dos.
Mr. Books ve una oportunidad de ampliar el mercado nacional y controlarlo.
Capítulo Tres.
Librimundi se deja absorber por Mr. Books.
Capítulo Cuatro.
Mr. Books (de la cadena Megamaxi y Supermaxi) se vuelve la dueña de Librimundi.
Capítulo Cinco.
Mr. Books, de esa manera, amplía el mercado y se vuelve un cuasi monopolio.
Capítulo Seis.
Las librerías medianas y pequeñas temen perder la escasa porción de libros importados que les llega en comparación al gigantesco número de textos que reciben las dos grandes librerías, hoy convertidas en una (¿oligopolio?).
Capítulo Siete.
Si no hay control público a los precios de los libros extranjeros en el gigantesco cuasi monopolio, los lectores y las librerías medianas y pequeñas seremos los más afectados por quienes manejan el negocio de los textos no desde el interés de la sociedad, sino desde el poder económico. 
El deber de las librerías medianas y pequeñas es trabajar junto con sus clientes. Con chispa, creatividad, alternativas, eventos, promociones, precios accesibles, novedades, y, sobre todo, cercanía mutua pero eficaz con los clientes que, más que clientes, son ávidos lectores de lo bueno.

LA CRISIS DE LOS PRECIOS DE LOS LIBROS, CADA VEZ PEOR

Desde hace años al ver las vitrinas de las librerías de mi ciudad y de algunas otras en Chile siempre llego a la misma conclusión. Los libros son muy caros”, dice un testimonio en la página http://www.taringa.net

Tener el descaro de leer a Coelho (cuando no es libro de bolsillo) cuesta 20.000 pesos, tener la indecencia de leer a Allende me cuesta unos 15.000 (aunque es fácil encontrarlos pirateados), dinero que por cierto hoy no aparece de la nada”. Cada dólar, en Chile, cuesta 522 pesos.

Quien escribe eso en Chile acusa, directamente, al gobierno de su país por gravar con impuestos a los libros, y mucho más a los libros importados.

Pero, si nos ponemos a calcular, los precios de los libros en Chile resultan casi los mismos que en Ecuador, pese a que en nuestro país, señala la página web del SRI http://www.sri.gob.ec, no hay impuestos a la importación de libros.

Según el séptimo acápite de la sección “transferencias e importaciones”, tienen tarifa cero en pago del IVA el papel bond, los libros y el material complementario que se comercializa junto con los libros.

Entonces, ¿hay impuesto al libro importado en el Ecuador? No.

¿Existe o no acá lo que en Chile llaman “impuesto al conocimiento”? Sí.

En el Ecuador tenemos la percepción de que los libros importados son caros, demasiado caros, tan caros como en Chile.

Es muy raro, casi imposible, hallar textos con precios menores a los 20 dólares.

Generalmente, un libro importado, de calidad literaria, periodística, social o científica, hecho por alguna prestigiosa editorial, cuesta entre los 20 y los 50 dólares, precios que, para muchos ciudadanos, resulta prohibitivo.

¿Hay en el Ecuador, entonces, también un “impuesto al conocimiento”, como en Chile, es decir que quien quiere ampliar sus fronteras culturales debe pagar una suerte de elevado peaje para hacerlo?

La página http://www.clubbuzzom.com establece que entre las categorías aduaneras está la F-1, que no paga impuestos. En esa categoría están los libros importados.

¿Y entonces?

Si es así, ¿cuál es la razón para que las tres grandes librerías del país (Mr. Books- Librimundi, Crisol y Española) vendan los libros a precios tan prohibitivos que muchas veces resultan inalcanzables? ¡Por qué ninguna altísima autoridad los controla?

Un solo ejemplo: Los demonios y otras crónicas (390 páginas) del periodista Jon Lee Anderson, vale 37 dólares y cuando uno pregunta por qué cuesta tanto le dicen un argumento que va de la risa al ridículo: “Porque es de una buena editorial, Anagrama de España”.

¿Es esa una razón suficientemente válida para que se ponga un precio tan alto a un libro que debería ser texto obligado de los estudiantes en facultades de comunicación y periodismo para aprender a escribir crónicas?

Y si es por el tema de derechos de autor, ¿estamos seguros de que a Jon Lee Anderson le llegará, al menos, una parte de esos derechos?

Sin encontrar ninguna explicación en “una cultura que no valora la cultura”, como dicen los chilenos, las consecuencias son muy graves en la sociedad contemporánea.

“En Chile el viejo hábito de tomar un libro se perdió, ahora todos prefieren ver la caja tonta (la tele), la cual ha idiotizado (por falta de perspectiva crítica) a más de alguno y entregado “valores” que mucho dejan que desear, además de corromper los tópicos culturales de antes, que hoy por hoy son mero mercadeo barato o parte de la llamada industria cultural masiva”.

“Con los libros a precios tan elevados ahora, la gente no lee y ha comenzado a uniformar su opinión general de las cosas. Chile entero está sufriendo las consecuencias del declive cultural, con mandatarios “inteligentes” que con este altísimo impuesto al libro están volviendo idiota a la población. Está comprobado que leer modifica las rutas neuronales del cerebro, haciéndolas más eficientes ya sea estimulándolas o protegiéndolas”.

http://girocognitivo.wordpress.com/2012/03/21 es más contundente:

¿Sabes cuánto es el impuesto al libro en Chile? Es de un 19% de IVA.
¿Sabes otra cosa? Es el más alto del mundo.
¿Sabes cuánto es el impuesto al libro en España? De un 4% (y eso que también usan el IVA).
¿Sabes cuánto es el impuesto al libro en Argentina y Brasil? No puedo decírtelo, pues NO TIENEN.
¿Y sabes cómo se demuestra eso? Ve a Argentina y busca una persona común y corriente, habla con ella y verás que el nivel de cultura y preocupación de la gente allá es más y cada día más alto. En Chile nos están haciendo idiotas en nuestras caras
”.

Si en Ecuador está ocurriendo lo mismo con los precios de los libros importados, nos preguntamos, entonces, ¿quién nos está haciendo analfabetos funcionales? ¿Quién está haciendo eso con nosotros y con qué propósito? ¿Para qué?

¿Nos están volviendo analfabetos los grandes importadores y vendedores de libros?

¿Los dueños de las librerías cuasi monopólicas?

¿Los organismos estatales que no controlan, como la pomposamente llamada “Superintendencia de Control del Poder de Mercado?

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Ilustración de Jeff Barck