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Nicola Verlato III

Barack Obama es un peón del ajedrez geopolítico que juega el gigantesco poder económico de Estados Unidos, Israel y Europa Occidental.
Barack Obama no es el presidente de los Estados Unidos.
Como diría nuestro asesinado mandatario Jaime Roldós, es otro “insolente recadero de la oligarquía”, en este caso mundial.
Como peón de ese ambicioso ajedrez, se mueve de frente o come de lado, según las órdenes de quienes lo pusieron en la Casa Blanca, pese a ser afro, para fingir que funciona el modelo excluyente y racista de la “democracia” estadounidense.
Ahora se ha movido de frente, ignorando que en Venezuela, nos guste o no el presidente Maduro, pensemos lo que pensemos de él (quizás un no-líder, un retórico que no conduce bien su proceso) gobierna un régimen democrático elegido en las urnas, igual que Obama y Bush (este último que las primeras elecciones ganó con trampa al demócrata Al Gore).
Obama ha declarado “emergencia nacional” porque, bajo los designios que cumple, declara que este país latinoamericano es “un peligro” para EE.UU.
Me parece que es al revés. Que América Latina debiera declarar la emergencia continental porque el gobierno de EE.UU. es una grave amenaza para nuestra región.
Porque, además, siempre lo ha sido.
Porque nos debe miles de muertos bajo las dictaduras militares y civiles que ha apoyado (Videla, Pinochet, Fujimori, Trujillo, Somoza).
Porque se nos llevó a Salvador Allende, a Paco Urondo, al Che, a Pablo Neruda, a Leonel Rugama, a Jaime Roldós, a Omar Torrijos, a cientos de jóvenes idealistas que cayeron en manos de la CIA, de los Rangers, de la NSA.
Porque invadió Cuba, República Dominicana, Grenada, Panamá.
Porque promueve guerras entre países hermanos.
Porque instala bases militares en territorios soberanos (antes en Ecuador, hoy en Colombia) para mantenernos vigilados.
Porque espía nuestros correos electrónicos y nos “clasifica” según lo que digamos en nuestras redes sociales.
Obama no es más que otro W. Bush bravucón, mitómano, fabricante de monstruos políticos como el Estado Islámico, al cual dice ahora combatir porque se le fue de las manos y ahora decapita “occidentales”, como a Bush se le fue de las manos Bin Laden, su exsocio petrolero y terrorista, a quien culpó del hoy misterioso ataque (?) a las torres gemelas en Nueva York.
Barack Obama es tan cínico como es cínico, mentiroso y cruel todo el aparato político de su país. La serie de Netflix, House of Cards (favorita de Obama), demuestra con rigor argumental cómo se juega el perverso y ambicioso ajedrez geopolítico interno y planetario.
Ahora las fichas se mueven contra América Latina y el peón negro viene de frente con su trofeo de Premio Nobel de la Guerra. Alistemos nuestros mejores alfiles.

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Ilustración de Nicola Verlato

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