Etiquetas

, , , ,


Alexander Jansson

Los rituales domingueros nos convierten en otras personas.

No somos los mismos que existen en la cotidianidad del lunes al viernes, en las obligaciones que toca cumplir, en los deberes que, en ciertas ocasiones, quizás no llenen nuestro espíritu.

El domingo hay más amor y solidaridad, más sorpresas y menos monotonías, más inocencia y más pasión.

El domingo hay más sentido de pertenencia e identidad. Más ternura y mucho menos estrés. Más lentitud y diálogo.

El domingo hay más reflexión, más espiritualidad. Lo lúdico se impone a lo repetitivo. El amor se impone a las relaciones obligadas(la oficina, la universidad, el trabajo con quienes no necesariamente compartes sus hábitos y conductas y éticas).

¿Cómo sería la vida si revirtiéramos el ciclo semanal?