Etiquetas

, , , , , , ,

Konstantin Alexandrof I ¿Existe alguna relación entre los nuevos aranceles o barreras contra la importación con la libertad de cada individuo para comprar lo que él quiera con su dinero?

¿La prensa y los periodistas tienen que ver con todo lo que pueda ocurrir en el futuro inmediato con la economía y la política nacionales?

Esas dos preguntas están íntimamente relacionadas y hay que responderlas con transparencia y sentido autocrítico.

La libertad de cada individuo es un derecho sagrado, pero no es absoluta porque él no está solo. Forma parte de la sociedad.

Al formar parte de la sociedad su libertad tiene que ver con las libertades de los demás que viven en su entorno, libertades que, al mismo tiempo, están relacionadas con la posibilidad de que al dejar que las importaciones inunden el mercado nacional los dólares se vayan y se ponga en riesgo ese mal necesario que sufrimos: la estabilidad financiera que trajo la dolarización.

Lo que está pasando se debe a la crisis provocada por la guerra económica entre EE.UU. y Rusia (con Ucrania y Venezuela de por medio y con Arabia Saudita, pro EE.UU., vendiendo petróleo a borbotones).

Es lo que provocó el brusco descenso de los precios del petróleo a menos de la mitad de lo que se venía comercializando, produjo un shock en los ingresos fiscales de los países dolarizados y obligó  a quienes manejan el Estado a tomar una decisión drástica que molesta a sectores acostumbrados a una vida holgada y confortable, en especial las clases media alta y alta.

Maldecir a priori la medida arancelaria es, por tanto, un acto de egoísmo, una actitud individualista, una reacción incapaz de expresar alguna brizna de solidaridad.

Primero hay que medir, analizar, mirar, observar si las consecuencias de la medida son positivas o negativas y si dan resultado, en especial si no perjudica a la mayoría de ciudadanos.

Tengo muy malos recuerdos, desde mi infancia, de las devaluaciones del sucre. Los presidentes de turno solían justificarlas con el argumento de que era necesario para equilibrar la balanza comercial, es decir, los ingresos y egresos por lo que compramos y vendemos afuera.

Esas devaluaciones terminaron, siempre, favoreciendo a los más ricos, en especial a los grandes exportadores.

Buena parte de la fortuna del padre de Álvaro e Isabel Noboa, con la venta del banano ecuatoriano en el mundo, se construyó gracias a aquellas devaluaciones.

En tiempos del sucre, cada devaluación era un golpe al bolsillo de quienes recibíamos un salario mensual fijo. Por ejemplo, esos trescientos mil sucres que recibía el empleado seguían siendo trescientos mil sucres luego de la devaluación, pero con ese mismo dinero el empleado podía comprar menos.

En realidad, devaluar era reducir los ingresos de la mayoría de la población. Devaluar era una agresión económica contra millones de familias.

Hoy, la debilidad de las medidas arancelarias puede estar en que los empresarios y productores locales, en su gran mayoría, no son capaces todavía (¿lo serán alguna vez?) de fabricar productos que compitan de igual a igual, en calidad y resultados, con alimentos y ropa y perfumes y electrodomésticos que muchos ecuatorianos ahora no pueden comprar por sus altos precios.

La libertad, por tanto, es relativa porque depende de cuánto sean los ingresos y los ahorros de las personas.

Aunque todo individuo tiene derecho a comprar lo que quiera si cuenta con el dinero para hacerlo y no le afecta el alza en los precios de lo importado, ejercer su libertad será un gesto de egoísmo, de falta de solidaridad e incapacidad de entender que lo que está pasando en el mundo en lo geopolítico y macroeconómico afecta directamente a cada uno de nosotros y a la posición que asumamos frente a esta inesperada situación.

Las nuevas medidas no tocan la libertad de quienes tienen el dinero suficiente o excesivo para disfrutar de lo que quieran sin sentir el golpe de los precios más altos.

El asunto de fondo es de quienes se sienten comprometidos con el país, más allá, incluso, de tendencias políticas, militancias e ideologías.

Los productores locales enfrentan el desafío de elevar al máximo la calidad de lo que fabrican, industrializan y lanzan al mercado.

Los comerciantes, si la medida compete a los productos que venden, están obligados a aplicar la medida gubernamental, pero no de abusar de ella para elevar los precios de productos locales que nada tienen que ver con los aranceles.

Es en momentos como el que vivimos donde el rol de la prensa queda en evidencia: los medios pueden optar por el escándalo, la crítica destructiva y la información sobredimensionada respecto a supuestos y terribles efectos de las medidas.

O pueden optar, como a mi juicio debieran hacerlo, por ponerse del lado de la mayoría de ciudadanos y cumplir con el deber de exigir la mejora sustancial de la calidad de la producción nacional, vigilar y denunciar los potenciales abusos de los intermediarios y vendedores y estar atentos a la especulación y la escasez ficticia como arma de malestar social.

De lo que hagamos o dejemos de hacer los periodistas dependerá mucho la actitud futura inmediata de los ciudadanos que no privilegian sus lujos y hábitos personales.

A los periodistas nos toca reflexionar, debatir y crear espacios mediáticos para que la sociedad discuta, critique, proponga, exprese sus miedos e inquietudes y sepa con exactitud lo que pasa en el día a día informativo y de opinión.

Esa será la forma en que mientras pocos ecuatorianos seguirán disfrutando de los lujos importados, es decir de su libertad, la mayoría de ecuatorianos encuentre maneras creativas para evitar ser víctima de los efectos de una crisis macroeconómica creada desde los más altos poderes mundiales con fines geopolíticos para asfixiar a sus enemigos.

¿Los periodistas seremos capaces de asumir una actitud consciente y una crítica constructiva o dejaremos que los grandes poderes políticos y económicos internacionales nos dicten lo que tenemos que escribir para engañarnos y engañar?                                                                                       _____________________

Imagen de Konstantin Alexandrof