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Diego Dayer I

Cuando publico textos o temas que no son políticos o poéticos siento que a pocos les importa lo que subo a mis redes sociales.
No me duele porque quiera acumular lectores ni nada de eso, sino porque llego a concluir que estamos un poco enfermos: tan politizados, partidizados, militanterizados, ideologizados, fanatizados, que solo nos importa hablar de lo mismo y lo mismo y lo mismo y lo mismo, muchas veces en contra de alguien o de algo y pocas veces a favor de alguien o de algo en el sentido de no lanzar veneno sino agua fresca para contagiar de transparencia y limpieza el debate nacional.
Mi decepción ocurre porque en el post anterior publiqué un asunto humano tan relevante como el del hombre injustamente detenido 39 años, en EE.UU., que sale sin ningún rencor contra quien lo acusó sin fundamento.
Y pienso si alguno de nosotros sería capaz de no sentir rencor por la persona que con un testimonio perverso y malicioso e infundado nos quitó la vida al enviarnos a la cárcel durante tres cuartos de nuestra existencia?
Creo que sobre estos temas también deberíamos hablar, conversar, dialogar, debatir, polemizar, pensar.
Incluso si el lector de este post no está de acuerdo y quiere mantenerse altamente politizado, hasta podríamos conversar de dos grandes referentes como Mandela o Mujica, que salieron de la cárcel inocentes y no vengativos ni viles, sin deseos de revancha sino de paz, luego de pasar tras las rejas tantos años y luego de inhumanas torturas y terribles calamidades personales.
¿Seríamos capaces? Me pregunto de nuevo.
¿No saldríamos a matar a quien nos hizo semejante daño?
¿Soportaríamos tanto dolor por una mentira?
¿No nos colgaríamos una noche de depresión con el cinturón de nuestros pantalones para morir y no continuar sufriendo por una infamia?
¿No moriríamos de nostalgia por nuestros seres más amados (la esposa-compañera), la familia, los amigos entrañables, el simple caminar por la calle, la sencilla decisión de tomarse un café en algún lugar, el ejercicio más elemental de la libertad que es respirar el aire de un espacio verde?
¿Somos indiferentes a otras realidades humanas? 

¿No estamos dejando de ser nosotros para ser un no-nosotros, para ser como quienes criticamos, aborrecemos, subestimamos, atacamos?

No estamos siendo insensibles a otras cosas que no sean lo inmediato, lo cercano, lo que más nos irrita o nos afecta ideológicamente o partidariamente?

¿No estamos perdiendo la perspectiva sobre esos heroísmos gigantescos de seres humanos ocultos en la existencia cotidiana?

¿No?

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Ilustración de Diego Dayer