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Manus StarlinPrometemos demasiado.

Somos demagogos, como los políticos que decimos aborrecer.

Decimos “yo te ayudo, hermano”, con demasiada frecuencia.

Repetimos mecánicamente “ya sabes que cuentas conmigo siempre”.

Ponemos el dedo índice de una mano y a cierta distancia de la otra persona le auguramos que “apenas sepa algo, seguro que te aviso”.

Pero nada de eso suele ocurrir, con pocas excepciones.

La mayoría de nosotros piensa en sí misma, no en los demás.

En cuidar el puesto de trabajo.

En no compartir los contactos.

En decir “qué pena la situación de tal persona” y quedarnos quietos.

El egoísmo y el culto a la individualidad son los dioses del ahora.

A ellos veneramos, aunque lo neguemos.

A ellos les entregamos ofrendas, como si fueran milagrosos.

A ellos elevamos altares secretos en nuestro corazón.

Y nos consumimos en nosotros mismos.

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Ilustración de Manus Starlin

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