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Arkadiusz Branicki

Dejar que se marche o pedirle que se vaya de tu vida a una persona que supuesta o realmente te quiso o te quiere es un acto de valentía.

Y es un acto de reflexión.

Y es, sobre todo, un acto de libertad.

Ahora que se ha ido eres -o te sientes- un solo pan.

Y podrías llegar a creer que eres un solo pan en apariencia estéril, no fecundo, no nutritivo, un pan para guardar las apariencias ante tu estómago. Inútil. Imposible de multiplicarse.

Pero mantenerte junto a una persona que te hace daño, que te contagia de sus basuras mentales, es un acto de autoencadenamiento.

Es voluntad de sufrir, como si estuvieras en esta vida para atormentar tu cotidianidad.

Es cobardía para cortar lazos que se vuelven nudos.

Es rendirte frente al prejuicio social que esconde peores crisis, situaciones o estados de vida que la que tú crees atravesar y que la que tú crees debiera ser objeto de vergüenza.

Es subestimar tu capacidad de reconstruir la existencia.

Es no mirarte al espejo y valorar el inmenso caudal de maravillas que tienes dentro.

Porque las tienes, ¿verdad?

Porque eres un ser humano único, ¿o no?

Porque has sido capaz de diseñar tu futuro y caminas en esa dirección, ¿o no?

Porque el amor solo tiene sentido si es una construcción de dos, no de uno. Si es solidario. Si es tierno. Si es una mano que te levanta cuando estás en el piso. Si es la palabra que te da alas.

Porque la atracción física o sexual no es suficiente para hablar de amor.

Porque estar junto a quien te vacía de sentidos es ser tu propio inquisidor.

Dejar que se marche o pedirle que se vaya a una persona que supuesta o realmente te quiso o te quiere es un acto de valentía.

Y es un acto de reflexión.

Y es, sobre todo, un acto de suprema libertad.

Porque esa libertad deberás administrarla solo tú.

Y en ese singular ejercicio de libertad individual lo más probable es que aparezca alguien con la misma determinación para ejercer su libertad individual.

Y entonces, si así lo decides, ya no serás una.

Serás dos.

Y te multiplicarás. Y le multiplicarás.

O, simplemente, te multiplicarás tú.

Como la parábola.

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Fotoarte de Arkadiusz Branicki

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