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Wlado Cristo del Consuelo II

La pluma, los pinceles y la paleta de Wladimir Torres, de este inmenso y estremecedor Wlado, se convierten esta mañana en una cámara, en filtros, en sofisticados lentes, en fotómetros.

Pero, sobre todo, en sensibilidad, la herramienta más difícil que maneja un artista, un pintor como es él, un fotógrafo como es él, un artista como es él, un observador como es él.

Y va y llega y se confunde entre la gente y es uno y es otro porque tiene la capacidad de percibir situaciones insólitas desde adentro y desde afuera, en avistar escenas que pasan en instantes y que no vuelven y que él tiene que capturarlas en una centésima de segundo para que permanezcan para siempre en el corazón, no en los ojos, de quienes sentirán en su estética o en su espiritualidad o en su escepticismo o en sus creencias.

La procesión del Cristo del Consuelo es un pretexto de Wlado para sentir y hacernos sentir más humanos, menos encerrados en nosotros mismos, capaces de saber que sí es posible sentir que alguna solidaridad aún nos atraviesa el alma, que alguna certeza aunque sea estética te deja la semana santa gracias a aquellas pinturas y escenas que sólo él es capaz de dibujar con su cámara como si lo que nos deja fueran sentimientos y no simples fotografías.

Wlado es también un penitente de la procesión, un hombre que requiere pronunciar alguna plegaria, que quizás tiene poco por agradecer y mucho por pedir o al revés, pero que está ahí.

Está ahí también mojándose de piedad, de dolor, de arrepentimiento, de esperanza, de fe, de futuro, aunque él no aparezca en ninguna de sus conmovedoras y tan cercanas escenas de la cotidianidad misteriosa, silente, secreta y sufriente de un viernes santo.

Al día siguiente leo las crónicas y miro las fotos de las procesiones en Guayaquil y Quito. No hay duda de lo que Wlado nos mostró con sus fotografías: mientras más pobre, enferma, hambrienta o llena de carencias es la gente, mayor es su desconocimiento de que la realidad no cambia porque “Diosito lo quiere”, sino porque uno la transforma.

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Fotografía de Wlado (Wladimir Torres)