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Formación del periodista froto El País

Por Miguel Ángel del Arco, periodista, doctor en Periodismo y profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid.

“El periodista es un cazador furtivo en todas las ramas de las ciencias humanas”, dijo Ryszard Kapuscinski.

Y aconsejaba estudiar antropología, sociología, ciencias políticas, psicología, literatura, “porque en este oficio el estudio nunca acaba”. Se refería a la preparación que debía tener todo buen periodista.

Seguramente, el gran periodista polaco no estaba pensando en la universidad ni en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) ni en acreditaciones académicas.

Hablaba solo de la apropiación de sabiduría, del almacenamiento de conocimientos profundos, de la preparación ideal. Ni siquiera entraba a lidiar en el pulso entre academia y medios sobre si el periodismo se enseña o se aprende.

En América Latina, como en Europa, las universidades están llenas de estudiantes que sueñan con ser periodistas.

Como en España, salen hornadas de licenciados, graduados, allí egresados, que no van a encontrar trabajo fácilmente porque los medios no pueden acoger tanto joven recién salido de las facultades.

Sin embargo, las vocaciones siguen creciendo y las matrículas siguen aumentando, de modo que proliferan las facultades que preparan periodistas.

En un cálculo un poco perverso se fue imponiendo la Comunicación con el argumento de que si no hay salida laboral para el periodismo, sí para la comunicación, que tiene más posibilidades.

De manera que las instituciones han ido añadiendo más apellidos: Comunicación Social, Comunicación para el Progreso, Comunicación y Desarrollo… La pregunta que se impone es qué estudian exactamente.

Porque esa visión del progresivo avance de la Comunicación sobre el Periodismo hizo escribir a Gabriel García Márquez que “tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo”.

Argentina y Brasil fueron los primeros países del continente que incluyeron el Periodismo en el sistema universitario, en la década de los años 30 del siglo XX,  aunque aparece fechado que fue la Universidad Javeriana, en Colombia, la primera en ofrecer estudios de Periodismo en 1935. Desde entonces hasta hoy, ¿quién marca la pauta?

En 2007, la Unesco anunció que a lo largo de los últimos años se ha registrado un rápido crecimiento del número de medios de comunicación en los países en desarrollo y en las democracias emergentes y que, “ante un mayor reconocimiento de la crucial función del periodismo en el impulso de la democracia, se ha generado una gran demanda de periodistas con un buen nivel de formación”.

Los parámetros de la Unesco

En diciembre de 2005 convocó una reunión consultiva de expertos en París, seleccionó a profesores de Periodismo de África, Asia, Europa, Norteamérica, Sudamérica y Oriente Próximo con experiencia laboral en países en desarrollo o en democracias emergentes y se les encomendó la redacción de un borrador.

En una segunda reunión consultiva de expertos se seleccionaron planes modelo de estudios, con el objetivo de completar el documento de cara a su presentación oficial en el Congreso Mundial sobre Enseñanza del Periodismo, en Singapur, en junio de 2007.

El plan modelo resultante planteaba –siguiendo la tradición norteamericana y europea– una formación en periodismo combinada con otras disciplinas y ciencias humanas y sociales, a fin de abrir más posibilidades a la reflexión crítica y al análisis de contextos.

Buscaba desarrollar en el estudiante:

  • La capacidad de redactar con claridad y coherencia, valiéndose de procedimientos narrativos, descriptivos y analíticos.
  • El conocimiento de instituciones políticas, económicas, culturales, religiosas y sociales nacionales e internacionales.
  • El conocimiento de asuntos y cuestiones de actualidad y nociones generales de historia y geografía. 

En 2011, un nuevo planteamiento de la Unesco se enfoca en que “el estudiante tenga un conocimiento general, es decir, que no tenga solo destrezas periodísticas, sino también una sólida cultura general y una educación interdisciplinaria”.

En 2013, la Unesco lanzó diez nuevos programas de estudios especializados denominados Plan modelo para la enseñanza del periodismo, que tenía por objeto rellenar la brecha de conocimientos especializados que requieren los docentes de Periodismo para responder a los nuevos desafíos: sostenibilidad periodística, extracción de datos, diálogo intercultural, comunicación global, crisis humanitarias, tráfico humano, participación comunitaria, ciencia, bioética e igualdad de género.

Entiende la ONU que el objetivo básico de los periodistas es servir a la sociedad informando a la ciudadanía, interrogándose sobre el modo en que se ejerce el poder, favoreciendo el debate democrático y, con ello, contribuyendo al desarrollo político, económico, social y cultural.

Según ese planteamiento, la enseñanza tendría que aportarles los conocimientos y la formación necesarios para reflexionar sobre la ética periodística y las mejores prácticas en el periodismo y debería prepararlos para adaptarse a las transformaciones tecnológicas y a otros cambios en los medios.

Aconseja estructurar la enseñanza de Periodismo en las universidades en torno a tres ejes curriculares:

  1. Un eje que comprendería las normas, valores, herramientas, criterios de calidad y prácticas del periodismo.
  2. Un eje que incidiría en los aspectos sociales, culturales, políticos, económicos, jurídicos y éticos del ejercicio del periodismo, tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales.
  3. Un eje centrado en el conocimiento del mundo y las dificultades intelectuales ligadas al periodismo.

El primer eje prepara a los estudiantes para informar, escribir y editar, el segundo eje clarifica los contextos institucionales y sociales en los que se desenvuelven los periodistas y el tercer eje sitúa a los estudiantes ante el saber moderno.

Las escuelas de Periodismo y Comunicación Social en América Latina, que siguen los parámetros de la Unesco, se diversifican y amplían con el nacimiento de universidades privadas y cooperativas de educación.

En el contexto que exige mayor competencia, los graduados en Periodismo llevan consigo al mercado laboral el prestigio de su institución y los contactos que esta ha facilitado. Ahí la importancia de elegir una universidad con credenciales internacionales de evaluación.

El mapa de la enseñanza

En 2009, la Unesco publicó un informe realizado por la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (Felafacs) titulado Mapa de los centros y programas de formación en Comunicación y Periodismo en América Latina y el Caribe.

En él se analizaban los retos de la formación de los profesionales y se señalaban las universidades latinoamericanas acreditadas para la enseñanza de esta carrera. Según el informe, el propósito de la acreditación era asegurar que la oferta académica de las instituciones hubiera alcanzado un nivel aceptable de calidad.

La acreditación es el proceso a través del cual una agencia o asociación legalmente responsable otorga reconocimiento público a una escuela, instituto, colegio, universidad o programa especializado que reúne estándares educativos y calificaciones previamente establecidas.

Una de las conclusiones señalaba a Colombia como el país con mayor número de instituciones acreditadas, seguido de Chile y México.

La Felafacs agrupa a 200 facultades y escuelas de Comunicación de 23 países de América Latina y está reconocida por la Unesco desde 1987.

Fue creada en 1981 para contribuir al desarrollo de la enseñanza y práctica profesional de la comunicación en sus diversas áreas. Están representadas facultades y escuelas de universidades públicas y privadas.

La información, la investigación, la cooperación internacional, los servicios a terceros y las iniciativas que contribuyan a mejorar la comunicación en una perspectiva de desarrollo integral en América Latina son sus líneas estratégicas de trabajo.

Del informe salió un mapa completo que identificaba facultades, escuelas, institutos de comunicación y centros de formación no universitarios, así como los programas que cada uno ofrecía en coordinación con los ministerios de Educación de cada país.

La tesis del informe sostenía que el papel fundamental del periodismo en el impulso de las democracias ha generado una demanda imperiosa de periodistas y comunicadores con un alto nivel de formación.

Calidad de la enseñanza

El informe Unesco-Felafacs indica que el carácter público o privado de las instituciones de enseñanza tiende a marcar significativamente la calidad de la formación de comunicadores y periodistas.

Las universidades públicas parecen mantener el prestigio con los años y tienden a invertir en investigación, aunque en muchos casos se encuentren muy masificadas y en constante crisis; mientras las privadas invierten en equipos e infraestructura, descuidando muchas veces el área académica.

En Centroamérica y el Caribe, las diferencias en la calidad de enseñanza de la Comunicación y el Periodismo parecen marcadas por criterios de antigüedad, trayectoria académica de las instituciones y sus alianzas internacionales.

En la Región Andina, la calidad de la enseñanza es muy desigual. Las diferencias parecen marcarse por su carácter público o privado (incluso, muchas veces con legislaciones diferenciadas) y por la ubicación geográfica de las universidades: las capitalinas, con mucho mayor acceso a recursos. Así que son estas las que tienden a contar con programas de enseñanza de mejor calidad.

Se trata de universidades con fines de lucro, gestionadas para la consecución de intereses económicos inmediatos. El 70 % de las facultades de Comunicación son de carácter privado, pero albergan a una población educativa mucho menor que las universidades públicas. Estas están muy masificadas y han ido perdiendo posicionamiento social debido a su “administración caótica y politizada”.

En el Cono Sur se produjo desde los años 90 una multiplicación de programas de Comunicación y Periodismo, sobre todo en instituciones privadas que fueron respondiendo a las demandas del mercado en términos de profesionalización.

En México, las instituciones educativas que enseñan o que tienen programas de licenciatura en Comunicación ascienden a 1.006; es decir, una evidente sobreabundancia de escuelas y programas. Una oferta que ha aumentado rápida y significativamente sin registro ni control alguno.

En México, la oferta educativa en Comunicación y Periodismo se encuentra enormemente especializada, lo que implica la producción de perfiles profesionales de comunicadores muy diversos, hasta el punto de que se ha detectado un descenso en la elección de la carrera de Comunicación ante la aparición de carreras afines y ofertadas de modo atractivo como: Diseño Digital, Comunicación Multimedia, Producción Televisiva, Entretenimiento, Relaciones Públicas, Cine, Comunicación y Cultura, Tecnología Educativa…

Brasil resulta ser un mosaico marcado por grandes diferencias, a pesar de que, desde 1982, el Ministerio de Educación impuso un currículo mínimo a fin de normalizar la enseñanza de la Comunicación. Se aprecian las desigualdades en la calidad, estructura, formato de los cursos y metodologías de enseñanza. Lo que responde a dos variables principales: acceso a tecnología y régimen de dedicación de los docentes. La calidad resulta superior –en términos generales– en las regiones del sur y sureste y en las universidades públicas federales, en las que se encuentran excelentes centros de enseñanza. A la vez, hay escuelas que adolecen de infraestructuras mínimas y solo cuentan con profesores contratados por horas, que deben trabajar en condiciones muy precarias, a menudo solo con “pizarra y tiza”.

Demanda y oferta: salidas laborales

El estudio de la Unesco se dedica a la salidas laborales de los graduados o licenciados, los egresados, que es bastante diferenciada por regiones y países. Se indica que un sector reducido de egresados en América Latina accede a puestos de alta productividad, estando en mejores condiciones los de universidades privadas o de universidades públicas antiguas o las que cuentan con sólidos contactos con el mundo empresarial.

En la Región Cono Sur parece que hay una importante demanda de egresados orientados a la gestión de la comunicación para empresas, consultoras, entidades gubernamentales, poderes locales, organizaciones políticas e incluso entidades de la sociedad civil.

En Países Andinos, los egresados de Comunicación deben competir en desventaja con administradores, especialistas en marketing e ingenieros industriales. Las universidades y las facultades que forman comunicadores están preocupadas por la brecha que se evidencia entre los intereses de los estudiantes, de las instituciones y de sus profesores.

En Centroamérica y el Caribe, un porcentaje significativo de egresados no logra conseguir puestos de trabajo acordes a su formación en comunicación o periodismo, empleándose en puestos vinculados a las ventas, mercadeo, relaciones públicas y gestión de imagen.

En Brasil se ha intentado acercar las necesidades educativas a las demandas profesionales y sociales. Para ello, se han desarrollado proyectos de integración entre la enseñanza y el área profesional, principalmente en periodismo, publicidad, relaciones públicas, cine y audiovisuales.

En la regiones Andina, Centroamérica , el Caribe y en México, las instituciones de enseñanza de Comunicación cuentan con escaso presupuesto, debido –entre otros factores– al inestable posicionamiento de la carrera frente a otras disciplinas tradicionales, la precariedad de las condiciones de empleo de los profesores y la lenta y difícil puesta al día de los planes curriculares.

Caso contrario ocurre en el Cono Sur y la Región Brasil para las universidades privadas que mostraron un proceso de inversión en equipos e infraestructura e innovación de los planes curriculares. Las universidades públicas en estas dos regiones tienden a mantener un alto grado de prestigio y son las que más revistas académicas en comunicación publican o más investigaciones desarrollan.


Carencias y obstáculos

Los perfiles en la formación son variados y no responden, en general, a estudios del medio local, regional o del país, sino a necesidades y modas del momento. En Bolivia, el peso de los temas sociales e históricos –propios de las ciencias sociales– es mayor en las universidades públicas.

Una de las debilidades que afectan la calidad de la enseñanza en Comunicación recae principalmente en la sobreabundancia de escuelas y programas.

Otra debilidad es que está considerada una disciplina ligera, apta para quienes no desean tomar en serio su formación profesional y que las universidades e instituciones educativas la empleen como espacios para engrosar sus filas de matriculados, dejando en libertad a otras carreras para aumentar sus niveles de exigencia.

La extensión y crecimiento de las facultades de Comunicación se expresa también en la especialización. Fue en los años 70 del siglo pasado cuando se pasó de la formación de periodistas a la de comunicadores sociales.

A partir de los 90, crece la especialización en campos como el periodismo (económico, ambiental, político, espectáculos, deportivo), el audiovisual (radio, cine, televisión), la comunicación institucional, empresarial y de desarrollo, así como el digital.

El organismo integrador es la Red Iberoamericana de Acreditación en Calidad de la Educación Superior (Riaces), que propicia el encuentro entre los estándares de calidad definidos por cada institución y acompaña el desarrollo de los procesos de aseguramiento de la calidad en los diferentes países que la conforman para gestar la movilidad y conexión, al igual que Europa, entre los diferentes sistemas educativos.

La tarea que actualmente desempeña la Riaces es el intento de búsqueda de la consolidación de un espacio de Educación Superior, similar a la Declaración de Bolonia en Europa. Sin embargo, los procesos de acreditación en calidad aún se encuentran en un nivel incipiente.

Otro medidor es el Claep, dedicado a fomentar y promover la excelencia en la enseñanza profesional del Periodismo y la Comunicación.

Fue creado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Se interesó por la formación en Periodismo en el continente y en 1995 sentó las bases de lo que después se convertiría en un sistema de acreditación internacional para los programas universitarios, con la participación de académicos y profesionales de los medios de comunicación como pares evaluadores.

El Consejo se creó con la idea de “promover una capacitación más práctica, profesional y multidisciplinaria”. Y considera que los alumnos de las universidades que cursan una carrera de Periodismo pueden prepararse mejor en el ejercicio profesional si la institución se rige por estándares internacionales de calidad específicos para la educación en Periodismo y Comunicación.

Para cumplir esta meta, el Consejo establece requisitos y estándares y ofrece un programa voluntario de evaluación dirigido por profesionales y académicos para otorgar la acreditación a aquellas entidades que cumplen con esos estándares.

También ha tenido un papel fundamental en el proceso de institucionalización de los estudios de la Comunicación en América Latina otro medidor: el Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (Ciespal).

Creado en 1959 en Quito (Ecuador), se puso verdaderamente en marcha en 1960. Igualmente con el apoyo de la Unesco y la Organización de los Estados Americanos (OEA), orientó sus trabajos en tres áreas: enseñanza del periodismo y la comunicación, documentación e investigación.

Al principio, Ciespal centró sus funciones en el asesoramiento, capacitación y formación de especialistas y profesores latinoamericanos dedicados a la enseñanza del periodismo y los medios de información. A la vez, producía material de enseñanza y trataba de incrementar la difusión y la producción de conocimiento del campo de la comunicación en Latinoamérica.

Se han ido creando malentendidos y enfrentamientos por la progresiva asimilación o sustitución entre Comunicación y Periodismo.

Fueron las escuelas norteamericanas las que cambiaron el título a los estudios de Periodismo, pero la homogeneización más rápida se produjo en América Latina, a finales de los años 60 del siglo pasado.

En un artículo de 2012 se muestra la evolución de las escuelas de Comunicación en Latinoamérica entre 1940 y 2005. Lo más significativo es el paso de las tres que había en 1940 a las 1.742 en 2009.

Si en España el modelo son las facultades –con un reparto cercano al 50 %: 21.204 alumnos matriculados en el curso 2012-2013 en el primer caso y 18.385 en el segundo–, el escenario en Latinoamérica es más complejo.

Lo es por la mixtura con que las entidades universitarias han enfrentado los términos comunicación social y periodismocasi desde el principio de la formación de estos profesionales.

La educación de los periodistas ha estado marcada por una convivencia continua entre las técnicas de reportero y la comunicación. En la mayoría de los países latinoamericanos se considera al periodista como un comunicador social. Así es el título que les define y así se llaman las facultades de donde salen.

Es precisamente uno de los principales objetos de controversia entre quienes estudian el periodismo latinoamericano: qué se entiende exactamente por dicha disciplina.

Entre el catecismo de la Unesco y el nombramiento de los estudios universitarios caben todas las confusiones.

Pero la discusión viene exactamente desde la década de los 70, cuando Ciespal propuso homogenizar los programas universitarios en Periodismo con el rótulo genérico de Comunicación Social.

“Ciespal comete la equivocación de transformar las escuelas pioneras de Periodismo en Facultades de Ciencias de la Información, sin evaluar la coyuntura internacional y sin observar la naturaleza de los modelos vigentes en las sociedades capitalistas avanzadas”.

Como consecuencia se crearon “guetos comunicológicos” en las universidades, que en los años 80 “convirtieron las escuelas de Comunicación en fábricas de desempleados”.

Daniel Samper Pizano entró en esta polémica el 26 de enero de 2012, en el marco del Festival de Cartagena de Indias, en Colombia. “

Tengo la idea de que lo que siempre llamamos Periodismo, en un momento dado se resolvió subirlo de estatus y ponerle corbata… Entonces se llamó Comunicación Social. En aras de una discusión razonable, es evidente que hay otra serie de carreras como la Publicidad y las Relaciones Públicas que podrían considerarse Comunicación Social y, por lo tanto, serían hermanas de Periodismo”.

Añade que la decisión de elevar el Periodismo al rango de Comunicación Social implicó que no se produjeran ni comunicadores, ni periodistas, ni publicistas, ni relacionistas, sino comunicólogos, “una gente tan experta en Comunicación Social que de lo único que podía vivir era de enseñar Comunicación Social. Estas universidades fabricaban, entonces, profesores de Comunicación Social, ninguno de los cuales era capaz de escribir una noticia”.

Samper coincide con lo que escribió García Márquez en su mítico discurso El mejor oficio del mundo: “En su expansión se llevaron hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama Periodismo, sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social”.

Para el nobel colombiano, el resultado no es alentador, aparte de considerar la idea de la Comunicación Social como “la plaga de las facultades iberoamericanas”.

El mapa resultante ha creado itinerarios seguidos por una buena parte de las universidades del continente –en concreto, 450 facultades afiliadas de 22 países actualmente–, en un proceso lleno de debates a veces enconados y, según indican algunos estudiosos: “Ha producido perfiles profesionales difusos o en conflicto, proyectos formativos indefinidos, apertura desmedida de programas de formación, teoricismo, formación generalista sin dominio del oficio, prácticas desarticuladas del entorno social, perfiles polivalentes, reducción de la comunicación a medios y de medios a tecnología”.

La indefinición persiste en buena parte de las instituciones universitarias, lo que lleva a que se establezcan dos polos entre teóricos y prácticos: como afirma Claudia Mellado, hay quienes consideran que la incorporación de los estudios de Comunicación ha dañado la identidad de Periodismo. Esto es producto de la difícil conciliación entre la enseñanza de las técnicas periodísticas y las bases teóricas de la comunicación.

Pero la disyuntiva entre Comunicación y Periodismo  tal vez no tenga sentido en los nuevos entornos digitales, que exigen la exploración de nuevos lenguajes y modelos editoriales y, por tanto, la renovación de todas las enseñanzas.

La Reunión Latinoamericana de Consulta sobre el Plan Modelo de Estudios de Periodismo de la Unesco de 2011 llamó la atención acerca de la falta de cursos de maestría y doctorado en Periodismo en América Latina, circunstancia que no ha contribuido a elevar la calidad de la formación que hoy se imparte en las facultades de la región.

El Plan modelo de la Unesco propuso crear más maestrías en Periodismo

Los docentes de Periodismo provienen en su mayoría de los medios, pero no han tenido ni el tiempo ni los recursos suficientes para realizar un posgrado. La Unesco propuso la apertura de más maestrías en Periodismo que permitan formar profesores que después impartan cursos a nivel de posgrado.

No es fácil abarcar la realidad de los estudios de Periodismo en un subcontinente tan amplio como América Latina.

Las líneas marcadas por la Unesco indican un procedimiento, un marco teórico y una aspiración. Desde el siguiente ladillo, se analiza un estudio cualitativo resultante de la consulta a una veintena de periodistas egresados de otras tantas universidades principales que representan a las diferentes regiones. Indican qué estudios han hecho y qué relación directa o indirecta con la práctica del periodismo. El hecho de que la encuesta personal esté realizada durante un curso de aprendizaje en la FNPI, una institución no universitaria pero modélica y referente en el aprendizaje del periodismo, nos completa la aproximación a unos estudios en los que manda la comunicación.

Experiencias docentes destacadas

Una encuesta entre periodistas egresados de algunas universidades públicas y privadas de México, Argentina, Colombia, Ecuador, Chile, Venezuela, Nicaragua y Perú nos aporta experiencias, competencias, disciplinas y seguimientos que dibujan un panorama en el que el periodismo aparece como una rama más de la comunicación.

Todos participaron en el taller Cómo se escribe un periódico impreso o digital, con Miguel Ángel Bastenier, organizado por la FNPI en Cartagena entre el 21 de junio y el 15 de agosto de 2014.

Todos son periodistas que trabajan ya en medios impresos o digitales, emisoras de radio o televisión, pero en el título de la mayoría de ellos ponen comunicador social. Las universidades en las que han estudiado son de prestigio: unas son privadas y otras públicas, todas principalizadas en estudios de Comunicación, y la mayoría acreditadas. La excepción es la Universidad de Antioquia, de Medellín, que ha apostado por Periodismo.

Todas tienen un denominador común, la fama, la consideración, la duración de los estudios según indica la Unesco, su especialización en Comunicación, el nombre de sus facultades y el título con el que salen los egresados.

Cinco años divididos en diez cuatrimestres, de los que hay dos de estudios comunes, dos de cierta especialización y los últimos dedicados a la maestría o al trabajo de fin de grado.

En la mayoría, salvo contadas excepciones, exigen prácticas que debe buscar el alumno; y los profesores o son docentes que apenas han ejercido el periodismo o son periodistas sin maestría, muchos contratados a tiempo parcial.

En la Facultad de Ciencias Políticas, la UNAM ofrece la carrera  de Ciencias de la Comunicación, que tiene como especializaciones: Producción Audiovisual, Comunicación Organizacional, Publicidad, Periodismo y Comunicación Política, tras un tronco común de dos años que luego se diversifica. Los títulos dicen Ciencias de la Comunicación y llevan como apellido la especialidad.

En la primera especialización repiten patrones de la televisión mexicana, con una aproximación al cine, pero muy teórica. Tiene firmado un convenio con Televisa para que la gente que no esté titulada estudie una diplomatura de seis meses llamada “Creadores de contenidos. Un viaje al proceso televisivo”.

En el caso del Periodismo, cada año se estudian los géneros y los estudiantes saben que la universidad dispone de una base de datos para ayudarles a buscar las prácticas.

Al tratarse de una escuela pública, los alumnos deben hacer seis meses de servicio social y se procura que tenga que ver con la carrera.

En México hay una gran proliferación de universidades privadas, todas con licenciaturas de Ciencias de la Comunicación. Sin embargo, casi no hay fundaciones o escuelas. Apenas una de la radio MVS o la del diario Reforma, que tiene un laboratorio de periodismo en el que hacen talleres.

En la San Martín de Porres, de Lima, privada, está la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología, en la que se realizan estudios de Comunicación, con dos años y medio troncales y después se elige la especialización entre Relaciones Públicas y Publicidad, Comunicación Audiovisual y Periodismo. Existe un circuito interno de talleres, en el que se hace el periódico de la universidad, otro de radio para producir programas y otro de vídeoblogs. Son opcionales y son parte de los créditos. Dentro del octavo o noveno semestre hay una bolsa de trabajo, producto del acuerdo de la universidad con los medios.

En Perú también tienen muchas universidades con facultades de Comunicación, especialmente en las principales ciudades. La Universidad de Lima, privada, en audiovisuales, y la de San Marcos, pública, en periodismo escrito, serían la competencia.

En la Universidad Autónoma del Caribe, de Barranquilla, tienen en su Facultad de Ciencias Sociales y Humanas un programa llamado Comunicación Social y Periodismo, igualmente de cinco años, diez semestres. Es en los últimos cuando los alumnos pueden elegir la especialización, y tienen dos posibilidades: Comunicación Educacional y Comunicación Político Económica.

El principal periódico de Barranquilla, El Heraldo, tiene un convenio con la Universidad del Norte, también privada. No obstante, la Autónoma ha sido la potencia local en formación de periodistas, con el programa más antiguo. Tienen convenios con la Universidad de Sevilla.

En la Universidad del Norte, su programa de Comunicación pertenece a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades y su liderazgo está en la Comunicación Institucional.

La Universidad de la Costa es la tercera universidad de Barranquilla en la que se estudia Comunicación Social.

En la Corporación Universitaria Minuto de Dios, de Bogotá, se imparte en su Facultad de Ciencias de la Comunicación la carrera de Comunicación Social y Periodismo, que comparte título con otras dos especialidades: Comunicación Social para el Desarrollo y Cambio Social y Periodismo Ciudadano. También ocupan nueve semestres.

La UCA, de Managua, institución de los jesuitas, tenía una facultad de Periodismo, pero hace diez años se unificó con la de Humanidades. Hoy ofrece la carrera de Comunicación Social. Como comunicador hay más posibilidades de manejar las herramientas de la comunicación, de modo que esa es la tendencia de la mayoría de las facultades.

Se desarrollan habilidades más amplias, aunque el foco principal es el periodismo. Hay clases de redacción y prácticas en los periódicos, radio y televisión. Las clases comienzan a las siete de la mañana y duran hasta la una de la tarde, de modo que el alumno puede ir a las dos de la tarde al medio correspondiente.

Al final, el periódico da su certificado de pasantía, porque la carrera exige un número determinado de horas de prácticas. El tercer año, de radio y televisión; y el cuarto, historia de las relaciones públicas. Por último, el trabajo de fin de carrera o tesis.

La UCA está subvencionada: el 60 % de su población estudiantil tiene beca. Es la única acreditada de Nicaragua. Su competencia son la Universidad de Ciencias Comerciales (UCC), también de gran prestigio, y la Universidad del Valle, que igualmente contempla el Periodismo en la carrera de Comunicación. Ambas privadas.

La Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas, también pertenece a los jesuitas. En la Facultad de Humanidades y Educación se alojan los estudios de Comunicación Social, con tres posibilidades de título: Periodismo, Publicidad o Comunicación Audiovisual. Los estudios duran cinco años: tres años de materias humanísticas, antropología y sociología y dos años de especialización. Contempla la figura del becado, una especie de beca-trabajo de seis horas laborales en la universidad y así no tienen que pagar nada.

En Caracas, la Universidad Central es la pública más importante, con renombre, aunque con signos de decaimiento. Realiza estudios de Comunicación Social, si bien no tiene la especialización.

En Venezuela ha aumentado considerablemente la oferta de estudios de Comunicación. El número de estudiantes se ha duplicado en los últimos años. Santa Rosa de Lima, Monteávila y Santa María son las tres universidades privadas que también imparten Periodismo.

La Universidad Diego Portales, de Santiago de Chile, privada, otorga el título de periodista con la Licenciatura en Comunicación Social, tras superar diez semestres en su Facultad de Comunicación y Letras. La particularidad de esta universidad es que desde el primer día se hace clase práctica y taller, y los estudiantes deben salir al centro de la ciudad y volver con una noticia. Deben hacer dos prácticas principales: una organizacional en comunicación, no en medios, y la segunda sí en medios.

En los últimos diez años han surgido en Chile muchas universidades, algunas sin mucha regulación y, desde luego, sin acreditar. La Universidad Católica y la Universidad de Chile son las de más prestigio. Ambas exigen una prueba para ingresar.

En la UPS, de Cuenca, se estudia la carrera de Comunicación Social. Hasta el segundo año se imparten estudios comunes de Comunicación y Desarrollo; luego, las opciones son Periodismo y Publicidad.

La única universidad ecuatoriana con maestría en Periodismo es la Universidad de las Américas, de Quito, privada. Todos los centros tienen unas horas obligatorias de prácticas, como créditos, que deben buscar los estudiantes en diferentes medios. La universidad apoya con certificados. La Ley de Comunicación exige que los periodistas estén titulados y cobren como titulados. Un titulado, a partir de 800 dólares; si no es titulado, 600 como mínimo.

En la UNT, de Argentina, se obtiene en su Facultad de Filosofía y Letras, tras cuatro años, licenciatura en Ciencias de la Comunicación.

Como vemos, las facultades están incrustando las carreras de Periodismo en una parte del bosque de la Comunicación. Por ello, sorprende que la Universidad de Antioquia, de Medellín, haya hecho justo el viaje contrario. Fraccionó hace doce años la antigua carrera de Comunicación Social y Periodismo y apostó por el último. Esta y la Universidad del Rosario, de Bogotá, son las únicas que se han atrevido a enseñar el Periodismo como una carrera completa y separada de la Comunicación.

Su programa de pregrado tiene hoy 230 estudiantes inscritos y en esta docena de años ha graduado a 220 nuevos periodistas. Un certificado del Ministerio de Educación de Colombia indica que los periodistas de la Universidad de Antioquia son de alta calidad. Según el Consejo Nacional de Acreditación, el programa de pregrado destaca por el sistema de evaluación docente, la flexibilidad del plan curricular, el sistema de comunicaciones, el enfoque del programa y su apuesta por un periodismo investigativo.

Se trata de un caso paradigmático por su radical apuesta por el periodismo, que se ha convertido en una referencia.

Su estrategia pedagógica: la utilización de los medios de comunicación como elementos didácticos, ya que son los encargados de escribir la historia todos los días. Cuenta con un plan de estudios estructurado en cuatro grandes áreas de materias: Periodismo, Historia y Actualidad (contexto), Humanidades (estudios interdisciplinarios) y la Investigación.

El caso de la FNPI

La Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano es una institución pionera en el aprendizaje del periodismo, un referente mundial como cantera de buenos periodistas, que basa su actividad en una propuesta pedagógica original y propia. Está orientada a abrir oportunidades de educación y formación a periodistas informados y capaces;  dirigida a promover el periodismo basado en la investigación exhaustiva y en el rigor informativo; y centrada no en la enseñanza, sino en el interaprendizaje.

García Márquez fundó la FNPI, preocupado por la deriva que iba tomando el periodismo, de pérdida de calidad y rigor. Ideó una fórmula para recuperar y promocionar la tradición del periodismo latinoamericano, caracterizada por la capacidad de narrar y la investigación.

Dados los resultados obtenidos, su prestigio mundial y el hecho de que la mayoría de los periodistas reconocidos del continente han pasado en algún momento por sus aulas, podría pensarse que se trata de la obra de un visionario. Y probablemente lo sea, pero partió de la experiencia periodística latinoamericana.

La primera manifestación pública del proyecto pedagógico fue su célebre discurso pronunciado ante la 52.ª Asamblea de la SIP, en Los Ángeles (EE. UU.), el 7 de octubre de 1996, titulado: El mejor oficio del mundo.

En él dejó plasmados muchos de sus remedios para la enseñanza del periodismo: “Toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes; la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio, sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición; y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón”.

Y ya apuntaba allí su método: “Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo en Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad, dirigidos por un veterano del oficio”.

Los valores de la marca eran el prestigio de sus maestros, una propuesta didáctica original a base de sus talleres, una fuente de oportunidad para jóvenes talentos y un espacio de encuentro de la comunidad de periodistas iberoamericanos.

El primer taller de la FNPI en Cartagena de Indias lo dictó la prestigiosa periodista Alma Guillermoprieto entre el 3 y el 8 de abril de 1995 y trató sobre la crónica como género.

El propio nobel colombiano dirigió uno sobre los reportajes entre el 24 y el 28 de mayo de ese mismo año. Y la máquina empezó a rodar.

En estos escasos 20 años han pasado por sus aulas –de Cartagena y de todas las capitales de Latinoamérica, también de España– decenas de maestros, que han compartido sus experiencias, y cientos de alumnos seleccionados, que, con el tiempo, se han convertido a su vez en maestros o trabajan en los principales medios periodísticos.

Comparten potencial, talento y capacidad de liderazgo en la comunidad periodística latinoamericana. Hay pocos periodistas con nombre, directores o fundadores de medios en la América Latina de hoy que no hayan pasado por esta fundación.

Al principio, la FNPI era una organización con el propósito de ofrecer alternativas de aprendizaje a periodistas con vocación y con experiencia, hoy se ha convertido en un espacio de encuentro y de interaprendizaje entre profesionales del periodismo.

Desde un primer momento, apostó por la técnica del taller, que sigue siendo su eje fundamental; si bien, debido a la demanda y a las transformaciones en el campo de las nuevas tecnologías, la acción educativa se ha completado con seminarios, conferencias, foros, estímulos a la práctica en forma de premios y publicaciones, consultorio ético y producción intelectual.

Lo que García Márquez propuso fue recuperar y utilizar elementos fundamentales del oficio: el aprendizaje en la profesión, el ambiente de participación, la moral, el fanatismo por el trabajo, la amistad de grupo, la tertulia abierta y las cátedras ambulatorias y apasionadas vividas en las redacciones.

Su sistema de talleres sustentados en la práctica, dirigidos por un maestro responsable, no busca ilustrar con dogmas teóricos, sino transmitir experiencias.

No trata de enseñar a ser periodistas, puesto que los seleccionados deben serlo ya, sino mejorar con la práctica. No se propone un nuevo modo de enseñar, sino que se reinventa el viejo modo de aprender.

El esquema de trabajo había sido diseñado en el taller preparatorio realizado los días 3 y 4 de octubre de 1994 en Cartagena, en el que participaron el propio Gabo, Tomás Eloy Martínez y Jaime Abello, el actual director general:

“El taller de periodismo se concibe como un sistema de capacitación no formal que busca brindar a buenos periodistas de Colombia y de otros países iberoamericanos la oportunidad de ser mejores, mediante el intercambio de prácticas y experiencias y la reflexión ética sobre el oficio, dentro de una serie de talleres de los que estarán a cargo maestros escogidos entre periodistas destacados de todo el mundo, preferiblemente de lengua española”.

Otra recomendación de aquel manual era que se trabajaría sobre la base de casos clínicos, como guías de discusión. Y además, todos los talleres deben contemplar el sentido ético del periodismo.

Así es el perfil del taller: el mejor maestro comparte lo que sabe con un reducido grupo de entre diez y 20 periodistas seleccionados. Estos son jóvenes, pero ya trabajan en un medio.

La duración puede ser de tres días o hasta una semana, salvo excepciones, como el que dicta Miguel Ángel Bastenier en Cartagena, Cómo se escribe para un periódico, que dura un mes.

En todos se combinan el aprendizaje aportado por las experiencias del maestro con los ejercicios prácticos que deben realizar los alumnos y el análisis de casos concretos. Siempre en un lugar cómodo, con todas las herramientas de la documentación y de la tecnología a disposición de los alumnos. La estancia se sufraga por la matrícula, una beca o el patrocinio de uno de los aliados, habitualmente empresas e instituciones de primer nivel del continente.

Atributos de la fundación: es difícil acceder a sus talleres. Gracias a su trabajo, se han mejorado las prácticas periodísticas en América Latina. Ofrece programas únicos que no se encuentran en otras organizaciones. Es innovadora.

Es indivisible del nombre del fallecido Gabriel García Márquez. Es elitista. Produce contenido (materiales, publicaciones) de interés para los periodistas. Es una organización que está a la vanguardia del periodismo. Tiene tres líneas principales de acción: formación de periodistas, promoción de prácticas periodísticas de calidad y gestión de redes de apoyo al periodismo.

El reconocimiento y prestigio de la FNPI viene porque, tras casi 20 años, se sigue distinguiendo por ofrecer programas diferenciados y de excelencia, con alto impacto en los periodistas y en los medios de comunicación. Asimismo, por potenciar las capacidades y valores fundamentales del periodismo en el contexto de la transición hacia los medios digitales y porque actúa como nodo de comunidades de periodistas latinoamericanos comprometidos con la excelencia periodística. Y por último, porque propicia el desarrollo de alianzas y crea oportunidades de generación de valor.

El caso de la FNPI no tiene parangón en los estudios de periodismo de Latinoamérica.

Los recursos para desarrollar los cursos –cuyos públicos son los miembros de las asociaciones de periodistas, estudiantes universitarios, periodistas de medios comunitarios o comunicadores de instituciones públicas– provienen de fundaciones y organismos de cooperación internacional, interesados en temas particulares.

En la región andina, cada vez son más numerosos los cursos de corta duración para formación de periodistas, en asuntos técnicos y especialización temática.

También resulta frecuente que los propios medios convoquen a especialistas para dictar cursos a sus periodistas, sobre todo en las áreas de periodismo digital, o a organismos no universitarios.

En la Universidad de Panamá, por ejemplo, se han establecido relaciones de cooperación con la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Nacional del Periodismo para impartir un diploma en periodismo judicial.

Además, esta universidad ha establecido formas de colaboración con empresarios, directivos y profesionales de medios para evaluar los planes de estudios y también canalizar prácticas profesionales de los estudiantes en las empresas de comunicación.

En El Salvador, la mayoría de las universidades promueven que sus estudiantes hagan trabajo de servicio social en diferentes organizaciones. En Colombia hay proyectos de periodismo cívico y de gran trascendencia, así como de periodismo digital; en Bolivia, experiencias periodísticas en zonas rurales. En Perú hay acercamientos de las regiones con los temas medioambientales y en Ecuador, relaciones con el mundo rural.

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Fotografía tomada de Diario El País de España

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