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foto twitter IV

Por Miguel Ángel Bastenier, diario El País de España

Los intelectuales del futuro, si no lo han hecho ya, determinarán que a fin del siglo XX comenzó una nueva era en la historia de la Humanidad. La era de Internet.

El año de 1995 es tan bueno como el mejor para datar el comienzo de esa Edad Post-Contemporánea, porque por entonces empezó a comercializarse el PC, ordenador o computadora, que hoy en muchos casos ha sido sustituido por el móvil o celular.

La explosión de lo que llamamos redes sociales no podía dejar de afectar muy principalmente al mundo del periodismo, y entre esas formas de comunicación instantánea, persona a persona, destaquemos Twitter, aunque solo sea porque un servidor lo trabaja bastante.

Twitter es, señaladamente, un proyecto de periódico personalizado. Uno de los grandes expertos que conozco en la exploración del futuro del periodismo, el francés Jean-François Fogel, sostiene que los periódicos (no solo digitales) estarán un día personalizados, que cada usuario podrá disponer de una publicación muy ajustada a sus deseos, una selección individualizada de lo que ofrezca el mercado.

Y Twitter recorre al menos el comienzo del camino en esa dirección.

El usuario se encuentra con un florilegio de lo que publican en tiempo real y continuo los principales periódicos del mundo entero, una preselección de lo que tienen en cartera, con el añadido de que uno puede remontarse todo lo que quiera en el tiempo y rebañar restos a los que no haya podido atender en su momento.

Cierto, que eso se puede hacer visitando directamente los periódicos que le interesen, pero la operación llevaría bastante más tiempo, porque la navegación en Internet sería considerablemente más laboriosa. Twitter es, en cambio, un prêt à porter mucho más estilizado, a condición de que uno sea razonablemente flexible en sus preferencias.

El usuario podría hacer una especie de selección mundial por áreas o temas optando por las necesarias matrices informadoras. En América Latina, buscaría tanto la prensa boliviana como la chilena para tener las dos versiones sobre el conflicto de la mediterraneidad o salida al mar, reivindicación ancestral de La Paz; y, en general, sobre cada país se informaría con la prensa nacional, porque una característica tan negativa como peculiar de los medios en español del continente iberoamericano es la de que se ocupan relativamente poco del vecino, para preferir la actualidad europea, palestina, asiática o, en este caso con plena justificación, norteamericana.

Y en defecto de todo lo anterior harían el avío algunos diarios españoles, que son los únicos en Europa que cubren decentemente América Latina: EL PAÍS, La Vanguardia, ABC y El Mundo, notablemente.

Entre la prensa consultable sobre el acontecer mundial, aparte de su actualidad local, yo seleccionaría Le Monde en francés, The Guardian, Financial Times, The New York Times, The Wall Street Journal, y The Washington Post, en lengua inglesa. Podrá decírseme que, en todo o en parte, algunos de los títulos citados dan acceso a sus contenidos solo previo pago, a lo que me temo que habrá que irse acostumbrando, mientras celebremos que haya quienes sean capaces de mantenerse abiertos a todos los lectores.

Twitter es un baño de masas, una exposición de nuestras preferencias y conocimientos, una gimnasia profesional impagable

Pero Twitter es más cosas. Si hay una escuela instantánea de periodismo online es el twitter. La capacidad de expresar una idea y solo una que ya es más que suficiente, en 140 caracteres, se ilustra en esta red social. No se trata de hacer el titular de la noticia, sino de expresar aquello que hay que saber sobre la misma, el reportaje o el artículo. No tenemos que mostrar especial ingenio lingüístico, como procuramos vía reportaje, sino dar una información coherente, rápida, directa y eminentemente informativa; algo más que un título y menos que un lead o entradilla; posiblemente el lead del lead.

Su inconveniente, y no menor, consiste en que en especial los apresurados recurren a toda clase de subterfugios para dar la máxima expresividad al espacio de que disponen y fonetizan la lengua para que quepa más. No soy quien para discutir el derecho de nadie a hacerlo, pero su efecto sobre el público tiende a legitimar una mostrenquización del castellano. Yo me abstengo, y si me cabe menos texto, mejor aún, porque es un ejercicio en el que se aprende mucho.

Y, por último, hay que decir una palabra sobre si la existencia de Twitter es positiva o negativa para la perdurabilidad del periodismo, tanto impreso como digital.

El solo hecho de que los periódicos cuelguen en Twitter lo que consideren más propio de sus ediciones es positivo como efecto de marketing porque da a conocer la cosecha diaria de la casa, pero, igualmente, la posibilidad de fabricarse un periódico personal es un factor disuasorio no solo de la compra en el kiosco, sino de la visita a las versiones digitales.

Esa es, en definitiva, una pugna entre las redes sociales, no solo Twitter, y los periódicos, de la que únicamente podremos hacer balance dentro de unos años. Pero, entre tanto, Twitter es un baño de masas, una exposición de nuestras preferencias y conocimientos, una gimnasia profesional impagable, de la que difícilmente seremos capaces de prescindir.

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 Ilustración de Damian Loeb

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