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foto Arturo Vidal Ferrari

Quiero hablar de un tema aparentemente irrelevante, pero que en este mundo globalizado no puede pasar inadvertido.
Se trata del caso del famoso jugador de fútbol Arturo Vidal (corte de pelo de mohicano, tatuajes de pirata en sus brazos y en su pecho), quien después del partido con México salió en su Ferrari con su esposa a jugar en un casino y tomar unos tragos.
La fiesta terminó casi en tragedia, de no ser porque el Ferrari resiste un golpe fuerte con mucha mayor seguridad, pues el lujoso y excéntrico vehículo está hecho con materiales muy consistentes.
Un jugador que es ídolo de millones de personas, que pertenece a uno de los mejores equipos del mundo (Juventus) y es seleccionado nacional de su país (Chile) tiene la obligación moral de ser un modelo ético, en especial para los niños y jóvenes.
Vidal no lo fue, pero el poder del fútbol (corrupto como siempre) impidió que quedara detenido, que se lo juzgara, que se lo sancionara.
¿Cuántas influencias se moverían para que, al final, no pasara nada, a diferencia de cualquier ciudadano como nosotros, que iríamos presos, que el auto se llevaría la Policía y que en el trabajo nos llamarían la atención o nos botarían?
No solamente son los privilegios de la fama, sino los grandes intereses económicos que se juegan en un torneo comercial: lo que más importa a la Conmebol (al estilo FIFA) es que Chile quede campeón, por todo el dinero y los negocios que corren bajo las aguas del torneo.
Cito al diario El Universal,de México:

“El actual técnico pudo haberse mostrado inflexible, pero optó por perdonar a un jugador considerado clave en las aspiraciones de Chile de ganar su primera Copa América y podría verse en situaciones incómodas en el futuro si surgen otros episodios de este tipo.
Sampaoli reemplazó hace tres años a Borghi con el mandato de reinstaurar la era de disciplina y rigor de Marcelo Bielsa, quien llevó a la Roja a un Mundial después de 12 años de ausencia.
Así, el técnico ‐que se considera discípulo del “Loco” Bielsa y es casi tan obsesivo como su compatriota‐ no dudó en 2013 en excluir de varias nóminas de Chile a Charles Aránguiz, luego de que el volante se ausentara de una concentración argumentando que se había quedado dormido tras tomar calmantes para los dolores musculares.
El miércoles, en cambio, Sampaoli dio a entender que el único error cometido por el reincidente Arturo Vidal fue chocar la Ferrari.
“Si no se accidentaba, llegaba a horario, y no me hubiera dado cuenta del nivel (de alcohol) porque no controlo a los jugadores, no les hacemos alcoholemia. No controlo, confío en mi grupo” , señaló en una caótica conferencia de prensa.
El volante de Juventus ya se ha beneficiado de un indulto que le permitió volver a vestir la casaca roja. En noviembre de 2011 fue suspendido por varios partidos tras llegar tarde y presuntamente ebrio a la concentración junto a otros compañeros como Jorge Valdivida, Jean Beausejour y Gonzalo Jara
que hoy también forman parte del plantel que disputa la Copa América.
Los antecedentes de indisciplina de la llamada “generación dorada” chilena no se detienen ahí. En 2012, Gary Medel y Eduardo Vargas fueron excluidos por el antecesor de Sampaoli, Claudio Borghi, por una salida nocturna. El propio “Pitbull” Medel sufrió un grave accidente de tránsito en 2009 al perder el control de su vehículo, dos años después de ser detenido por manejar ebrio y a exceso de velocidad. En 2011, medios locales citaron a testigos que dijeron haber visto a Valdivia y Beausejour en estado de ebriedad en el café Tavelli una hora antes de que entrenara la selección”. Hasta aquí la cita.
Arturo Vidal, como Maradona, quedará en la historia del fútbol como los grandes jugadores a quienes la vida les da todo y ellos convierten en ejemplos sórdidos lo que debieran ser valores y principios. Pero, en su momento, todos le perdonaron: hinchas, dirigentes, entrenadores y, sobre todo, la prensa que lo idolatró y que al no criticarlo le hizo mucho daño.
En el documental que el cineasta Emir Kusturika hace al exdios del fútbol argentino y mundial, un zoom al rostro de la adorada estrella de la iglesia maradoniana lo muestra tan triste cuando, poco antes de terminar el filme, Diego confiesa que si no hubiera sido adicto a la cocaína desde joven, en realidad hubiera sido mucho, muchísimo mejor jugador de lo que fue.
“¿Y ahora, qué me queda?”, se pregunta y responde: “Nada. Adentro solo tengo un tremendo y doloroso vacío…”.