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Foto David Terrazas

La alternativa es: ¿somos un país de desmemoriados o un país que lo perdona todo, tan fácil?

Muchos lloran, lamentan, se duelen, visten de luto por el reciente fallecimiento de un “legendario radiodifusor quiteño”.

¿Les duele, en realidad? ¿Cumplen el lugar común de “hoy por tí, mañana por mí? ¿Conocen de lo que están hablando?

Primero, no fue quiteño. Fue chimboracense.

Segundo, ¿recuerdan los cuarentones y cincuentones las famosas campañas que en la radio hacía para que la gente diera plata para ayudar a los pobres? ¿Alguien le pidió alguna vez que rindiera cuentas?

Tercero, fue el peor alcalde que tuvo Quito (que lo digan los organismos de control y los quiteños que lo sufrimos aquel tiempo con una ciudad destrozada y caótica).

Cuarto, fue uno de los peores presidentes del Aucas, uno de los culpables del principio del fin del club, por su pésima administración.

Quinto, de la radio pequeña y modesta que tenía, ¿cómo llegó a tener otra frecuencia importante en FM que arrienda a una empresa que hace una radio informativa y para jóvenes?

Pero los medios, siempre los medios, tan olvidadizos por conveniencia, tan proclives a cumplir el refrán de que no hay muerto malo, escriben:

“Falleció en Quito. Fue un prestigioso y legendario radiodifusor que se hizo popular por un programa muy escuchado donde luchó por mantener la sal quiteña y por contar en sentido inverso los números el fin de año, emocionando a todos sus escuchas”.

Suena parecido al 15 de diciembre del 2008, cuando falleció León Febres Cordero, el expresidente más nefasto que haya tenido el país, que gobernó para sus amigos empresarios, que fue un aliado de los Estados Unidos, que contrató mercenarios israelíes, que encarceló, torturó y mató a centenares de jóvenes que lucharon por un modelo estatal en el que ellos creían, totalmente opuesto al que manejaba Febres Cordero.

No olvido que diario El Comercio, empresa que Febres Cordero quiso en su gobierno (1974-1988) comprar para controlar la información y ponerla a su favor, fue una de sus víctimas, pero tampoco olvido que tras su muerte, durante casi una semana, mantuvieron el tema en sus principales páginas (Actualidad) haciéndole lacrimógenos homenajes. (¿Para vender ejemplares en una plaza que nunca les ha favorecido, como ha sido siempre Guayaquil?)

El Gobierno Nacional, declarado enemigo de Febres Cordero, también cayó en el clásico “todo muerto es bueno”. Envió una alta delegación a su funeral. Lo mismo hicieron otros feroces adversarios del expresidente: el general Frank Vargas Pazzos, el exmandatario Rodrigo Borja.

La amnesia acomodada. La política ambigüa.

La conveniencia del periodismo fácil.

La facilidad del periodismo amnésico.

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Fotografía de David Terrazas

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