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foto odio

La Red de Periodismo Ético  (EJN, por sus siglas en inglés) ha publicado un test para que los periodistas puedan identificar declaraciones que incitan al odio, y entender mejor el impacto que puedan tener al darles difusión.

El test reta a los periodistas a pensar respecto al estatus de quien pronuncia el discurso, el alcance que pueda tener, sus objetivos, el contenido y estructura del discurso, así como el clima político y económico antes de decidir si tales palabras pueden ser calificadas como una incitación al odio.

El test hace parte de la campaña de EJN “Pasando la página del odio en los medios”, en la cual se invita a no sensacionalizar, evitar la prisa y tomar un momento para reflexionar antes de publicar.

1. Considere la posición o estatus del emisor

Los periodistas a menudo son acusados ​​de incitación al odio, y de hecho algunos comentaristas permiten las declaraciones provocativas y abusivas cuando les conviene. Pero en la gran mayoría de los casos, los periodistas y medios de comunicación son culpables por amplificar las declaraciones malintencionadas de los demás.

2. Tenga en cuenta el alcance del discurso

Una conversación privada conocida por un periodista puede contener opiniones odiosas que hacen relativamente poco daño si se mantienen en privado. Pero eso cambia si el discurso se difunde a través de medios de comunicación o Internet.

3. Analice los objetivos del discurso

Normalmente, los periodistas éticos y editores bien informados podrán identificar rápidamente si el discurso pretende deliberadamente atacar o disminuir los derechos humanos de los individuos y grupos. También deben saber si tal expresión es objeto de sanciones penales o de otro tipo. A veces es necesario que los periodistas se rompan las reglas, pero deben estar en todo momento al tanto de los riesgos existentes cuando se deciden a publicar.

4. Examine el contenido y forma del discurso

Los periodistas tienen que juzgar si el discurso es provocador y directo, en la forma que se hace, y el estilo en que se entrega. Hay un mundo de diferencia entre alguien que habla fuera en una cafetería con un grupo pequeño, a quien lo hace en el marco de un discurso pronunciado en un lugar público, ante una audiencia excitable.

5. Tenga presente el ambiente político, económico y social

Los discursos peligrosos o controvertidos surgen sobre todo cuando los tiempos son duros, las tensiones sociales son agudas y los políticos están en guerra unos con otros. El calor de una campaña electoral, cuando los grupos políticos se desafían entre sí, compitiendo por la atención pública se presta a menudo para los comentarios inflamatorios. Los periodistas tienen que juzgar si la expresión es justa, basada en hechos reales y razonables de acuerdo a las circunstancias.

¿Qué hacer? (Una lista de verificación por la tolerancia)

 

1. Cuando se trata de historias en las que se utiliza odio en el discurso político, es vital no sensacionalizar. Los periodistas éticos se preguntarán:
– Puede ser escandaloso, pero ¿es de interés periodístico? ¿Cuál es la intención del emisor?
– ¿Cuál será el impacto de la publicación?
– ¿Existe el peligro de alimentar las pasiones y la incitación a la violencia?
– ¿Está el discurso basado en hechos o se han comprobado las afirmaciones?

2. En la recopilación y edición de material controversial, los periodistas deben evitar afanarse por publicar. Es útil hacer una pausa, aunque sólo sea por unos momentos, para reflexionar sobre el contenido de la historia:
– ¿Hemos evitado clichés y estereotipos?
– ¿Hemos hecho todas las preguntas pertinentes y necesarias?
– ¿Hemos sido sensibles a nuestra audiencia?
– ¿Hemos sido moderados en el uso del lenguaje?
– ¿Las fotos cuentan la historia sin recurrir a la violencia y el voyeurismo? ¿Consultamos diversas fuentes y se incluyen las voces de las minorías relevantes?
– ¿Cumple con las normas establecidas en los códigos editoriales y éticos del medio para el cual trabajamos?

3. Un último aspecto y momento de reflexión es siempre útil antes de pulsar el botón de publicar:
– ¿Hemos hecho un buen trabajo?
– ¿Existen dudas persistentes?
– Y, por último, ¿debería consultar con un colega?

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