Etiquetas

, , , , , , , ,

foto Papa en Ecuador I

En la radio, un dirigente indígena asegura que el mensaje que el papa Francisco no calará en el presidente de la República.

En CNN, un dirigente de las marchas de la oposición sostiene que el Papa les dio la razón a quienes protestan “por los abusos de más ocho años” del primer mandatario.

En las redes sociales, cada uno, según su militancia y creencia políticas, interpreta a su manera las citas y las palabras del pontífice.

En CNN, el jefe de Estado asegura que ahora más que antes está abierto al diálogo, pero que con los únicos que no lo hará es con los “golpistas”, sin precisar quién son estos y cometiendo un error de generalización.

En los periódicos, las radios y en la televisión, todos los actores políticos que han sido invitados a interpretar lo que quiso decirnos el Papa a los ecuatorianos han resumido, de una manera u otra, que Francisco “haló las orejas a los que están en mi contra, pero no a los que están a mi favor”.

Los ecologistas, los empresarios, los no extractivistas, los dueños de los medios de comunicación, los radicales de izquierda, los líderes de la derecha, los autocandidatos presidenciales, los líderes de los movimientos sociales, los asambleístas de distintos partidos y ciertos voceros gubernamentales quedaron felices.

Todos coinciden en que el Papa vino a decirles las cosas muy claras y a poner en su sitio a los otros, pero, en ningún caso, a ellos.

Pero a ningún medio de comunicación se le ocurrió entrevistar -no de paso, no en la calle, no en las jaulas donde los tuvieron durante las misas o en los lugares donde el líder católico ofreció sus homilías y sus extraordinarios sermones- a los pobres, a los desvalidos, a los que nada tienen, a los que están fuera de la sociedad de consumo, a los que sufren el egoísmo de los individualistas, a las víctimas de una lucha ciega por recuperar el poder, a los que aún tendrían mucho que exigir de un Estado que durante más de un siglo y medio les ha negado sus derechos y les ha mentido, desde la demagogia y las promesas de cambio.

Los pobres no estuvieron en la agenda mediática más que como elemento del entorno o como voces de escasos segundos a quienes nunca se dio el micrófono para que contaran al país y al mundo justamente lo que vino a denunciar el Papa: la exclusión social.

Según el INEC, “la pobreza urbana por ingreso en marzo de 2014 se ubicó en 16.75% en comparación al 17.74% del 2013. La ciudad de menor índice de pobreza es Cuenca con 4.67%, mientras que Machala es la que registra mayor índice con 13.71%.

La extrema pobreza en el área urbana, en marzo del 2014 fue de 3.87% frente al 4.39% del mismo trimestre de 2013.

Las ciudades que presentan mayor variación en el índice, entre marzo del 2013 y marzo del 2014, son Guayaquil y Machala; pero la variación es estadísticamente significativa únicamente para Machala.

En marzo de 2014 la línea de pobreza se ubicó en US$ 78.91 mensuales por persona, mientras que la línea de pobreza extrema en US$ 44.47 mensuales por persona. Con este umbral existe en el área urbana un 16.75% de pobres y un 3.87% de pobres extremos“.

Veinte por ciento de pobres hay en Ecuador. En otras palabras, unas tres millones de personas.

Tres millones de ciudadanos víctimas de ese “individualismo mezquino de las élites” al que se refirió Francisco.

¿Alguien habló de eso con el Papa? ¿Algún líder ¿Algún medio de comunicación presentó esas cifras, por lo menos para contextualizar de qué estaba hablando el pontífice?

Los pobres fueron parte del folklore periodístico. Se los mostró a distancia. Se les dio espacio (el más mínimo espacio) para que dijeran por qué llegaron a ver al pontífice, cómo resistieron en calor en Guayaquil y el frío en Quito, pero a ningún medio se le ocurrió mostrar cómo es la miseria, cómo es la pobreza, a cuánto llega el nivel de escasez y de sacrificio y de carencias que sufren los millones de compatriotas que no calcularon políticamente el porqué de su presencia para ver al Papa y que desde su más profunda fe católica, fe en Dios, estuvieron allí para oír la palabra de un hombre que, por lo que se escuchó y se vio, lo único que le preocupa es combatir el egoísmo, el materialismo, el liderazgo único, el no entender a los demás aunque sea tu enemigo político.

“Si un hombre pobre muere de frío no es noticia, pero si las bolsas caen dos o tres puntos se arma el escándalo mundial”, dijo en forma tajante el pontífice en un mensaje directo a la creciente insensibilidad de los medios de comunicación y a la manera cómo planifican las coberturas y arman las agendas.

El Papa habló de redistribuir la riqueza y cuidar la Tierra, pero todos se dieron por desentendidos. “Eso no es contra mí, eso es contra el otro”.

Todos los sectores a los que el Papa haló las orejas se quedaron convencidos de que cada mensaje que dio no fue contra ellos.

Por eso es triste e indignante –al mismo tiempo- saber que nada cambiará ni en los medios de comunicación ni en los líderes de opinión ni en quienes tienen el deber de sentarse a dialogar para construir un mejor país, es decir, un Estado que luche de forma incansable contra la pobreza, una sociedad que se preocupe de manera prioritaria en mejorar la vida de los menos favorecidos, no en armar un modelo de país que les dé la razón y que les haga repetir que el Papa estuvo acertadísimo porque “lo que dijo no fue contra nosotros”.

Con razón, la profunda ironía de alguien quedó grabada en el Facebook: “El Papa ya se fue. Volvamos a ser los mismos de siempre”.