Etiquetas

, , , , , ,

foto Diario HOY

El caso de los trabajadores del Diario Hoy es una de las repetidas tragedias del país: la desmemoria social.

Un año después del cierre del periódico, en agosto pasado, ninguna autoridad ha sido capaz de resolver el problema de cientos de gente que exige a quien fue su propietario, Jaime Mantilla Anderson, expresidente de la poderosa Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que pague sus liquidaciones.

Entre sus sofismas, Mantilla acusó al Gobierno y a la Ley de Comunicación (que apenas lleva dos años en vigencia) de ser los culpables de la crisis de la empresa.

Según él, las causas fueron la falta de publicidad gubernamental y el retiro de contratos estatales para imprimir libros escolares.

Lo que Mantilla no admite es que arrastraba la crisis al menos una década atrás. Y que, como se ve ahora, la autoclausura fue una evasión de responsabilidades tributarias y laborales.

Un diario que el 7 de junio de 1982 se inauguró como “independiente, plural, crítico e irreverente” y que en un momento jugó un papel decisivo para educar y movilizar a la población, terminó convertido en actor proselitista.

El rol de un medio es de velar por el bien común, no de arrimarse a un gobierno o combatir a otro, no es el de ser partido político. Por eso tuvo sus instantes memorables, cuando los periodistas que pasaron por ahí diferenciaban con claridad la información de la opinión y daban luces, a través de las dos, para entender la realidad.

HOY, finalmente, no lo entendió y extravió el rumbo: fue antifebrescorderista pero fue borjista y un grupo de sus periodistas terminaron en el gobierno, fue antisixtista y antibucaramista, pero fue promahuadista (y su director, Benjamín Ortiz, pasó a ser canciller de Mahuad y a firmar el convenio que entregó por diez años a la Armada de Estados Unidos la base de Manta). Nunca criticó al alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, y fue uno de los puntales en la campaña electoral del banquero Guillermo Lasso.

Y así continuó el periódico, de un bandazo a otro.

Con la llegada del presidente Rafael Correa, HOY se puso en las filas antigobiernistas, muchas veces sin argumentos sólidos, confundió (?) información con opinión y todos los días, en especial en instantes clave, hizo titulares claramente sesgados. Uno de ellos escrito por su entonces emblemático editor general, hoy convertido en opaco secretario ejecutivo (?) de la moribunda AEDEP.

Así, en ese proceso de oportunismo político bipolar, fue perdiendo la credibilidad y los lectores.

Y como dicen los dueños de los periódicos, que no aman el periodismo sino el dinero que les produce hacer de la información una mercancía, ya no pudo “vender audiencias”, se desfinanció y se autoclausuró.

Sus colegas de la AEDEP lanzaron el grito al vacío: pretendieron hacernos creer que era un atentado a la libertad de expresión y de prensa. No. Fue un atentado al mal manejo financiero del diario.

Y luego  callaron. Callaron para siempre. Ningún medio de la gran prensa ecuatoriana ha dado la voz a empleados y trabajadores. Ninguno le ha exigido que sea honesto a su colega, que incluso fue presidente de la AEDEP. Tampoco le importa el problema a Fundamedios, a la UNP o a los que salen a gritar a la Shyris sin ideas concretas de lo que gritan.

En todo este proceso, lo más antiético ha sido la actitud de Jaime Mantilla contra los intereses de quienes lo sirvieron con lealtad y hasta con cariño durante más de 30 años, creyendo que era realidad el proyecto de un periódico contemporáneo, democrático y alternativo.

Sin embargo, también, es inexplicable la indiferencia estatal para exigirle al expropietario que pague a los abandonados extrabajadores.

¿Dónde está el Ministerio de Relaciones Laborales? ¿Dónde está la Contraloría? ¿Dónde están el Cordicom y la Supercom?

Hay gente que viene sufriendo durante más de un año. Que se quedó sin empleo para siempre. Que no tiene dinero para mantener a su familia.

Pero, en el Ecuador, la enfermedad colectiva más grave es la desmemoria social.