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foto salvador quishpe

La amplia difusión de los medios privados de la imagen del prefecto de Zamora y líder de la marcha indígena-oligárquica, Salvador Quishpe, manchado de ceniza o “tizne”, como decía mi abuela Mercedes, es la expresión más clara del plan de la oposición radical en su afán de derrocar al Gobierno.

Una de las claves para ganar simpatía, ya lo sabemos, es la autovictimización. Y que la víctima o sus deudos propaguen el dolor para que se culpe al victimario.

Sin embargo, para “calentar las calles” y reforzar el discurso de que estamos frente a un régimen opresor se requiere –como dice el manual golpista- un elemento fundamental: que la prensa y, en especial, la TV, le dé extensa cobertura (¿unos “tres minutos”, como decía otra dirigente a la que alguien le grabó y puso en evidencia sus movimientos desestabilizadores?).

Y así fue. Cuando Quishpe apareció (o reapareció, nadie sabe de dónde) en la calle con el rostro manchado, sin sombrero, con la camisa aparentemente desgarrada y con el pelo suelto, un muy conocido canal de televisión nacional tenía listas dos cámaras y dos micrófonos.

Los periodistas de los medios antigubernamentales improvisaron una rueda de prensa y, en principio, consiguieron su propósito: con la maltratada imagen de Quishpe –Salvador, no Delfín, el de las torres gemelas-, pretendieron que a nadie le quedara duda de que en el país hay “totalitarismo, represión, fascismo y tortura”.

Pero el sentido común de los ciudadanos, quienes ahora leen con incredulidad y suspicacia los mensajes de los medios y entienden mejor las entrelíneas y los silencios de la prensa y sus cómplices, con rapidez empezó a analizar los elementos de la imagen del inolvidable rostro oscuro del prefecto Quishpe.

¿Arrastrado por los policías por las calles sucias y cenicientas de los restos de los neumáticos quemados por los propios dirigidos por Quishpe, sin rastro de golpes, con el cuello totalmente limpio y con un finísimo reloj ¿Rolex?, intacto y reluciente en su muñeca izquierda? ¿Torturado con ceniza, en una nueva modalidad policiaca de atormentar a los enemigos políticos? ¿Golpeado por alguno de los 67 policías heridos, algunos de gravedad, por ocultos agresores disfrazados de manifestantes?

De supuesta víctima de la represión, Quishpe pasó a ser “trending topic” de tuiteros expertos en memes (recurso digital para colocar imágenes con textos,  generalmente para burlarse de personajes públicos) y se convirtió en la burla de medio país.

Pero eso no todo. Lo esencial es que el show del prefecto de Zamora transparentó la oscura alianza, la tiznada alianza entre la prensa, los indígenas golpistas, los “movimientos sociales mestizos” y los sectores oligárquicos en busca de repartirse pedacitos de poder (esto para Lasso, esto para Alvarito, esto para Nebot, esto para los agentes, esto para los conspiradores y este poquito para la Conaie).

¿Recordará Salvador Quishpe cuando en el Congreso el diputado Alfonso Harb le quitó el sombrero y lo puso en el piso, como muestra de la prepotencia socialcristiana con la cual ahora comulga? ¿Tendrá en su memoria las palabras de León Febres Cordero, quien lo llamó “energúmeno con poncho”?

Esta vez no apareció tiznado. Vino a Quito a rechazar la aprobación de las enmiendas el pasado jueves 3 de diciembre con la consigna de provocar más violencia y caos.

Con un grupo de vándalos, el prefecto de Zamora (a quien sus electores deberían exigirle que trabaje por su provincia), enfrentó a los policías de caballería con lanzas, tratando de herir o matar a los corceles y tumbar a los uniformados para atacarlos en el piso.

Salvador Quishpe necesita un buen “media training”y una buena asesoría mediática y política. Fingiendo que lo torturaron con ceniza o intentando herir con lanzas a los caballos de la Policía lo único que logra es que la gente lo ubique como un agresivo y un descocado.