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foto paro Alvarito

Con ánimo de no quedarse fuera de la agencia noticiosa de los medios privados, en especial de los prensa escrita, el bananero Álvaro Noboa, que ha perdido cinco elecciones presidenciales porque cree que se puede llegar a Carondelet regalando camisetas de a dólar en el Guasmo y fundas de caramelos en los pueblos pobres de la Sierra, ha pagado un aviso de un octavo de página en esos medios para convocar su propio “paro nacional” este viernes 21 de agosto.

La cita, según el aviso, es a la una de la tarde, pero como debe saber que solo tendrá a su lado a los asesores, gerentes y empleados de sus empresas, a los cuales los obligará a salir un ratito pero luego les obligará a que sigan trabajando, no hace una convocatoria abierta sino una, absolutamente original, a la cual hay que inscribirse vía correo electrónico.

El objetivo es, dice el comunicado, “pedir la renuncia del presidente Rafael Correa”, como si Noboa tuviera alguna autoridad moral para hacerlo, como si representara a alguien, como si su partido aún tuviera alguna incidencia en la vida nacional, como si en la Constitución hubiera un artículo que autoriza a cualquier ciudadano –porque Noboa es cualquier ciudadano- a pedir la renuncia del presidente de la República.

Convocará a los periodistas a que asistan a tan magno evento en el que caminará unos cien metros alrededor de la Molinera, subirá a una improvisada tarima en las afueras de su mayor empresa en Guayaquil, moverá las manos en completa descoordinación con sus palabras, imitando como siempre la imagen católica del Divino Niño, dirá tres o cuatro ideas incoherentes elaboradas por loa asesores que durante veinte años le han hecho creer que es el seguro ganador, los medios grabarán su intervención, pasarán en sus noticieros (un minuto, dos) y nadie le preguntará en qué consistió su “paro nacional” que no convocó ni siquiera a una cantidad de gente que copara media cuadra de simpatizantes de su propuesta.

Y volverá, feliz, a su amplio y cómodo despacho desde donde cuenta los billetes con cierta preocupación, pues no sufre mayor miedo que un fantasma llamado Servicio de Rentas Internas (SRI), al que lo ve como una sombra incesante cada vez que cuenta el dinero y lo guarda en su caja fuerte hasta trasladarlo hasta su propio banco, el banco del Litoral, con sedes en todo el país (“todo el país” es, para Álvaro Noboa, Guayaquil, Quito y ciertas zonas donde los productos que fabrica (avena, café) y los que cosecha (banano, banano, banano) le producen ingresos locales.

La banca extranjera donde deposita la mayor masa de dinero está lejos de aquí, por si acaso a alguien se le ocurriera, como a él ahora, convocar en un octavo de  página a que quienes quieran sumarse a su “paro nacional” envíen un correo electrónico y prometan su presencia en tan trascendente acto patriótico que salvará al país de las garras del comunismo.

¿En qué se basa esta mala copia del Divino Niño para pedir la renuncia al Presidente” ¿Cuáles son sus argumentos jurídicos y constitucionales?

¿Será tan sincero en su discurso como para decir que el SRI lo ha puesto contra la pared por negarse a pagar el monto de impuestos que le corresponde cancelar al Estado?

¿Tendrá la honestidad de contarles a sus 100 gerentes, asesores y empleados que durante muchos años explotó el trabajo infantil en sus plantaciones?

¿Será tan transparente como para explicar en su discurso dónde tiene guardado el monto mayor de su dinero y por qué no lo invierte en el Ecuador, pero de manera legal y justa?

¿Condenará la extrema violencia con la que desde el pasado jueves 13 el vandalismo, la agresivididad y el odio, inmersos entre los manifestantes, ha dejado más de 200 heridos, entre policías, militares y civiles? ¿Pedirá que las comunas, dirigidas por cerebros oscuros, dejen de secuestran a soldados?

¿Podrá exponer, con claridad y realismo, cuáles serán sus propuestas electorales (porque, de seguro, si hipotéticamente lograra que el presidente Correa atendiera su petición, habría convocatoria a comicios y se presentaría por sexta vez sin ningún problema). ¿Cuánto representa una campaña para él? ¿El cinco por ciento de lo que gana en un año con sus decenas de empresas?

Pero tengo la sospecha de que ni él mismo está convencido del éxito de su paro. De lo contrario, habría  gastado más en la publicidad, hubiera puesto avisos más grandes en la prensa privada nacional, habría contratado un espacio en cadena nacional de televisión para explicar las razones de su solitario levantamiento en contra del régimen constituido.

Como otros que pupulan por el país precandidatizándose para ver si alcanzan al menos el segundo puesto en las próximas elecciones, lo cual sería un mérito para adjuntarlo a su currículum personal, Álvaro Noboa Pontón, alias Alvarito, ha decidido no quedarse fuera de la oleada de conspiradores y golpistas que pugnan por tomarse el poder lo más pronto, antes del 2017, porque aunque no les cueste mucho dinero (uno de ellos es banquero y gana 70.000 dólares al mes, otro es exportador y gana millones al mes, otro no tiene mucho dinero pero quisiera que una coalición lo auspiciara para después dar a cada uno un pedazo del pastel del Estado) la idea es evitar que el actual Presidente compita en las elecciones y vuelva a ganar. Y eso no les gustaría a los que sienten que, de una u otra manera, ya no son los protagonistas ni los líderes de opinión en la vida nacional.

El solitario paro nacional de Álvaro Noboa es eso, un solitario e incoherente grito enmudecido por el tiempo, porque la coyuntura –si algún día la hubo- para que un explotador, perdón, un exportador bananero pueda llegar al poder, ya no existe.

Estamos en un cambio de época. Y, aunque les duela, ya no volverán a tener la sartén por el mango. Ni siquiera el mango por la sartén, aunque esta última frase suene tan absurda y ridícula como el excandidato.