foto Antonio Ricaurte campaña
Alguna vez Antonio Ricaurte fue conocido como “el niño alcalde” por su apariencia frágil y juvenil y delgada voz de adolescente (características que aún conserva), pero también porque su temprano arribo a la política local terminó, en aquella primera aparición en el ring político, con un hecho inusitado: de un momento a otro se convirtió en alcalde encargado cuando el titular, el general de los ejércitos Paco Moncayo, dejó la curul principal para dedicarse a la campaña electoral.

Ricaurte, sin embargo, nunca logró empatar su imagen juvenil y fresca con una propuesta igualmente juvenil y fresca. Al contrario, con los años ha venido convirtiéndose en el Fabián Alarcón del siglo XXI, conocido como “Cinturita”, quien gracias a su habilidad politiquera logró ser presidente de la República con un solo voto: el suyo.

Cercano y lejano a toda posición partidista, creó su propio movimiento, Ricaurte lo llamó VIVE y le puso el color rosado como representación de alguna ideología o filosofía que hasta ahora nadie ha comprendido ni él se ha tomado la molestia de explicarlo.

Esta vez, de nuevo como concejal de la administración de Mauricio Rodas -su apuesta es ganar, en las elecciones municipales internas de medio periodo, una de las vicepresidencias del concejo y si el burgomaestre se presenta a la candidatura presidencial, quedarse él con la Alcaldía-, se ha movido políticamente manejando su grupo de ediles al son de sus conveniencias personales, de nuevo como el “Cinturita” de tiempos de la partidocracia.

Nadie sabe (¿ni él?) si es de derecha, de centro o de izquierda. Nadie conoce cuál es su estrategia ni su proyecto ideológico. Nadie puede asegurar que es leal al alcalde Rodas o que le gustaría ser leal al presidente Correa. O viceversa.

Ricaurte es, sin duda, un camaleón político que, como decía la tradicional cumbia, cambia de colores según la ocasión.

Al no transparentar su verdadera posición política (si la tiene) y bailar al ritmo de quien mejor música le ofrece, el exniño alcalde ha intentado –y a veces lo ha conseguido- ser la voz o el voto dirimente en decisiones clave del Municipio de Quito, como por ejemplo en el caso del financiamiento para el Metro.

Mirándolo desde esos ejes, Ricaurte es un político viejo y caduco, no joven, por más que aparente ser una alternativa distinta y renovada. Un individuo que no se juega por nada es un individuo que no sirve a ningún proceso de ninguna tendencia ideológica. Un individuo al cual se le presta atención porque se ha metido en un lío personal y no porque salga a dar la cara, junto con la concejala aludida, acerca de cuál ha sido y es su trabajo como ediles de la ciudad.

Y como político obsoleto, tramposo, oscuro, ahora aparece involucrado en un caso para la vergüenza de su condición de hombre, porque solo un cobarde puede enlodar a una mujer para lavar sus propias culpas e intentar salvarse a costilla (qué sustantivo tan oportuno) de revelar en un video casero una relación extramarital, llamando “ofrecida” a una joven mujer y colega de curul que, supuestamente, fue quien lo sedujo y lo llevó a pecar (¿se habrá confesado y flagelado Ricaurte antes de grabar el video?) mediante el acoso, el asedio y la consumación de un supuesto “delito espiritual” del cual dice estar muy arrepentido.

La gran prensa, y también la aprendiz de gran prensa, no tuvo ningún pudor –al igual que Ricaurte- para tratar de minimizar el tema y hasta pretender que los ciudadanos creamos que el protagonista del video casero no era él (¿le jaquearon la cara?) y que era una trampa política.

Pero ya era tarde para eso y los ciudadanos entienden, cada vez mejor, el pobre papel que juegan esos medios que protegen, sesgan y tuercen los hechos para favorecer a unos y perjudicar a otros.

Medios machistas con proyecto político propio -que es lo que son en verdad- intentaron con fines ocultos proteger al niño acosado, pero las redes sociales –en este caso, indignadas y oportunas- ya habían hecho su trabajo: difundir el video, condenar la actitud de “viejo verde”, como solían decir antiguamente, de Ricaurte y apoyar a la concejala no por su decisión de tener relaciones con el supuesto acosado –ella sabrá por qué lo hizo y no nos corresponde juzgar- sino porque el desarrollo del caso la convierte en víctima de la pusilánime decisión de “Cinturita II”, quien ha puesto en riesgo su futuro político (si lo tenía) y su reputación como representante de los ciudadanos y ciudadanas de Quito.

Ella, Carla Cevallos, salió luego a defenderse. Nunca negó la relación –al contrario de su cobarde pareja o expareja- y decidió presentar una denuncia contra Ricaurte por daño moral. “Que un hombre culpe a una mujer de sus decisiones es un acto puro de machismo y expresa la cultura de violencia a la que estamos sujetas las mujeres”, dijo una colega de Cevallos.

La sabiduría popular, no obstante, es de un sentido común letal. En su cuenta de Twitter, @JorgeLuisSerra fue contundente: “La gente los eligió para trabajar, pero ellos se dedican a otros menesteres con sueldo público #pobreQuito”.

Y @EnriqueEgasM puso un tuit directo a los protagonistas de esta cursi telenovela: “@amoaquito @CarlaCevallosR  A los #Quiteños nos importa un bledo su grotesca y ridícula vida personal”.

Lo que ha quedado bastante claro, pese a la oscuridad de sus actitudes en cada acto público de su carrera municipal, es que la conducta política de Ricaurte, el niño-viejo acosado por una mujer “ofrecida”, es idéntica a su conducta personal.

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VEA EL VIDEO DONDE RICAURTE ADMITE QUE ÉL FUE QUIEN LO GRABÓ

http://www.eluniverso.com/2015/09/02/video/5101223/antonio-ricaurte-dice-que-no-renunciara-su-cargo-concejal

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